Salud

Judit Soto: "La adicción al azúcar es más potente que la dependencia a la cocaína"

La médica publica 'Salud con razón' un libro en el que subraya, con evidencias científicas, la importancia de la alimentación y los hábitos saludables para prevenir enfermedades.

Dulces.

La adicción al azúcar es más potente que la dependencia a la cocaína, afirma la médica Judit Soto. Unsplash

Judit Soto (@dracookinghealthy) subraya desde el inicio de la conversación con El Independiente que todo lo que dice «está basado en la evidencia científica». Empieza hablando de un político canadiense, Marc Lalonde, que en 1974 hizo un informe en el que puso sobre la mesa que mientras el foco sanitario se ponía en la asistencia, el 43% de las muertes las producía el estilo de vida, por tanto prevenibles. «La gente dice ‘yo ya me tomo mis pastillas para cuidarme, no me hace falta seguir una dieta o hacer ejercicio’, pero cuando estás en ese punto de las pastillas ya vas tarde», explica Soto.

En su recién publicado Salud con razón, que lleva como subtítulo Descubre el poder de los alimentos para prevenir enfermedades, la médica asegura que «la adicción al azúcar es más potente que la dependencia a la cocaína» y se basa para ello en varios estudios, como uno de 2007 en el que, con ratones, se vio cómo elegían antes el azúcar que la cocaína.

«Somos yonquis de la comida preparada», dice Soto, que asegura que hay muchas comidas con gran cantidad de sal o azúcar que tomamos «sin que sean sospechosas de ello». Y pone el ejemplo de galletas y bollería pero no por su exceso en azúcar – que también – sino en sal. «Las tomamos sin que pensemos que lo tienen y sin embargo esconden gran cantidad de sal. También por ejemplo el plan, que tomamos mucho y no pensamos que nos puede perjudicar en ese sentido».

Aunque este año el coronavirus lo ha cambiado todo, «la mayoría de las camas de hospital no las llenan enfermedades infecciosas, sino crónicas. Ocho de cada 10 camas las ocupan enfermedades prevenibles», subraya Soto, quien se refiere en su libro a los «gérmenes que tenemos en la cocina: sal, azúcar, grasas trans, exceso de calorías, etc».

Para Soto, lamenta que en un país donde tenemos una de las esperanzas de vida más altas del mundo «cada vez se vive con más años de discapacidad, incluso sin poder hacer las actividades más básicas». Por considera vital «la reflexión, porque esos últimos años pueden ser de vivir o de morir lentamente».

Judit Soto, autora de Salud con razón. / (c) Antonio Navarro Wijkmark

Y la autora confía en el poder de la alimentación para cambiar la salud, incluso desde el vientre materno. «Ya está muy aceptado que el alcohol que beba la madre en el embarazo afecta al niño. Pero sin embargo no tanto que la cantidad de azúcar o grasas que tome la embarazada van a generar al feto más o menos adipocitos, que son las células con capacidad de hincharse que luego tendrá el niño», asegura Soto.

Para mejorar la salud a través de la alimentación la médica apuesta por la dieta mediterránea pero la que califica de «auténtica». «Tenemos la idea de que la dieta mediterránea son las patatas bravas, la paella, el jamón… Pero nada más lejos de la realidad. La concepción actual de la dieta mediterránea procede de la revolución industrial. Llegan el frigorífico, mejoran las condiciones de conservación y la gente empieza a acceder a carnes o productos nuevos. La auténtica dieta mediterránea sin embargo se basaba en lo que daba la tierra, verduras, frutas y legumbres… la carne y el pescado eran anecdóticos, se consumían en días de fiesta, eran casi vegetarianos. La dieta mediterránea actual es como si se hiciera cada día lo que entonces podían hacer un domingo», explica la autora de Salud con razón.

El ayuno intermitente es una tendencia algo controvertida y esta médica considera que «sin ser tendencioso, creo que es beneficioso comer según nuestros ritmos circadianos, desde que sale el sol hasta que se va. Porque el hipotálamo está regulado por la luz solar. En la vigilia el cuerpo está más optimizado para gestionar los alimentos, la noche es más de reposo, reparación muscular». Soto, además, asegura que «un mismo alimento se procesa peor durante la noche. Por ejemplo, la misma cantidad de pasta sube más la glucosa en sangre de noche, se almacena más grasa»

Aunque sea más fácil prevenir que curar, Soto incide en que «en ningún momento es tarde para empezar. No es blanco o negro, enfermo o sano. Es un camino y cada día con las decisiones que tomamos nos encaminamos hacia la salud o la obesidad. Aunque estemos en el camino de la enfermedad, si dejamos de avanzar, si damos un paso menos, nos quedamos más lejos», explica Soto.

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