Opinión

Tres años de guerra, y la crisis alimentaria de Sudán sigue siendo ignorada

Tres años de guerra, y la crisis alimentaria de Sudán sigue siendo ignorada
Desplazados sudaneses avanzan desde el campamento de Zamzam camp hasta Tawila Camps | EFE/ Marwan Mohamed

El 15 de abril de 2023 estalló la guerra en Sudán. Tres años después, la crisis se ha convertido en algo que va mucho más allá de lo que la mayoría de la gente imagina cuando oye la palabra "hambre".

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Llevo muchos años trabajando en la respuesta humanitaria, en diversos contextos. Lo que está ocurriendo en Sudán no es una escasez de alimentos en el sentido convencional. Se trata del desmantelamiento progresivo de todo un sistema alimentario —incluidas granjas, mercados, rutas comerciales y redes comunitarias— a causa de un conflicto en curso que no ha recibido ni de lejos la atención internacional que merece.

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Sudán es ahora el escenario de la peor crisis humanitaria del mundo. Más de 33 millones de personas —más de la mitad de la población del país— dependen de la ayuda humanitaria simplemente para sobrevivir. De las tres hambrunas declaradas en todo el mundo en este momento, dos se encuentran en Sudán. Y, sin embargo, la crisis sigue recibiendo una mínima parte de la atención y la financiación que requiere.

Conseguir comida es peligroso

Al hablar con las comunidades con las que trabajamos, lo que queda más claro no es solo que la gente pasa hambre, sino los riesgos que tienen que correr simplemente para sobrevivir.

Los agricultores siembran sus campos sabiendo que pueden ser asesinados o desplazados antes de que llegue la cosecha. Los comerciantes se enfrentan a puestos de control, tiroteos y una fiscalidad abusiva solo para transportar alimentos de un lugar a otro. Las madres dejan a sus hijos en casa y se adentran en medio de los tiroteos para encontrar algo que llevar de vuelta. Como nos dijo una mujer en Darfur del Norte: "Eres madre. Dejas a tus hijos en casa. Sales en medio de los disparos. Arriesgas tu vida solo para llevarles algo de comer".

Un informe publicado recientemente reveló que, en muchas zonas afectadas por el conflicto, los alimentos solo llegan a las familias tras cruzar líneas de frente activas. Las familias sobreviven con una comida al día, o menos. Algunas pasan días sin comer. En las peores condiciones, la gente ha recurrido a comer hojas, pienso para animales y gachas tan diluidas con agua que apenas sostienen la vida. "Ya no nos preguntamos qué vamos a comer", dijo una mujer desplazada a nuestros equipos. "Nos preguntamos quién va a comer".

El hambre como arma y soluciones locales desbordadas

Esta crisis no surgió únicamente de la sequía o la mala suerte. Está siendo impulsada deliberadamente por las partes de este conflicto. Se han bombardeado mercados. Se han destruido granjas. Se han bloqueado las rutas de suministro. El acceso humanitario se niega sistemáticamente mediante combates activos y obstrucciones administrativas.

Mientras tanto, alrededor del 80 % de los centros de salud y el 60 % de los sistemas de abastecimiento de agua en las zonas de conflicto han dejado de funcionar. Sudán también está atravesando la mayor crisis de desplazamiento del mundo: casi 14 millones de personas han huido de sus hogares, más del doble de las cifras de desplazamiento de Siria, la República Democrática del Congo y Yemen.

Las comunidades de Sudán han encontrado formas de salir adelante. Las cocinas comunitarias, los grupos de mujeres, las redes locales de ayuda mutua y los comerciantes mantienen colectivamente lo que queda del sistema alimentario. Los agricultores siembran los campos sabiendo que quizá no vivan para ver la cosecha. Como nos dijo uno de ellos: «No sembrar también era la muerte».

Estas redes están realizando una labor esencial, pero se están quedando sin capacidad. Las cocinas comunitarias de todo el país están cerrando o reduciendo el suministro de comidas en un 50 % o más a medida que se agotan los fondos. El plan de respuesta humanitaria para 2025 solo se financió en un 40 %. La respuesta actual requiere 2.870 millones de dólares y solo ha recibido el 16 % de la financiación solicitada. Es probable que la solicitud no cubra lo que la gente realmente necesita. La brecha entre lo que se necesita y lo que se está proporcionando se traduce directamente en el cierre de comedores comunitarios, la suspensión de programas de nutrición y familias que se quedan sin comida.

Lo que debe cambiar

Tres años después, la situación está empeorando. Las presiones globales, como el aumento de los costes del combustible, la subida de los precios de los fertilizantes y la interrupción de las cadenas de suministro, se suman a un sistema alimentario que ya se encontraba bajo una gran presión.

La comunidad internacional debe tratar a Sudán como una prioridad. Las resoluciones 2417 y 2573 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que prohíben el uso del hambre como método de guerra, deben aplicarse con consecuencias reales. Las cocinas, los grupos de mujeres, los comerciantes y otras redes locales que mantienen con vida a la población deben contar con los recursos adecuados.  La ayuda humanitaria debe poder llegar.

Las personas con las que me encuentro en Sudán no piden compasión. Piden poder cultivar sus tierras, vender sus productos y alimentar a sus familias sin tener que arriesgar la vida para hacerlo.


Samy Guessabi, director nacional de Acción contra el Hambre en Sudán

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