Salud

De la halitosis a los problemas renales, los riesgos de seguir una dieta milagro

Adelgazar para entrar en el pantalón

De la alitosis a los problemas renales, los riesgos de seguir una dieta milagro. Pxhere

El ser humano lleva a dieta más de 35 siglos. La referencia más antigua encontrada sobre una dieta data de 1.550 antes de Cristo y está en el Papiro de Ebers, uno de los tratados médicos más antiguos que fue descubierto en el siglo XIX. En él se establece una dieta que debe seguirse cuatro días para pacientes con síntomas similares a la diabetes.

«Hay cultura de las dietas milagro desde el principio de los tiempos aunque no se advierte de sus peligros hasta finales del siglo XX», afirma Inmaculada Zarzo, farmacéutica y nutricionista que prepara su tesis sobre dietas milagro en el grupo de investigación de José Soriano en la Universidad de Valencia. Zarzo lleva cinco años recopilando dietas milagro de todos los tiempos así como sus efectos nocivos para la salud.

Una de las primeras dietas documentadas con el objetivo de adelgazar, sin embargo, es ya de 1903 cuando Horace Fletcher publicó un best seller en el que afirmaba que se podían perder hasta 18 kilos masticando la comida hasta hacerla líquida. Se le llamó «el gran masticador». «Desde entonces hay descritas más de 1.000 dietas milagro y algunas han provocado muchos muertos», añade Zarzo.

La dieta cetogénica, Dukan, la de la alcachofa, la de la piña, la disociada, la del pomelo (también llamada dieta de Hollywood) o las más peligrosas de la maya lingual o la sonda nasogástrica. El listado es largo y los nombres de lo más, variado, aunque «son más fáciles de identificar de lo que parece», explica Zarzo. «Prometen pérdidas de peso de más de un kilo a la semana, los resultados son rápidos y sin esfuerzo, tienen restricciones excesivas de energía y excluyen nutrientes», afirma la investigadora.

Corrobora la idea la doctora en Farmacia y profesora de Nutrición en la Universidad San Pablo CEU Ana Montero: «Casi todas tienen características comunes. Son muy bajas en energía y muy desequilibradas en nutrientes, y casi todas evitan los hidratos de carbono, porque es el mecanismo para perder peso muy rápida pero inadecuadamente».

Precisamente esa restricción energética puede generar una pérdida rápida de peso, aunque ésta no sea la correcta. «Los estudios ponen de manifiesto que a pérdida rápida de peso en estas dietas se asocia sobre todo a pérdida de agua y de masa muscular. Pero cuando se compara con otras dietas, la pérdida de grasa que es lo que se persigue no es mayor en estas dietas que en otras. Aunque la pérdida de peso sea mayor», afirma Montero.

Primeros efectos frecuentes de las dietas milagro: cansancio y fatiga

Seguir una dieta milagro puede provocar efectos secundarios ya desde los primeros días. «Todas estas dietas conllevan una gran restricción de nutrientes y eso provoca, en general, cansancio, fatiga y una bajada de la tensión que puede dar lugar a mareos», indica Zarzo.

Este cansancio es mayor, explica la nutricionista, cuanto más hipocalórico sea el plan. «Esto es frecuente en las llamadas monodietas, por ejemplo la de la alcachofa, la piña o la del pomelo, que se llamó dieta de Hollywood porque se hizo muy popular en las actrices de los años 20. Todas ellas se caracterizan por tener muy pocas calorías y pueden provocar mucho agotamiento e incluso desmayos», añade la investigadora.

Efecto alarma de las dietas hiperproteicas: la halitosis

Entre las dietas milagro, algunas de las más populares – pero también más peligrosas – son las que conllevan un alto consumo de proteínas y restringen al máximo los hidratos de carbono. Son dietas conocidas por Atkins, Montignac o Dukan o dietas keto y prometen pérdidas de peso de dos a tres kilos semanales.

«Una de las señales de alarma en estas dietas es la halitosis. Si uno empieza una de estas dietas y se empieza a notar un aliento fuerte, debe saltar la alarma», indica Zarzo. Esa alitosis lleva tras de sí una elevación del colesterol, triglicéridos y del ácido úrico, que «pueden provocar a largo plazo problemas cardiovasculares entre otros».

Sin embargo y quizás el problema más grave de estas dietas es su afectación a los riñones. «El cuerpo tiene una asimilación proteica limitada, y cuando se le da más proteína llega un momento en que no la puede eliminar y entonces lo hace vía renal. Y las venas y arterias renales son muy finitas y la proteína puede acumularse de forma peligrosa. Hay casos en los que las personas han necesitado diálisis e incluso muertes», afirma Zarzo. Un problema que puede agravarse «especialmente si alguien tiene una predisposición o enfermedad renal que desconoce», apunta Montero.

Otros de los problemas comunes a estas dietas son los gastrointestinales y la pérdida de masa muscular o de hueso. «La falta mantenida de nutrientes esenciales puede dar lugar a osteoporosis, especialmente en mujeres», dice Zarzo.

El déficit de nutrientes también puede tener efectos a nivel hormonal, como asegura Luis Frechoso, miembro del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas: «En el caso de mujeres pueden producirse alteraciones en el eje gonadal, llevando a una pérdida o alteración del ciclo menstrual con las consiguientes consecuencias a nivel general, en este caso se produce una alteración hormonal. En caso de hombres puede producirse una bajada de testosterona».

Funcionar sin hidratos de carbono

Muchas de las dietas milagro tienen en común la restricción de hidratos de carbono, a veces de forma muy importante. «Cuando el cuerpo no recibe hidratos de carbono tiene que tirar de reservas, que en el organismo tenemos hidratos en forma de glucógenos. La glucosa es un combustible fundamental para nuestro organismo y si no se la damos, la produce por otros métodos. Por ejemplo la movilización de proteínas o aminoácidos, por ello se produce una pérdida de masa muscular», afirma Montero, «si no hay suficiente combustible se buscan otras fuentes como la grasa. Se moviliza la grasa a través de cuerpos cetónicos por eso se produce la cetocidosis o acidosis metabólica, que implica pérdida de peso pero no es un estado adecuado».

Cuando esto ocurre, explica Zarzo, «el cuerpo pierde energía a nivel interno y eso afecta al cuerpo de forma multiorgánica. También a nivel cerebral, con el consiguiente efecto en el rendimiento académico o laboral».

Peligro inmediato: la dieta de la sonda o la malla lingual

Aunque menos practicadas, otras dietas elevan este peligro y ponen incluso en riesgo la vida. Hablamos por ejemplo de la dieta de la sonda, que consiste en alimentarse durante varios días, incluso semanas, por una sonda nasogástrica y dejar de ingerir alimentos. «Aún nos llegan referencias de uso en clínicas clandestinas con lo que supone para quien lo hace. Fatiga, desvanecimiento, problemas gastrointestinales, insomnio o fallos multiorgánicos por dejar de comer», afirma Zarzo.

Otra de esas aberraciones dietéticas es la dieta de la malla lingual. «Esta se ve más en consulta, consiste en graparse a la lengua una maya de material semirígido que impide que se tomen alimentos sólidos. Se lleva un mes y se pierde muchísimo peso pero los daños son enormes. Desde las propias heridas en la lengua a fatiga, depresión y un deterioro en la relación con la comida. Además, junto a la mayoría de dietas milagro, de un efecto rebote en cuanto se deja. Cuanto más restrictiva es la dieta, mayor el efecto rebote», añade la investigadora de la Universidad de Valencia.

¿Desde cuándo aparece daño en las dietas milagro?

Algunos efectos de estas dietas, como el cansancio o la halitosis, pueden verse de forma inmediata, otros tardan más pero el tiempo depende de cada persona. «El tiempo en que se pueda o no producir daño es muy variable e incluso puede no verse a corto plazo, no obstante, personas que si realizan varios ciclos de perdida-ganancia de peso tienen cada vez mayor riesgo de padecer afecciones hormonales o endocrinas, mayor pérdida de masa muscular y fuerza y mayor dificultad para la perdida de grasa», explica Frechoso.

Los nutricionistas consultados coinciden que hoy día las redes sociales suponen tanto una oportunidad como un peligro, con buenos influencers pero también modelos de salud o incluso promoción de conductas alimentarias peligrosas para la salud. «Actualmente hay mucha gente dando buenos consejos, pero hay que elegir bien», afirma Montero.

«La información en ocasiones, puesta a disposición de manera gratuita puede resultar hacia una vertiente peligrosa y transformarse en infodemia. Existe también un alto grado de intrusismo profesional que ahonda más en todo este tipo de malas recomendaciones y mala praxis respecto a la alimentación de las personas», opina Frechoso.

Coincide Zarzo en señalar el papel de las redes sociales aunque, puntualiza, siempre ha habido influencers: «En el siglo XIX en Gran Bretaña la peligrosa dieta del vinagre la promocionó Lord Byron». El poeta llegó a perder 32 kilos en cuatro años con una dieta que se basaba en la ingesta de vinagre. «Los jóvenes querían ser como él y él tuvo mucho que ver en su popularización, así que también en este ámbito siempre ha habido influencers«, concluye.

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