Me preocupa que el miembro del Consejo de Ministros del Reino de España que más opina sobre los gobiernos iberoamericanos sea el titular de Transportes y Movilidad Sostenible, el Sr. Óscar Puente. Mi inquietud se debe, sobre todo, a que el hecho de aparecer como un habitual del timeline de la cuenta de X del ministro suele ser un indicador de su ojeriza y ensañamiento. Y más allá de que el Sr. Puente pueda hacer uso de su libertad para ser faltón con quien quiera, sus modos y maneras dicen más de él y de quienes lo aúpan que de los agredidos.
No me vale como justificación que la mayoría de los ataques de sus dedos viperinos se dirijan contra presidentes latinoamericanos de derecha, porque sus posts no buscan el debate ideológico sino el agravio personal, el y tú más y la ofensa a los adversarios políticos locales que relaciona con ellos. Es una obviedad que hay gobiernos reprobables; yo mismo he ejercido la crítica desde estas páginas en defensa de la democracia. Sin embargo, en lugar de la chanza o la reducción al absurdo, conviene usar argumentos y evidencia, imprescindibles para el debate de altura. Por eso, cosa bien distinta sería si la disputa se centrase en temas como los derechos humanos, la protección de las instituciones democráticas o las diferencias entre las políticas públicas de izquierda y de derecha. Por el contrario, la revisión del timeline del Sr. Puente demuestra que su praxis está muy alejada de ese registro, no sé si por voluntad o por incapacidad.
El asunto de fondo es que no es un ciudadano cualquiera quien lanza los mensajes acusatorios contra el presidente Milei -al que además señaló por consumir "no sé qué sustancias"-, o quien retuitea y comenta un post en el que se critica un tiktok bastante poco afortunado del presidente de Colombia o el que se dirige al alcalde de Sevilla con un "ya tú sabeh!" imitando lo que según él es "acento centroamericano" (sic), sino una persona cuyo nombre y firma aparecen en el BOE bajo el título de ministro. Se presupone que eso conlleva lo que se denomina sentido de Estado. Pero además, más allá de las formas inadecuadas, me pregunto sobre todo si al encargado de Transportes le corresponde establecer los términos en los que el Reino de España debería relacionarse con los gobiernos de América Latina
Otro aspecto que hemos de tener en cuenta es que, si al Sr. Puente no le gustan las tendencias autoritarias de algunos gobiernos latinoamericanos, podría dedicar un poco más de esfuerzo a señalar los atropellos que cometen los gobiernos de Nicaragua o Cuba contra sus ciudadanos. En la misma línea, se ha cubierto de gloria al opinar sobre Venezuela, jugando con la ambigüedad respecto a una dictadura en la que tan bien se movía el expresidente Rodríguez Zapatero —algunos de cuyos detalles se están haciendo públicos gracias a los procesos judiciales que están en marcha— y mostrando, al mismo tiempo, falta de tacto y empatía con las personas que la padecen.
En resumen, los posts del Sr. Puente se bambolean entre el vituperio y la condescendencia paternalista cuando se refieren a algún político o país latinoamericano o del Caribe. Por otro lado, si bien es cierto que el presidente Trump es objeto permanente de sus ataques, América Latina es su área de interés favorita frente a otros países con los que España tiene una intensa relación, como Marruecos. Al hacer una búsqueda en su cuenta no he encontrado ni un solo tuit en el que critique las "excentricidades" del rey Mohamed VI. Es más, cuando tuitea sobre ese país adopta un tono institucional que ya me gustaría que también usara cuando se trata de Iberoamérica.
Convertir las diferencias políticas en burlas personales difícilmente contribuye al prestigio internacional de España"
Más allá de que lo anterior pueda verse como una simple manifestación de lo que el Sr. Puente y sus forofos consideran que es ser de izquierda, no hay que olvidar que España será el país anfitrión de la XXX Cumbre Iberoamericana en poco más de dos meses. Se trata de una reunión de especial trascendencia porque se supone que el Gobierno intentará relanzar los vínculos con una región que, sobre el papel, es estratégica para las relaciones internacionales de España y no sé si será de mucha ayuda que un ministro campe por X teniendo en la diana a varios presidentes de América Latina. Se me dirá que hay algunos presidentes, como el argentino Javier Milei, que han sido irrespetuosos o que se han entrometido en asuntos locales y que no se pueden quedar sin respuesta. A ellos les pregunto: ¿es una muestra de madurez e inteligencia ponerse a la altura del faltón y entrar en una pelea de patio de colegio en redes?
La política exterior exige prudencia, coherencia y una conciencia clara de que la palabra de un ministro nunca es enteramente privada. En vísperas de una Cumbre Iberoamericana que debería servir para reconstruir confianzas y reforzar una relación estratégica, España necesita interlocutores capaces de reconocer la pluralidad política de América Latina, defender con firmeza la democracia y los derechos humanos y discrepar sin recurrir al agravio. Tender puentes no significa renunciar a la crítica, sino ejercerla con argumentos, respeto y sentido de Estado. Convertir las diferencias políticas en burlas personales quizá proporcione notoriedad inmediata en las redes sociales, pero difícilmente contribuye al prestigio internacional de España ni a una relación madura entre sociedades que aspiran a encontrarse en condiciones de igualdad.
Francisco Sánchez es director del Instituto Iberoamericano de la Universidad de Salamanca. Aquí puede leer todos los artículos que ha publicado en www.elindependiente.com
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