La Navidad y el Año Nuevo del hemisferio sur coinciden con el verano austral y, por ello, tienen un punto más lúdico gracias al buen tiempo que incita y acompaña. Este ambiente fue extraordinario en la Argentina del año 2022, cuando ganó el campeonato mundial de fútbol celebrado en el invierno de Qatar. La alegría se transformó en chanzas y una de las más virales fue la frase "segundo, Francia", que se popularizó cuando empezó a usarse como remate de brindis, saludos o felicitaciones: "Primero, gracias…; segundo, Francia" o "lo primero, la familia…; lo segundo, Francia".
Luego del último Mundial, ese ambiente en el que los contendientes se pican y hacen bromas —algo propio de la testosterona del fútbol— ha sido muy distinto. Las cosas se salieron de quicio cuando un grupo de exaltados —que trascendía a las personas procedentes de los Estados enfrentados en la final— pasó a descalificar a colectivos nacionales enteros mediante agravios de ida y vuelta. Se entró en un clima de agitación en el que el fútbol como deporte pasó a un segundo plano y se impusieron los debates sobre, por ejemplo, el like de una conocida artista a una publicación que celebraba el resultado del torneo con una de sus canciones o sobre las palabras de Messi a sus compañeros antes del partido; todo ello, en medio de teorías conspirativas en las que, como no podía ser de otra manera, los masones y el FBI eran los protagonistas. En resumen, se terminó hablando de todo menos del juego en sí.
La confrontación y el agravio colectivo provocaron incluso que se pronunciaran la presidenta de México y el presidente de Argentina. Mientras Claudia Sheinbaum pedía que se respetara a su país, Javier Milei emitía un decreto de necesidad y urgencia que prohibía el ingreso al país a "todo extranjero que dirigiere o incitare mensajes de odio, discriminación y/o violencia contra el pueblo argentino o sus ciudadanos por razón de su nacionalidad, así como el ultraje a los símbolos patrios", medida extensible a quienes ya vivían en el país, que podrían ser expulsados.
En medio del griterío sobresalieron personas que llamaron a la sensatez, como el exfutbolista argentino Óscar Ruggeri, poco sospechoso de no saber de fútbol o de no querer a su país. En este sentido, resulta reconfortante que el debate sano centrado en el fútbol, no exento de humor y picardía, se mantuviera en el ecosistema youtuber. Sin duda, en ello ha influido el hecho de que sus protagonistas sean jóvenes que, aun defendiendo lo local y sintiendo los colores de sus camisetas, se han criado y socializado con lo global como frontera, conscientes de que su mensaje puede llegar a 21 países que suman una audiencia de más de 600 millones de personas que comparten una lengua.
Encontramos un ejemplo de ello en el argentino Davoo, quien esta misma semana transmitía desde Sevilla en un tono de buena sintonía. Lo mismo se percibe en los vídeos en los que participan figuras de las redes como el también argentino Laureano del Campo —alias La Cobra— y los españoles DjMaRiiO e Ibai Llanos. Entre los cuatro suman más de 20 millones de seguidores en Instagram; pero, más allá de su gran audiencia, son personas que ven todo el fútbol que pueden y del lugar que sea, lo que les ha permitido mantener la objetividad sin olvidar que un partido se gana, se pierde o se empata.
Según un estudio del BID, el fútbol es para los argentinos la principal característica que identifica a su país frente al resto del mundo"
No obstante, hay que intentar entender al variopinto grupo de personas que se tomó como una afrenta personal tanto la derrota como lo que vino después. Más allá de una interpretación fácil basada en el chovinismo, creo que es necesario comprender la relevancia del fútbol y de otros elementos en la construcción de la identidad de ese sector de ciudadanos del país subcampeón. Como aproximación, tenemos el dato de un estudio del BID y Latinobarómetro, realizado entre 2015 y 2016, que indica que el deporte —ergo, el fútbol— es, para los entrevistados argentinos, la principal característica que identifica a su país frente al resto del mundo, muy por encima —casi el doble— de la segunda opción, el destino turístico.
Otra pista se encuentra en el estudio del think tank Pew Research, que preguntó este mismo año, en varios países, de qué se sienten orgullosas las personas respecto al suyo propio. En el caso de Argentina, las respuestas señalan a su gente como el principal elemento (35 %). Este dato se complementa con otros que también muestran una identidad muy vinculada a lo territorial, como haber nacido en Argentina o tener ascendencia argentina (15 %). Las artes y la cultura del país, otro aspecto en el que Argentina destaca, son mencionadas por un 14 %. En las entrevistas que complementan la encuesta, una persona señaló que se siente orgullosa simplemente "porque nací aquí y me encanta"; además, en comparación con otros países, son relativamente pocos quienes mencionan elementos negativos.
Estos datos generales nos sirven para poner en contexto lo señalado por ese pequeño grupo que se tomó a la tremenda todo lo ocurrido. En sus declaraciones decían con frecuencia que eran "los mejores". Los argumentos que esgrimían eran que son los vigentes campeones del mundo, que tienen al mejor jugador actual y al mejor del pasado o, recurrían a razones más discutibles como que son quienes mejor festejan o quienes sienten la mayor pasión por su selección. A todo ello se suma la conjunción simbólica entre el fútbol y la soberanía nacional —el territorio—, con la disputa por las Malvinas como telón de fondo.
Cabe decir que las expectativas puestas en la victoria por ese sector superaban con creces las de los aficionados de cualquier otro país. Mi hipótesis para explicarlo es que, para muchos de ellos, el Mundial se convirtió en algo parecido a lo que uno de los teóricos políticos más reputados de Argentina, Ernesto Laclau, definió mediante los conceptos de "significante vacío" y "cadena de equivalencias".
Me explico: Laclau sostenía que lo social está conformado por demandas múltiples, particulares y heterogéneas —vivienda, salud, educación, etc.— que son tratadas por el sistema institucional de forma aislada e independiente, sin que se conecten entre sí. Pero, cuando estas demandas empiezan a percibirse como bloqueadas por un mismo obstáculo —un Gobierno, una élite o la FIFA—, dejan de estar separadas para volverse equivalentes al compartir el adversario común que las causa. Ahora bien, para que este sentimiento de agravio dé lugar a un "sujeto político" con capacidad de movilización, es necesario que una de las demandas se transforme en una especie de símbolo que represente al resto del conjunto, a la "cadena de equivalencias" en su totalidad, lo que convierte dicha demanda específica en una aspiración compartida por toda la cadena.
Ese significante, que condensa aspiraciones diferentes sin identificarse plenamente con ninguna de ellas, es el "significante vacío".
Quizá el error sea pedirle al fútbol que confirme quiénes somos, porque entonces perder una final deja de ser una derrota deportiva para convertirse en algo más"
En resumen, el Mundial dejó de ser un simple torneo de fútbol para convertirse en el "significante vacío" de reafirmación y constatación de lo que muchos pensaban de sí mismos y de aquello a lo que aspiraban. La victoria habría servido como mecanismo de confirmación de que eran los mejores, que tenían al mejor y, sobre todo, habría simbolizado que el país podría salir adelante incluso en las situaciones más difíciles, pues, si las cosas fallaban, siempre ocurriría algo excepcional que los salvase: una genialidad de Messi o la mano de Dios. El problema es que eso no ocurrió y el resultado terminó desencadenando reacciones que fueron mucho más allá de lo futbolístico. Quizá el error sea pedirle al fútbol que confirme quiénes somos, porque entonces perder una final deja de ser una derrota deportiva para convertirse en algo más que acaba afectando a toda la "cadena de equivalencias".
Francisco Sánchez es director del Instituto Iberoamericano de la Universidad de Salamanca. Aquí puede leer todos los artículos que ha publicado en www.elindependiente.com
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