Opinión

EL GOLPE

David Sánchez en la casita de Bad Bunny

David Sánchez en la casita de Bad Bunny
David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno | EFE

La Oficina de artes escénicas, donde trabajaba o no trabajaba, donde estaba o no estaba el hermano lírico, David Azagra (David Sánchez cuando se quita el fajín), no era tanto un lugar físico sino una categoría administrativa, mental, conceptual o quizá social. Sí, la oficina del hermanísimo era algo así como la casita de Bad Bunny, que yo no sabía lo que era hasta que la he visto estos días y resulta que es como la casita de los Picapiedra, con señores con peletería, señoras con taparrabos y una inminencia de garrotazo en la alcoba y graznido de pterodáctilo en el porche. David Sánchez (David Azagra cuando se pone la casaca) ha declarado que su oficina no era un edificio físico, que “no tenía ventanilla”, porque él se imagina una oficina, incluso una oficina de artes escénicas, como una estafeta de Correos, con el ciudadano solicitando una escenografía para  Tristán e Isolda, que la verdad es que se monta con cuatro tablones, igual que un giro postal. Su oficina era, pues, un lugar mental, casi en el sentido agustiniano o teresiano, donde su arte vivía como alma aleteante y anhelante y yo creo que se quedaba allí, aleteando y anhelando. Otra manera de decirlo es que lo suyo era pura paja mental, como lo de Bad Bunny. Lo que pasa es que el reguetonero, mucho más simple aún, necesita sustanciar la fantasía, la nada y hasta la paja siquiera en juguete, y eso es su casita.

PUBLICIDAD

David Sánchez (David Azagra cuando se pone leotardos) no necesitaba ventanillas, ni mucho menos cuatro paredes que sólo aprisionarían al artista, ese artista que enseguida se muere como una luciérnaga contra las tulipas. El arte es una isla mental personal, que eso lo sabe hasta Bad Bunny, lo que pasa es que el reguetonero necesita piscinita hasta para las islas mentales, y eso es su casita. Como en Badajoz entendían bien el arte del hermano lírico, que no necesita montar una aduana sino que le basta el cielo (el arte a veces, y en según qué niveles, es indistinguible de la siesta de un pastor); como en Badajoz entendían que la música no es siderurgia ni almacenaje ni almirantazgo, no le pusieron ni edificio ni nave ni baluarte, ni oficina municipal ni oficina kafkiana, sino sólo campo, o sólo una sombrillita, o sólo una cabaña con lago, muy lejos, como la que tenía Mahler para componer. Es más o menos como lo de Bad Bunny, lo que pasa es que el reguetonero tiene que llenar la cabaña de tetas porque no la puede llenar de musas. Bueno, David Azagra (David Sánchez cuando se quita el lunar) tampoco conocía mucho a las musas, salvo a su hermano Pedro, claro.

PUBLICIDAD

A lo mejor es que no entiende uno el arte o la misión de David Sánchez (David Azagra cuando se monta en góndola), como no entiende uno el arte o la misión del reguetón. Bad Bunny es como un albañil que canta al lado de la hormigonera, que entonces da igual cantar, no cantar o lo que se cante, porque sólo se oye la hormigonera (si te gustan los albañiles, como a la señora de la casa o de la casita, entonces es otra cosa). David Azagra (o David Sánchez cuando se quita la escarapela) es, por su parte, como un director de banda municipal hinchado porque han tocado, o medio tocado, la marcha triunfal de Aída con una confusión auténticamente egipcia de jubilados y donceles. La verdad es que dirigir en Badajoz alguna cosa de Donizetti, que no podía evitar componer música de verbena incluso para las más sanguinolentas tragedias, sólo es la versión cursi de dirigir Amparito Roca (prefiere uno Amparito Roca a Lucía de Lammermoor). Pero el mercado es el mercado, a la hora de mover el culamen o de enseñar el ombligo como una joya de Zapatero, y a la hora también de colocar al músico empanado o al albañil empanado en la diputación.

David Sánchez podría trabajar en la casita de Bad Bunny, sin cristales, sin ley, sin moral y sin música.

David Sánchez (David Azagra cuando se pone pestañas) no trabajaba en un sitio sino en una metáfora o en una idiosincrasia, en una categoría administrativa o quizá, simplemente, en una categoría española, la del familiar del político, en este caso hermano poetizado de arpegios y mocos en un país de albañiles o fontaneros, canten o no canten, se arrimen al poder o a la pijilla con faldita de tenis. Quizá el verdadero lujo no es tener mucho sitio para el piano, o sólo para las gafas o los pies, como los reguetoneros, sino no necesitar siquiera sitio para ser ni para trabajar, o no necesitar ni trabajar para ser ni para estar. Quizá el lujo del no-lugar de David Azagra (David Sánchez cuando se quita el canotier) es todavía más lujo que el lugarcito de Bad Bunny, esa casita de pitufinas que está entre la mona de Pascua y el porno. Aunque quizá tampoco sabe uno ya lo que es lujo, o clase, o estatus, que antes se iba toda la cultureta y la sombrerería de Europa a Graz, a ver la Salomé de Strauss, y ahora hasta los pijos y los aristócratas sueñan con ir a la casita de Bad Bunny como al pajar con juglar o con mozo de cuadra.

La oficina del músico triste, con la tristeza de los gigantes que decía Umbral, no era tanto un lugar físico o geométrico sino una categoría mental, social, taxonómica y hasta moral, un poco como la casita de Bad Bunny. En la oficina mental, vacía o inexistente, o en la casita del reguetonero como la casita del jardinero, la progresía igual parece un papado de los Borgia y las pijas igual parecen criadas del Decamerón. Sí, porque lo peor es la turra, la turra democrática que aún se atreven a dar los corruptos y la turra feminista que aún se atreven a dar las que luego ponen culo de mona y boca de pescado en el harén normativo y neumático de un albañil con piropo, molla, musicología e incluso millonada de albañil. David Azagra (David Sánchez cuando se quita la careta veneciana o española) podría trabajar en la casita de Bad Bunny, sin cristales, sin ley, sin moral y sin música.

Comentarios

Normas ›

Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.

Regístrate para comentar

Te puede interesar

Lo más visto