Desde hace años, el fortalecimiento de las fronteras europeas ha supuesto que cada vez más inmigrantes subsaharianos se vean obligados a establecerse en Marruecos, con la esperanza de lograr cruzar hacia Europa algún día. Muchos de ellos lo consiguieron el pasado 30 de julio, durante la entrada masiva a Ceuta. Entre ellos se encontraba Ahmed. Sin embargo, las esperanzas de este joven sudanés se vieron truncadas hace algunos días, cuando fue deportado de vuelta a Marruecos.
Según ha confirmado el Ministerio del Interior a El Independiente, hace un par de semanas, 25 inmigrantes subsaharianos salieron de Ceuta con expediente de devolución. Desde la cartera que dirige Fernando Grande-Marlaska, aseguran que todos ellos contaron con asistencia jurídica e intérprete y ninguno solicitó protección internacional. La historia que cuenta Ahmed es muy diferente.
"Se me ha complicado la vida, la mente la tengo hecha un lío, no entiendo nada", explica a este periódico Ahmed, un nombre ficticio para proteger la identidad del joven. Según relata, durante la entrevista con la policía, la abogada allí presente les aseguró que, como sudaneses, no deberían ser devueltos a otros países. De los 25 subsaharianos devueltos a Marruecos, 23 son nacidos en Sudán, un país desolado por un sangriento conflicto desde hace tres años. De hecho, España aprueba en torno a un 90% de las solicitudes de asilo de sudaneses.
Cuando Ahmed se presentó ante la policía, no planeaba regresar a Marruecos. Asegura que las autoridades les animaron a firmar un papel. Después, les montaron en un vehículo, bajo la promesa de devolverlos al CETI de Ceuta. Pero, en lugar de regresar al centro, fueron entregados a las autoridades marroquíes. "Nos quitaron nuestros teléfonos, nuestros papeles y todo; no entendemos nada de lo que pasa", lamenta.
Un país "seguro"
Desde Interior, justifican la decisión de retornar a Ahmed y sus compañeros sudaneses en que la Unión Europea considera a Marruecos "un tercer país seguro". Para Border Resistance, un grupo de defensa de los derechos de los inmigrantes en el Mediterráneo, la realidad es muy diferente.
"Marruecos no es un país seguro", denuncia el coordinador de la organización, Chadi Boukhari. En especial para los inmigrantes procedentes de países como Sudán, Chad o el centro de África, que son víctimas de racismo. "Una persona con una piel oscura o negra no puede andar tranquila por la calle", explica el representante del grupo, de origen marroquí.
La situación es especialmente grave en el sur, donde muchos inmigrantes se trasladan para trabajar en los campos de cultivo de la zona. Allí, estas personas corren un peligro mucho mayor que en las grandes ciudades como Rabat o Casablanca. Un trágico ejemplo de la violencia que sufren llegó en mayo, cuando un joven sudanés fue agredido con un arma blanca en las inmediaciones de Agadir. Murió desangrado en el hospital, tras ser degollado.
Sus amigos pusieron en conocimiento del grupo este caso, aportando imágenes de las heridas del joven, a las que El Independiente también ha tenido acceso. Además del fallecido, sus compañeros también sufrieron importantes heridas. Todos ellos eran sudaneses solicitantes de asilo. A Border Resistance no le consta que Marruecos haya abierto ningún tipo de investigación para esclarecer lo ocurrido.
La vulnerabilidad extrema
Boukhari detalla que los inmigrantes que se trasladan hasta los campos del sur de Marruecos trabajan diez horas al día. "Tienen que ir a trabajar de madrugada, no hay luz, y se encuentran en situaciones peligrosas". Estas personas son blanco fácil para los criminales, que buscan robarles los móviles o el poco dinero que ganan, unos 150 euros al mes.
De acuerdo a los testimonios que ha recibido Border Resistance, los atacan con cuchillos y machetes, hasta que les entregan todas las pertenencias. En ocasiones, como sucedió en mayo, lo pagan con la vida. El coordinador del grupo confiesa que él mismo sufrió un intento de robo cuando se encontraba realizando una investigación en la zona hace años.
Aunque la situación en el sur es especialmente grave, los que logran establecerse en las grandes ciudades no corren mejor suerte. "Lo estoy pasando muy mal en Marruecos", confiesa a este periódico Mohamed, un sudanés residente en Rabat. Por motivos de seguridad, también emplea un nombre falso.
Extorsiones de las autoridades
Mohamed describe su situación al otro lado del Estrecho como "agotadora". Desde que llegó, ha tenido empleos informales. En uno de ellos, sufrió un accidente que le provocó una lesión grave que le impidió seguir trabajando como hasta ese momento. Desde entonces, su vida en Marruecos se ha complicado, sin opciones de recibir ayuda.
Estos días casi no sale de casa. A su precario estado de salud se suma el acoso constante de las Fuerzas Auxiliares, un cuerpo paramilitar de seguridad que depende del Ministerio del Interior marroquí. Según denuncia, los agentes detienen a los inmigrantes por la calle, les requisan sus papeles y los llevan a sus comisarías. Desde allí, los deportan hacia otras zonas de Marruecos. "Cada dos por tres me deportan", lamenta y enumera los lugares a los que ha sido trasladado: Agadir, Tarudant, Beni Melal... Todos en el sur del país.
En Border Resistance han recibido más quejas de este tipo. De hecho, algunos inmigrantes han reportado intentos de extorsión por parte de estos agentes. Es el caso de Mohamed: "A mí me pidieron dinero varias veces y no me devolvieron los papeles. Fui al ACNUR, saqué un duplicado por pérdida y les puse una queja contándoles lo que pasaba, pero ellos ya saben lo que ocurre".
Pasividad de ACNUR
Tal y como detalla Boukhari, en Marruecos es el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) el encargado de tramitar las solicitudes de asilo. A Mohamed le denegaron la suya, aunque desconoce los motivos detrás de la resolución desfavorable.
El joven ha intentado por todos los medios revertir su situación. Hace unos meses, presentó una petición para que el organismo reconsiderase su caso. El Independiente ha tenido acceso a ese documento, en el que Mohamed solicitaba protección por motivos humanitarias y de salud –la lesión que sufrió le provocó una "afección médica muy grave"–. Nunca recibió una respuesta.

El coordinador de Border Resistance asegura que su grupo ha recibido quejas y testimonios de inmigrantes, que afirman sufrir "racismo" por parte de algunos funcionarios de ACNUR en Rabat, en su mayoría empleados locales marroquís. De los más de 18.400 solicitantes de asilo que hay en Marruecos, unos 2.300 son sudaneses, considerados como "el colectivo más vulnerable y más expuesto al racismo" dentro de esta oficina.
Los inmigrantes sudaneses han organizado protestas frente a la sede de ACNUR en la capital marroquí, pero siguen sin recibir una atención adecuada, según denuncian. También los yemeníes son víctimas de "negligencias", subraya el grupo migratorio. A comienzos de año, un solicitante de asilo yemení se prendió fuego frente a las oficinas del organismo de la ONU para llamar la atención sobre su situación. "ACNUR no mostró ninguna respuesta destacable", apunta Border Resistance en un informe.
Sin esperanzas de futuro
La persecución constante y la falta de respuestas hacen que muchos hagan lo posible por abandonar del país. Mohamed confiesa que ha intentado cruzar la frontera entre Marruecos y España para huir de su situación. Todas las veces que lo ha intentando ha sido deportado. La última fue hace quince días.
En el caso de Ahmed, el joven deportado hace apenas unos días, tiene claro que no quiere quedarse al otro lado de la frontera. Aunque se encuentra desorientado y abrumado desde que salió de España, expresa su intención de regresar a nuestro país. Pero la información que le llega desde sus compañeros que permanecen en Ceuta es que no podrá hacerlo hasta dentro de cinco años al menos. A pesar de que esta circunstancia es cierta solo para los que han sido expulsados después de cometer un delito, esta idea se ha instalado entre todos los deportados de vuelta a Marruecos.
"Tendré que probar otra ruta", concluye resignado. Si no lo consigue, volverá a su país. Allí le espera un conflicto armado que ha provocado la mayor crisis humanitaria del planeta. "Mis sentimientos ahora mismo son un poco difíciles", comenta con pesar.
Y, aunque lograse su objetivo, nada le garantiza que no será expulsado de nuevo. Mientras la UE continúe considerando a Marruecos como "un país seguro", el Ministerio del Interior no se planteará frenar las devoluciones de sudaneses al país vecino, según confirman fuentes dentro de esta cartera. No importa el aciago destino que les aguarda al otro lado de la frontera.
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