Salud

De la ‘niebla mental’ al Alzhéimer: la ciencia estudia el papel del Covid en el cerebro

Las hipótesis que centran los estudios sobre las consecuencias neurológicas del coronavirus incluyen la acumulación de la proteína beta amiloide, característica de enfermedades neurodegenerativas.

La ciencia estudia el papel del Covid en el cerebro

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La pérdida de olfato fue una de las primeras señales de que el SARS-CoV2 afectaba al sistema nervioso. El dolor de cabeza y en los pacientes más graves la confusión, los trastornos neuromusculares o los ictus y los delirios mostraron ya desde los inicios de la pandemia el daño que el Covid provocaba en el cerebro de los pacientes.

En los últimos días se ha debatido en redes sociales si el SARS-CoV2 es un virus neurotrópico, es decir, si afecta al sistema nervioso. Una de las científicas que estudia estos efectos casi desde el inicio de la pandemia es Sonia Villapol, gallega afincada en Houston. La neurocientífica trabaja en el centro de neuroregeneración del Methodist Hospital Research Institute, de Houston y coordina el equipo de neurocientíficos que analiza cómo afecta el coronavirus al cerebro y al sistema nervioso en el proyecto COV-irt.org. «Sí lo es. Se piensa que el coronavirus entra por el nueroepitelio ubicado dentro de la cavidad nasal, entrando en contacto directo con el sistema nerviosos central. Eso permite a algunos virus acceder al cerebro sin tener que atravesar la barrera hematoencefálica», explica Villapol a El Independiente.

Esa no es la única vía por la que el SARS-CoV2 puede dañar el cerebro. Villapol explica que también puede llegar por la circulación sistémica o incluso a través del nervio vago, pero la causa más común de los daños cerebrales «son mecanismos de activación inmune e inflamatorios que se desatan por la alta producción de citoquinas [tormenta de citoquinas] y otras proteínas inflamatorias que dañan el cerebro. La inflamación cerebral puede causar deterioro neurológico a corto y largo plazo», afirma.

En la fase aguda, distintos estudios han constatado la frecuencia de síntomas neurológicos y un trabajo español publicado en Neurology constató que el 60% de los hospitalizados por Covid tenía este tipo de afectación. Datos más recientes publicados en Pediatric Neurology cifraban en cerca del 50% la tasa de niños hospitalizados por Covid con algún síntoma neurológico. «En las fases graves los pacientes pueden tener distintas complicaciones neurológicas, por un lado encefalopatías, cuando el cerebro sufre porque no tiene una buena oxigenación, por otro los problemas cardiovasculares que pueden contribuir a la producción de ictus. Por último también ha problemas neurológicos ligados a las estancias hospitalarias de pacientes críticos», explica José Miguel Laínez, presidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Más allá de la fase aguda, los neurólogos han puesto el foco de sus preocupaciones en las consecuencias post Covid. «Lo que más nos preocupa a los neurólogos son los pacientes que vienen con problemas cognitivos, de concentración o memoria, lo que se denomina niebla mental. Es algo que aún estamos definiendo, los síntomas son en ocasiones vagos, pero es bastante común», explica Pascual Sánchez Juan, director científico de la Fundación Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas (CIEN).

Este centro participa en dos investigaciones que buscan respuestas sobre cómo el Covid afecta al cerebro. Una de ellas es Neuro Covid, que utiliza el proyecto Vallecas, que sigue a adultos mayores sanos desde hace 10 años, para comparar los cerebros de quienes han pasado el Covid y quienes no así como antes y después de la pandemia. «Vamos a utilizar una tecnología nueva que hemos adquirido hace unos meses denominada Simoa con la que vamos a poder evaluar en su plasma cambios en los niveles de las proteínas tau y beta amiloide», explica el director de la Fundación CIEN.

La acumulación de estas dos proteínas en el cerebro es característica de la enfermedad de alzhéimer y otras neurodegenerativas y es también una de las hipótesis que manejan los científicos para explicar las secuelas neurológicas del Covid, aunque no la única. «Los pacientes que vemos con síntomas neurológicos son muchos y en muchos casos los cuadros van a ser regresivos. Esto es algo que se ve en otras situaciones de procesos inflamatorios, como la cirugía en personas mayores. A veces se generan períodos de alteración cognitiva que luego se recuperan», explica el neurólogo, que no en vano incide en la necesidad de estudiarlo.

Bajo estudio está el neuro-long Covid, la constelación de síntomas que persisten más allá de la infección en este sistema y que van desde problemas de concentración, dolor de cabeza, trastornos sensoriales, depresión o incluso psicosis, como explica Villapol, que subraya además que «la aparición de estos síntomas no está ligada a la gravedad inicial de la enfermedad».

La Fundación CIEN también está participando en un proyecto internacional – Manage Covid, aún pendiente de financiación – para analizar entre otros aspectos el perfil de estos pacientes, que son muchos pero de momento no tienen un patrón común. La otra pata, «entender qué pasa en el cerebro desde el punto de vista morfológico, tanto en pacientes previamente sanos como en los que padecían demencia».

Y es que otra de las incógnitas que rodea al neuro-long Covid es la falta de señales claras puesto que, en general, las pruebas de imagen y TAC que se realizan a estos pacientes no muestran alteraciones. Ello es, a juicio de Laínez, «una señal de buen pronóstico».

Villapol participó en una revisión de estudios publicada en Scientific Reports (del grupo Nature) en la que recogieron más de 50 síntomas persistentes cinco meses después de la infección, donde los más predominantes eran neurológicos y neuropsiquiátricos. «los mecanismos fisiopatológicos que los desencadenan no se conocen bien, pero se piensa que hay una convergencia de factores». Fallos del sistema inmunitario y neuroinflamación, fundamentalmente.

Sin embargo, algunos estudios apuntan a cambios en el cerebro. «Se ha visto en estudios de pacientes ingleses de Covid persistente una atrofia cerebral en comparación con un grupo control. Lo que no se sabe es qué conduce a esos cambios y síntomas», reconoce la investigadora gallega.

Otra publicación más reciente en The Lancet, aún sin revisar, recogía el caso de una fallecida por Covid de 58 años que mostraba depósitos importantes de beta amiloide en el cerebro. «No es el único y hay muchos más de pacientes hospitalizados con Covid graves y menores de 60 años», subraya Villapol.

La hipótesis de la beta amiloide es la que estudian también en la Fundación CIEN. «Lo que plantean los autores de la publicación de The Lancet es una de nuestras hipótesis, que la proteína está jugando algún papel en el deterioro cognitivo. Pero estos investigadores creen que la causa de los depósitos es la hipoxia de la fase aguda y esto no explicaría por qué los pacientes leves sufren este deterioro», afirma Sánchez Juan.

Más allá de la hipótesis beta amiloide, la neurocientífica gallega cree manifiesta su preocupación por las consecuencias a largo plazo. «Los problemas neurológicos que arrastrará el Covid persistente van a representar un problema de salud pública importante. Se van a tener que crear unidades de rehabilitación y nuevas terapias individuales para recuperarse de las secuelas y de la incapacidad funcional que debilita la vida de las personas y en algunos casos incapacitará para poder trabajar», afirma la investigadora.

Quien lleva desde el inicio de la pandemia investigando el efecto del Covid en el cerebro, cree que efectivamente habrá personas con Covid que desarrollen alzhéimer a largo plazo. «Lo dije en octubre de 2020 y ahora hay más evidencias que lo confirman. Los marcadores biológicos de lesión cerebral, neuroinflamación y alzhéimer se correlacionan fuertemente con la presencia de síntomas neurológicos en pacientes con Covid. Las personas que experimentaron deterioro cognitivo después de la infección por Covid tenían más probabilidades de tener niveles bajos de oxígeno en la sangre después de un esfuerzo físico breve, así como una condición física general deficiente. Las observaciones de neuroinflamación y lesión neuronal en casos agudos de Covid han planteado la posibilidad de que la infección pueda acelerar o desencadenar el desarrollo futuro de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson».

En el mismo sentido publicaba la revista Science un artículo hace apenas una semana, en el que se incluía también la incógnita sobre los niños. «Aún no hay información sobre la evolución del desarrollo neurológico en los niños, que generalmente experimentan COVID-19 leve y manifiestan pocos síntomas neurológicos o psiquiátricos durante o después de la enfermedad aguda. Aquellos que experimentan el raro síndrome inflamatorio multisistémico en niños (MIS-C) pueden tener un riesgo particular de sufrir secuelas neurológicas debido a la activación endotelial generalizada, que a menudo afecta al cerebro».

En este contexto, el optimismo está puesto sobre los tratamientos. «Se desconoce si las intervenciones antivirales o inmunodirigidas al principio del curso de la enfermedad o la vacunación alterarán la trayectoria de las complicaciones neurológicas de Covid, pero todo indica que ayudarán a la recuperación», afirma Villapol.

La publicación de The Lancet apunta a la necesidad de seguir investigando la hipótesis beta amiloide porque podría abrir una vía de tratamiento para los pacientes. «Si estos depósitos de beta amiloide juegan un papel, es necesario hacer más estudios para ver si los pacientes lo tienen y pueden ser diagnosticados para recibir un tratamiento», indica Villapol.

Sánchez Juan muestra cautela: «Hay investigación básica que apoya que la hipoxia cerebral tenga relación con los procesos de aumento de betaamiloide, pero hay que hacer pruebas muy específicas para demostrarlo como las investigaciones que estamos trabajando. Aún es prematuro hablar de tratamientos en este sentido», concluye.

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