Salud

Llevar una vida sana previene la demencia aunque haya antecedentes familiares

Un estudio británico con más de 300.000 personas concluye que el riesgo disminuye si se mantienen hábitos saludables, incluso cuando se tienen familiares directos con la enfermedad.

Personas mayores en una terraza.

Llevar una vida sana previene la demencia independientemente de los antecedentes familiares. Europa Press

La promoción de hábitos saludables se fundamentó inicialmente en la prevención de las enfermedades cardiovasculares, la principal causa de muerte en España. Sin embargo, los especialistas tienen cada vez más evidencias de su influencia frente a las demencias y en concreto, contra la mayoritaria, el alzhéimer. «El número total de casos está aumentando por el envejecimiento de la población pero la buena noticia es que en los últimos años estamos viendo que la incidencia, el número de casos entre la población de una determinada edad, se ha estancado e incluso empieza a disminuir y creemos que el origen está en el mantenimiento de hábitos saludables», afirma el neurólogo Miguel Calero, portavoz de la Fundación CIEN (Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas).

A esta premisa se une una nueva evidencia, el estudio que se acaba de presentar en el encuentro de la Asociación Americana del Corazón y que se basa en una amplia muestra de más de 300.000 británicos del estudio Biobank a los que se siguió durante ocho años, con una edad al inicio de entre 55 y 65 años. Se estudió el mantenimiento de seis hábitos saludables y se consideraron los antecedentes familiares como factor de riesgo.

La conclusión es clara. Tener un antecedente familiar (considerando familiar directo, padre, madre o hermano) aumenta el riesgo de demencia un 70%. Sin embargo, mantener tres o más hábitos saludables reduce el riesgo alrededor del 30% el riesgo, independientemente de los antecedentes familiares, respecto a los que mantienen dos hábitos o menos.

Durante los ocho años, 1.698 participantes – el 0,6% – desarrolló algún tipo de demencia. Entre los que seguían los seis hábitos el riesgo fue de la mitad comparado con los que seguían dos o menos.

La reducción del 30% del riesgo entre quienes mantenían tres o más hábitos y los que sólo seguían dos o menos se mantuvo también incluso con independencia de otros factores de riesgo como el colesterol elevado, la hipertensión, la diabetes o la depresión.

«Actualmente el alzhéimer no tiene cura, sólo tenemos terapias que lo frenan, pero cuando ya hay una enfermedad evidente. Para prevenir lo más eficaz ahora mismo son los hábitos saludables», incide el neurólogo, que constata el potencial de la prevención: «Si conseguimos retrasar la aparición del alzhéimer cinco años, estaríamos reduciendo la prevalencia de la enfermedad a la mitad, puesto que se da en los últimos años de la vida».

Calero subraya, no obstante, que estos hábitos son válidos para casi la totalidad de los casos de alzhéimer, aunque no todos. «Hay dos tipos de alzhéimer familiar y uno de ellos, que supone alrededor del 1% de los casos, es de origen monogénico y no es prevenible». El neurólogo explica que hay tres genes principalmente conocidos y cuya mutación se liga a un alzhéimer temprano, que suele aparecer antes de los 60 años. «En esos casos hay lo que se llama una herencia autosómica dominante y la descendencia tendrá un 50% de posibilidades de heredarlo y, por tanto, desarrollar también la enfermedad», concluye.

Sin embargo, el 99% de los casos de alzhéimer o no tienen origen genético o son poligénicos (coincide la influencia de varios genes) y en ellos, subraya el neurólogo, «el riesgo de los descendientes aumenta pero no es determinante y puede modificarse a través del estilo de vida», concluye.

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