Como era de esperar, la prensa británica y numerosos medios han tardado poco en encender la mecha tras la última aparición del príncipe Harry. Sentado frente al periodista Zach Baron para la serie One More Question de la revista GQ (espacio por el que han pasado figuras como Ben Affleck o Tom Cruise), el duque de Sussex ha vuelto a acaparar todas las portadas.
Harry parece haber afirmado que su gran deseo es reconciliarse con los Windsor, pero se deja caer que hay problemas para llevarlo a cabo: "Yo quiero solucionarlo, pero hay quienes no quieren". Esa ha sido la percha para reactivar la eterna narrativa del "pulso familiar" contra su hermano Guillermo y el rey Carlos III.
Sin embargo, la charla que ha ofrecido es mucho más amplia, humana y llena de matices que no se recogen en ese ruido mediático. Lejos de limitarse a la política de palacio, el duque repasa su reciente mudanza de vuelta a Reino Unido con Meghan Markle, la escolarización de sus hijos, sus años de juventud y, sobre todo, una confesión inédita e introspectiva sobre su salud mental y el privilegio de su estatus que ha pasado casi desapercibida.
El reconocimiento a su privilegio y el valor de la salud mental
Durante años, las intervenciones públicas de Harry, desde la entrevista con Oprah Winfrey hasta sus memorias en Spare (En la sombra) o el documental de Netflix, han estado marcadas por un tono de queja hacia el acoso mediático y la frialdad de la institución real. Pero en esta charla en GQ, al abordar temas tan delicados como el proceso de duelo tras la muerte de su madre, el príncipe ha hecho un ejercicio de autocrítica que ha pillado a muchos por sorpresa.

Al ser preguntado por la dificultad de reprimir las emociones bajo la constante mirada pública, Harry frena cualquier atisbo de lástima: "No quiero ninguna compasión. Ya hemos dejado eso atrás hace mucho. ¿Por qué? Porque soy un príncipe. Cuento con una red de apoyo a mi alrededor".
Harry reconoce así el papel que ha jugado su estatus. Admite de forma abierta su privilegio. Tal y como dice, es un príncipe, cuenta con recursos económicos y ha tenido acceso a la mejor terapia posible. Es plenamente consciente de que ese proceso de sanación y la posibilidad de trabajarse a sí mismo es un lujo muchas veces inalcanzable para la mayoría de las familias que atraviesan una pérdida trágica.
Reconocer que el dinero y los medios le han permitido salir a flote marca un punto de inflexión en su narrativa pública, mostrando a un hombre adulto que entiende la suerte y los recursos de los que dispone a la hora de afrontar sus traumas.
Sus años "salvajes" y el refugio del ejército
Esa misma madurez reflexiva se traslada a la hora de repasar su juventud. Durante la década de los 2000, la prensa del corazón hizo un negocio millonario exponiendo sus noches de fiesta, las salidas de tono y las imágenes saliendo ebrio de los clubes de Londres bajo el sello del "príncipe rebelde".
En lugar de tirarle balones fuera, Harry afronta aquellos años. Admite que salir a beber y buscar el exceso no era rebeldía, sino un mecanismo ciego e inmaduro para calmar el dolor por la pérdida de la princesa Diana. "¿Lo hacía a veces para reprimir la tristeza por haber perdido a mi madre? Sí. ¿Era consciente de ello en aquel momento? Para nada", confiesa para GQ.
En esa misma línea de evasión ubica también sus diez años en las Fuerzas Armadas. Más allá del compromiso institucional, el duque reconoce que alistarse fue en el fondo una forma de huir de la realidad, buscando una distracción frente a lo que estaba viviendo. Esa misma etapa militar terminó convirtiéndose en el ancla que le dio la estructura, la disciplina y los valores que hoy defiende: "Los diez años en el ejército me hicieron madurar mucho. Me proporcionaron un conjunto específico de habilidades, pero también me inculcaron unos valores por los que me regiré el resto de mi vida", afirma.
El motivo tras la mudanza con Meghan a Reino Unido y el recuerdo de Diana
Otro de los puntos centrales de la entrevista es el cambio de vida que atraviesa la familia tras regresar a suelo británico. Harry explica los motivos de este movimiento, destacando lo importante que ha sido para él matricular a sus hijos, Archie y Lilibet, en un colegio británico para que puedan vivir y comparar dos culturas diferentes. Una decisión que, según reconoce, les permite además estar más cerca de sus raíces y de su entorno cercano.

Respecto al recuerdo de la princesa de Gales, la perspectiva también ha cambiado de forma notable. Harry confiesa que piensa en su madre a diario, en detalles tan sencillos como preguntarse qué opinaría ella sobre el mundo actual o sobre su propia familia, e incluso afirma mantener una conexión espiritual con ella: "Me encanta el hecho de que ahora pueda llevar conmigo el recuerdo de mi madre, a través de mi trabajo, en lugar de que me agobie, me frene o me sumerja en ese duelo. No creo que me haya regodeado nunca en él, no creo que me lo hubieran permitido".
"Hay gente a la que no le interesa que las cosas se arreglen pero yo quiero que todo salga bien": ¿nuevo dardo a los Windsor sobre la reconciliación en la familia real?
Sus palabras sobre la reconciliación y ese difundido "hay quienes no quieren" han provocado tal polémica que su propio equipo de comunicación ha tenido que salir a aclararlo. Su portavoz ha afirmado que la frase se dijo en un "contexto general" sobre las rupturas familiares, intentando evitar que se interpretara como un dardo al príncipe Guillermo o al rey Carlos III.
Por tanto, la realidad es que sus palabras surgieron a raíz de una pregunta del periodista sobre el dolor que le causa la relación con su padre y su hermano. Harry admitió que siente dolor por ello, entendiendo que los distanciamientos familiares son un problema cotidiano con el que muchas personas conectan: "Todos conocemos desacuerdos entre hermanos o distanciamientos entre padres e hijos. Sé lo cercano que resulta y probablemente por eso genera tanta fascinación. La gente nos mira y se pregunta: '¿Cómo van a resolverlo?'. Y tal vez piensen que ver cómo lo solucionamos nosotros les sirva para sanar sus propios problemas. Hay gente a la que no le interesa que las cosas se arreglen, pero yo quiero sinceramente que todo salga bien".
Para el duque de Sussex, reparar esas heridas no es una cuestión de ego ni de guerras mediáticas, sino de perspectiva vital: "Con todo lo que está pasando en el mundo, lo más importante es reconciliarse. Esa es la clave". Un mensaje con el que busca dar un paso al frente y restar dramatismo a las disputas de palacio.
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