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Señor Rajoy, el primer futbolista negro y francés debutó con Francia hace 95 años

Raoul Diagne, pionero del fútbol francés.
Raoul Diagne, pionero del fútbol francés. | Fédération Française de Football

Este martes, las selecciones de España y Francia se ven las caras en la semifinal más caliente del Mundial. El ganador será el favorito para alzarse con el trofeo. Pero la tensión deportiva se ha visto enturbiada por una desafortunada controversia motivada por Mariano Rajoy. El expresidente del Gobierno escribió en su última columna deportiva que el combinado galo tiene "un altísimo nivel, eso sí, sin franceses". La frase, calificada unánimemente de racista al otro lado de los Pirineos y criticada mayoritariamente en nuestro país, ha levantado ampollas. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, la calificó de "absolutamente inaceptable", e incluso la extrema derecha francesa la ha tildado de racista. Mientras, Génova trataba en vano de apagar el fuego justificando el "sarcasmo" del expresidente.

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Con los datos en la mano, la polémica se cae por su propio peso: de los 26 convocados por Didier Deschamps, 23 nacieron en Francia y los otros tres están perfectamente nacionalizados. Esta obsesión con el color de la piel de Les Bleus no es nueva, aunque la historia de Francia demuestra que el balón siempre fue por delante de los prejuicios. Para entender la naturaleza multicultural del equipo francés hay que viajar casi un siglo atrás en el tiempo y conocer a un hombre que rompió el molde: Raoul Diagne.

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El pionero de la 'Francia azul y negra'

Mucho antes de la icónica Francia Black, Blanc, Beur (Negra, Blanca, Árabe) que levantó la Copa del Mundo en 1998, o de la selección liderada en este Mundial por Kylian Mbappé, existió Raoul Diagne. Nacido el 10 de noviembre de 1910 en la Guayana Francesa, Diagne hizo historia el 15 de febrero de 1931 en el estadio Olímpico de Colombes frente a Checoslovaquia, al convertirse en el primer futbolista negro de la historia en vestir la camiseta de la selección francesa y el primero en hacerlo en todo el continente europeo. Diagne era hijo de Blaise Diagne, un político senegalés que a su vez había hecho historia al convertirse en el primer diputado negro de la Asamblea Nacional francesa y, posteriormente, en subsecretario de Estado para las Colonias.

Paradójicamente, la reacción más hostil que recibió Raoul al debutar con Francia no vino de la grada ni de la prensa. Según la FIFA, la prensa juzgó su actuación únicamente en el plano deportivo, sin ninguna alusión al color de su piel: “Diagne, que se estrenaba con el equipo tricolor, se mostró en todo momento excelente en el apartado defensivo de su función”, escribiría al día siguiente Michel Rossini, redactor jefe de la revista Football. El rechazo vino de su propio padre. El ministro Diagne no aprobaba el camino deportivo de su hijo; hubiera preferido que se dedicara a la medicina o que ingresara en el ejército. Blaise, de hecho, cumplió la promesa de no ir jamás a verle jugar al estadio.

La Araña, un jugador para todo

Físicamente portentoso, Diagne medía 1,87 metros, lo que para la época era una barbaridad. Aunque él se definía a sí mismo como "defensa, no lateral", su polivalencia era legendaria. De hecho, su estilo elástico y aéreo le valió el apodo de La Araña. Marcó los dos primeros goles de la historia del Racing Club de París en la liga profesional y cosechó un palmarés envidiable en el club de la capital, logrando el título de la Liga en 1936 y tres Copas de Francia en las ediciones de 1936, 1939 y 1940. Lo que mejor define su espíritu competitivo es que no le importaba el rol que le tocara con tal de que fuera para ganar: llegó a jugar cuatro meses seguidos como portero tras la lesión del titular, ganándose el reconocimiento como el mejor guardameta de París.

Su trayectoria internacional sumó 18 apariciones oficiales con la selección absoluta, todas ellas como titular, incluyendo la gran cita del Mundial de Francia de 1938 –el equipo anfitrión quedó eliminado cuartos ante Italia después de perder 3-1–. Su última noche de gloria en un club llegó en la final de Copa de 1940, ganada al Olympique de Marsella apenas cinco días antes de que las tropas de Adolf Hitler invadieran Francia. Diagne tuvo que jugar aquel encuentro gracias a un permiso excepcional del ejército, antes de tener que huir de la capital hacia Toulouse.

Un guepardo en Montmartre

Fumador empedernido y amante de la bohemia, fuera del campo Diagne era un habitual de las noches de Montmartre. Allí forjó una estrecha amistad con el actor Jean Gabin y con la mítica cantante Joséphine Baker, quien le llamaba cariñosamente su "hermanito" y le hacía subir al escenario con ella. Se cuenta que a menudo se le veía paseando por los bulevares de París con un cachorro de guepardo atado a una correa, un regalo exótico que le habían hecho a su padre en Senegal.

Tras colgar las botas en el US Gorée senegalés, Diagne cambió el pantalón corto por la pizarra. En 1960, culminada la independencia del país africano, se convirtió en el primer seleccionador de la historia de Senegal, donde se le venera como el "abuelo del fútbol senegalés". Bajo su mando, los "Leones de la Teranga" lograron una hazaña poética en los Juegos de la Amistad de 1963: derrotar por 2-0 a la selección francesa.

Raoul Diagne falleció a los 91 años en noviembre de 2002 en la localidad de Créteil, al sur de París. Tuvo tiempo de ver cómo aquella Francia multicultural que él inauguró en solitario ganaba el Mundial del 98. También cómo esa misma selección caía meses antes de su muerte ante su amada Senegal por 0-1 en el partido inaugural del Mundial de Corea y Japón de 2002. Francia no pasaría de la fase de grupos, pero Senegal llegaría a cuartos como la auténtica revelación del torneo.

La figura de Diagne emerge desde el siglo pasado para recordar que la identidad de un país no se mide en obsesiones cromáticas, sino en la historia compartida, el talento y el orgullo de defender una camiseta. Este martes en el césped, los herederos de la Araña volverán a demostrarlo ante una España también, ciertamente, multicultural.

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