El ministro de Transportes dimitió en la noche del martes... ¿por sorpresa? Óscar Puente lo anunció durante su comparecencia ante la Diputación Permanente, casi al final, cuando ya todo el mundo daba por hecho que iba a continuar en su cargo. Todos lo argumentos que dio durante su larguísima intervención fueron encaminados a defender su continuidad. Recordemos que el pasado viertes, durante una tensa rueda de prensa, cuando un periodista le preguntó por su salida, él dijo que su marcha no ayudaría en nada al consuelo de las víctimas. "Si yo creyera que ayudaría en algo, dimitiría", sentenció.
Ese ha sido el tono de su explicación ante la Diputación Permanente. Todo su argumentario se encaminó a defender que debía seguir en el cargo, llegando a afirmar, incluso, que no había habido ninguna decisión adoptada por él que hubiera contribuido a que se produjera el accidente de Urda, que ha provocado 69 muertos.
El propio Puente dijo a los periodistas, a su salida de la sala donde se produjo la sesión de la Diputación, que la decisión se la había comunicado al presidente "unos minutos antes"; es decir, durante su comparecencia. Una persona cercana al ministro informó a los periodistas que el ministro decidió marcharse tras la intervención de Gabriel Rufián. Parece que fue entonces cuando Puente le comunicó a Pedro Sánchez por WhatsApp que había decidido dimitir.
Lo que llama la atención es que Puente confesara en su última intervención ante la Diputación Permanente que él tuvo claro que debía dimitir "a las pocas horas" de que se produjera el accidente ferroviario. Y que fue en ese momento cuando se lo comunicó a su familia.
Entonces, ¿qué ha sucedido? Si nos creemos esa versión, habría que deducir que Puente ha estado jugando durante seis días con la idea de su continuidad permitiendo incluso que alguno de sus colaboradores contara a los periodistas que él le ofreció la dimisión a Sánchez y que éste no se la aceptó. ¿Mentía entonces? ¿Miente ahora?
Si tenía tomada la decisión ya desde el miércoles, hay que reconocer que Puente es un consumado actor. Ha engañado a los suyos y a la oposición. De hecho, la comparecencia a petición propia estaba diseñada para defender su gestión. Uno no acepta ir al Congreso si tiene pensado anunciar allí su dimisión.
Si aceptamos que lo ha decidido en el momento, tras escuchar la previsible intervención de Rufián, entonces no sería cierto que la decisión ya la tenía tomada desde el pasado miércoles.
Puente ha dejado mal a su escudero en el Congreso, Patxi López, que se esforzó por convencernos de que el ministro debía continuar porque era la garantía de que la seguridad del AVE iba a mejorar y los viajeros volverían a confiar en la alta velocidad. Tampoco casa que tuviera la decisión tomada con su comparecencia en la mañana del martes tras el Consejo de Ministros, que aprobó un paquete de medidas, propuestas por él y por su equipo, y que ahora tendrá que aplicar otro ministro.
La campaña de Sánchez, que estaba hundida, ahora se podrá rehacer sobre la base de la "dignidad" de Puente, ejemplo de asunción de responsabilidades
Todo es contradictorio. Tanto como la razón que ha dado para marcharse: "Por dignidad". Si eso fuera cierto, tendría que haber dimitido el primer día de la catástrofe.
Puente se va y deja incluso su puesto como número uno por Valladolid. Y la sensación que deja en el Gobierno y en el PSOE es de alivio. ¿Cómo se podía hacer una campaña electoral con un ministro en ejercicio tras dos accidentes ferroviarios en poco más de nueve meses que han causado más víctimas que toda la alta velocidad en Europa?.
Las encuesta publicadas, que daban como media una caída de cinco puntos al PSOE tras el accidente de Urda, coincidían, básicamente, con los trackings que hace Moncloa a diario. Si Puente seguía en el cargo, lo más probable es que el PSOE se quedara al borde de los 100 escaños. La campaña, diseñada inicialmente en tono jocoso había que rehacerla de arriba abajo. ¿Cómo cambiarlo todo sin cambiar al ministro de Transportes?
Que a Sánchez le haya pillado por sorpresa o no, es lo menos importante. Aunque dudo que Puente no se lo dijera a su "puto amo" antes de acudir al Congreso. Lo que sí sabemos es que el presidente mide sus fidelidades en función de sus expectativas electorales. Puente ahora era un estorbo.
A partir de este miércoles, Sánchez podrá vender en sus mítines que la actitud de Puente ha sido ejemplar. Qué ha hecho lo que no hicieron otros ministros de la derecha en similares circunstancias. Saldrán a la luz el accidente de Angrois y Ana Pastor, y, por supuesto, la DANA y Carlos Mazón.
La salida de Puente, en definitiva, le permite al presidente hacer una campaña victimista, poniendo a su ministro como ejemplo de "dignidad". Lo que hace tan sólo unas horas eran argumentos falaces de la oposición para echar a un ministro que había "dado la cara", ahora son razones de peso par dejar el cargo.
Ya sabemos en qué se va a apoyar Sánchez para intentar la remontada. El PSOE es el partido de la dignidad, frente a una derecha que nunca ha asumido responsabilidades.
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