Moncloa ha desclasificado algunos de los documentos que transmitieron las fuerzas de seguridad y los servicios secretos en los días previos al asalto a la frontera de Ceuta. Pero, ante la evidencia de que el CNI sí había avisado un día antes de lo que podía ocurrir, y ver los titulares de la mayoría de los medios, Moncloa, en un gesto insólito, decidió arremeter directamente contra los servicios secretos.
En una nota sin precedentes, la presidencia del Gobierno transmitió este miércoles pasadas las 19 horas un comunicado por WhatsApp en el que se afirma que "en ningún momento el CNI envió un aviso o alerta formal a su cadena de mando ni a miembro alguno del Ejecutivo por ninguna vía". Por si esa fuera poca desautorización, en la misma nota se añade: "Un organismo que cree que al día siguiente se va a producir una entrada masiva no se limita a mandar un WhatsApp ambiguo a un cargo menor: lo eleva. Esa es su responsabilidad y competencia".
Es una guerra abierta entre Moncloa y Defensa, de la que depende el CNI.
Si, de verdad, el presidente del Gobierno cree que el CNI no ha hecho bien su trabajo y que, gracias a ello, se produjo una entrada masiva de inmigrantes en Ceuta, ¿por qué no destituye a la directora del CNI? ¿Por qué no se atreve a destituir a la ministra de Defensa, que sigue empeñada en decir que los servicios secretos hicieron bien su trabajo?. El lío en el que se ha metido Moncloa ha sido tan evidente y burdo que, por la misma vía, pasadas las 20 horas, se transmitió otro mensaje para dar la impresión de que el CNI recogía velas: "El CNI emitió información sobre una campaña en redes sociales que llamaba al asalto a la valla de Ceuta, si bien no anticipó la magnitud y naturaleza de lo que terminó ocurriendo el día 30". ¡Moncloa haciendo de portavoz del CNI!. Lo nunca visto.
La desclasificación de documentos, que probablemente se decidió para adelantarse a una posible filtración desde la Audiencia Nacional, le ha salido a Sánchez por la culata. En lugar de calmar las aguas y demostrar, como se pretendía, que nadie alertó de lo que iba a ocurrir el día 30 de julio, lo que se ha constatado es que hubo varios toques de atención: el primordial, el del CNI del pasado 29 de julio.
Si el presidente cree que la directora del CNI no ha hecho bien su trabajo, ¿por qué no la destituye?
Es decir, que lo que se deduce de esa desclasificación de documentos de los días previos al asalto a la frontera de Ceuta del pasado 30 de julio es que Margarita Robles ha sido la única persona del Gobierno que ha dicho la verdad.
Mientras que el ministro del Interior, Grande Marlaska, ha negado reiteradamente que el CNI hubiese informado con antelación de lo que iba a ocurrir, Robles defendió con la misma contundencia la labor de los servicios secretos que dependen de su ministerio. En su comparecencia en la Comisión de Defensa del Congreso el pasado 25 de agosto, Robles afirmó que tanto el CNI como el CIFAS (servicio de inteligencia del Ejército) "realizaron la labor que les era y es exigible". Fue aún más concreta: reveló que el día anterior a los hechos (el 29 de julio) el CNI avisó a la delegación del Gobierno en Ceuta de lo que podía ocurrir el día 30.
Ahora sabemos de manera fehaciente que el CNI avisó a las 13.52 horas del día 29 de julio: "Hay un llamamiento para asalto a la valla y mar mañana a las 20 horas... Hay dos grupos diferentes con un total de 180.000 seguidores".
¿Qué más quería el delegado del Gobierno para que se reforzara de manera inmediata la frontera? Reconozcamos que el CNI no advirtió de que muchos inmigrantes irían vestidos con aletas de hombre rana y que el número exacto de los que participarían en el asalto sería de 72.000. Pero eso hubiera sido más propio de las cualidades de la bruja adivina. Probablemente, el CNI tendría que haber dado la voz de alarma directamente al ministro del Interior. Pero con lo que hizo era más que suficiente para que se hubiesen encendido todas las alarmas.
La negativa de Marlaska a admitir que hubo varios avisos -entre ellos, el del CNI- sólo puede tener como explicación la búsqueda de una excusa para eludir su irresponsabilidad a la hora de tomar medidas. Ahora es evidente que el ministro del Interior no cumplió con una de las funciones primordiales de su ministerio: garantizar la seguridad de nuestras fronteras.
El presidente Sánchez tomó partido desde el principio por Marlaska. No le importó dejar por mentirosa a Robles, aunque fuera a costa de mentir él. Y luego vinieron los demás ministros en procesión; nadie se atreve a contradecir al "puto amo". Total, que dejaron sola a la única que decía algo parecido a la verdad.
Las desavenencias en un gobierno no son cosa que sorprendan. Hemos visto muchas y con gobiernos de distinto color. Pero lo que ha ocurrido con Robles no tiene parangón.
La semana pasada, en el Pleno de la comparecencia de Sánchez monográfico sobre Ceuta, Robles se permitió el lujo de desairar al presidente no aplaudiéndole en varias ocasiones e incluso quedándose sentada mientras sus compañeros del banco azul permanecían enhiestos dando palmas.
El pasado martes, Robles se reunió, acompañada de la cúpula militar, con Felipe VI vestido de uniforme. La Casa Real difundió la imagen del encuentro, algo que no es habitual.
Es evidente que Robles ha hecho lo que debía y también que el rey se ha puesto de su lado en esta disputa. Constitucionalmente, el rey es el mando supremo de las Fuerzas Armadas. Esto nos da una pista de por qué Sánchez no se atreve a cortarle la cabeza a la ministra de Defensa.
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