El viaje del rey Carlos de Inglaterra y su esposa Camila a Estados Unidos, que comienza este lunes y durará cuatro días, es un auténtico desafío. Para el monarca, debido al grave deterioro de la "relación especial" por la diferente visión a los dos lados del Atlántico sobre la guerra contra Irán. También será una prueba de fuego para la seguridad que rodea a Donald Trump, tras el tiroteo del sábado por la noche en el Hilton de Washington del que el presidente salió ileso. Quedó en evidencia que el evento no contaba con suficientes medidas, y solo 48 horas antes del aterrizaje del rey.
Tras el intento de atentado se revisaron de nuevo los protocolos de seguridad. El Palacio de Buckingham dijo que "el rey estaba al tanto de todos los acontecimientos y se sentía muy aliviado al saber que el presidente, la primera dama, y todos los invitados habían resultado ilesos".
La jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, se ha reunido este lunes con miembros del servicio secreto y del Departamento de Seguridad Interior para estudiar cómo proteger mejor al presidente en eventos similares. Según desveló The Washington Post, la Administración Trump adjudicó un nivel inferior de seguridad a la cena de corresponsales del Hilton a pesar de que asistía gran parte del gobierno. De haberse producido un atentado a gran escala, el país habría quedado en situación de vulnerabilidad, aunque hay una línea sucesoria clara, marcada en la ley de 1947.
Malos augurios
Este problema con la seguridad volvía a teñir de malos augurios el complejo viaje del monarca. Hubo temor a que la visita pudiera cancelarse. Ya se había puesto en cuestión por los continuados insultos de Trump al primer ministro, Keir Starmer, debido a sus reticencias a prestar apoyo a EEUU en la guerra contra Irán. Hay una gran expectación, como se refleja en los titulares de los medios británicos: "El rey y la reina van a América... ¿qué es lo peor que puede pasar?", decía The Independent. "La visita del rey a Trump es el test más duro de su reinado", titula la BBC.
Aún así Starmer ha sido su principal defensor: Trump adora que le vean junto a la realeza, y presume de que Carlos III es "un amigo, un buen tipo". De hecho, el 49% de los británicos cree que debería haberse cancelado, según una encuesta de YouGov. Finalemente, el encuentro empezará con un té en la Green Room de la Casa Blanca, el martes el rey hablará en el Congreso, como lo hizo su madre, la reina Isabel II, en 1991, y terminarán la jornada con una cena de Estado. A continuación irán a Nueva York y Virginia.
Dos aniversarios: independencia y relación especial
La visita coincide con dos aniversarios. Hace 250 años Estados Unidos proclamó su independencia del Reino Unido, y es lo que se festeja el próximo 4 de julio y es el motivo inicial del vieja. Más recientemente, hace 80 años, en su famoso discurso en Fulton, Misuri, Winston Churchill anunció que a Estados Unidos y al Reino Unido les unía "una relación especial". El líder británico dijo que solo la defensa conjunta de valores como la democracia y los derechos humanos garantizaría que no se repitieran los horrores de la Primera y la Segunda Guerra Mundial.
Desde entonces, las relaciones entre ambos países han atravesado numerosas crisis. En 1956, Estados Unidos provocó el fracaso de la operación franco-británica destinada a recuperar el control del Canal de Suez, frustrando así las ambiciones imperiales de París y Londres. Entonces fue la madre del actual rey, Isabel II, quien intentó reparar la relación dañada.
EEUU y el Reino Unido mantuvieron excelentes relaciones cuando estaban en el poder Ronald Reagan y Margaret Thatcher, así como George W. Bush y Tony Blair. Pero la operación en Irak, iniciada en 2003 por ellos dos, no solo provocó la caída del gran líder del Partido Laborista, sino que también marcó el inicio de un deterioro de la opinión que los británicos tienen de EEUU, que persiste hasta hoy.
En la actualidad, según muestra el instituto Pew, apenas un tercio de los súbditos de Carlos III tiene una opinión positiva de Estados Unidos, aunque el 80% de los estadounidenses continúa teniendo una buena percepción del Reino Unido.
Trump sobrepasa las líneas rojas
La causa directa de la crisis actual tiene que ver con decisiones del gobierno del primer ministro, Keir Starmer. El líder laborista, muy cercano a los planteamientos de otros dirigentes europeos, no vio nada clara la estrategia de Trump en Irán, cuando decidió con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, una operación militar que presumían que sería rápida y eficaz. Ha sido todo lo contrario. Starmer puso pegas a participar en esa aventura y se negó a ceder las bases de Diego García en el Índico. "No estamos ante Winston Churchill", se desahogó Trump, con ese tono despectivo al que recurre con quien no se pliega a sus deseos.
El viernes pasado la agencia Reuters reveló que el Pentágono había planteado en un correo interno castigar a los aliados "díscolos". Proponía suspender la participación de España en la OTAN, algo que ni se sabe qué es en realidad ni es posible sin contar con el resto de los aliados. El castigo para el Reino Unido sería apoyar las pretensiones argentinas sobre las Malvinas. Javier Milei, presidente de Argentina, es de los dirigentes que más gustan a Trump.
Sin embargo, esta crisis se ha sumado a un distanciamiento cada vez mayor entre ambos países. Los valores comunes de la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho, de los que habló Winston Churchill hace 80 años, han sido abandonados por la Administración Trump. Al menos, según la mayoría de los británicos. Los papeles, después de 250 años, parecen haberse invertido.
Los papeles han cambiado
Tras 250 años, los papeles se han invertido. Ahora es Estados Unidos quien se ha convertido en un imperio que reprime la libertad, opina Fiona Hill, asesora de Donald Trump en asuntos rusos durante su primer mandato, en The Washington Post. "Es EEUU quien trata al Reino Unido como una colonia".
Londres y Washington tampoco comparten ya el compromiso con el libre comercio, aunque, en el marco de su campaña proteccionista, el presidente de EEUU haya reducido los aranceles de importación en sus relaciones con el Reino Unido al 10 %.
También en el ámbito militar, el Reino Unido tiene cada vez menos importancia para Washington, que mira hacia Asia. Es cierto que ambos países mantienen una cooperación muy estrecha tanto en materia de armas nucleares como de intercambio de datos de inteligencia (el acuerdo Five Eyes, en el que también participan Canadá, Australia y Nueva Zelanda). Pero los estadounidenses ni siquiera advirtieron a los británicos del ataque contra Irán.
Unidos por el 'caso Epstein'
El presidente Trump recibe a Carlos III en un momento de gran debilidad. Según la CNN, solo el 37 % de los estadounidenses confía en él, mientras que el 62 % no le tiene confianza. La subida de los precios provocada por la catástrofe iraní es una de las razones; la brutal política de inmigración, otra. Los estadounidenses, y con ellos el mundo entero, están cansados de los constantes cambios de humor de su líder.
A Trump y a Windsor les une el temor a las consecuencias del escándalo relacionado con el ya fallecido pederasta Jeffrey Epstein. En Estados Unidos, muchos consideran que el presidente no ha revelado toda la verdad sobre este asunto, mientras que el rey se ha visto obligado a distanciarse de su hermano, Andrés. Aunque en Estados Unidos no se reunirá con las víctimas de Epstein, la reina Camila recibirá a activistas de organizaciones que luchan contra la violencia sexual.
Londres espera que la moderación de Carlos, heredada de generaciones de sus antepasados, no solo contraste favorablemente con el comportamiento del anfitrión de la reunión, sino que incluso impresione a Trump, quien desde hace tiempo muestra debilidad por el prestigio de la corona británica. Lo veremos en su encuentro en el Despacho Oval y en la cena de Estado.
En 1957, como recuerda The New York Times, la reina sedujo al presidente Eisenhower. En el brindis en honor a Isabel II, Eisenhower aseguró que su fe "en el futuro de estos dos países y de toda la Commonwealth, y del mundo libre es inquebrantable". Carlos III lo tiene más difícil que su madre, pero está muy entrenado en poner cara de póquer y hacer parecer a su interlocutor que solo por estar a su lado y adquiere cierto halo regio.
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