El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) se dispone a dar su visto bueno a la renovación de licencia de explotación de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) hasta que cumpla 60 años. El pleno del organismo empezará esta semana a estudiar la abundantísima documentación, unos 160 informes, elaborada por sus cuerpo técnico sobre la reactivación de la nuclear más vieja de España, que se mantiene cerrada desde finales de 2012.

La dirección técnica del CSN aboga en esos informes por avalar la reapertura de la planta, pero imponiendo nuevas condiciones y exigiendo la ejecución de más inversiones para adaptar la central a los criterios de seguridad para operar a largo plazo. El pleno del CSN no aprobará su decisión definitiva hasta dentro de unas semanas, el proceso será largo. Pero esa decisión puede acabar siendo crucial para el sector nuclear español al completo, porque el ‘sí’ del CSN supone que establecer que no existe impedimentos técnicos para que las centrales funcionen a largo plazo, e incluso hacerlo hasta los 60 como ya sucede en otros países.

El CSN sólo da su visto bueno técnico a la reapertura, no obstante. Es el Gobierno el que tiene la potestad única de aprobar la renovación de la licencia de explotación, decidir con qué condiciones y también durante cuánto tiempo. Y este último aspecto, el temporal, resulta clave en esta batalla.

Los propietarios de Garoña, Endesa e Iberdrola controlan la planta a partes iguales a través de la sociedad Nuclenor, solicitaron en 2014 la ampliación de la vida de la central hasta 2031, justo cuando cumple 60 años desde su construcción.

La petición de nueva licencia era pues para un periodo de 17 años (con el tiempo transcurrido desde entonces, ahora sería por más de 14), a pesar de que tradicionalmente el CSN y el Gobierno sólo avalaban la concesión de permisos por un máximo de 10 años para acompasarlos a la realización de inspecciones técnicas en profundidad que se realizan cada decenio. No obstante, el CSN ha cambiado la normativa para hacer posible superar ese plazo en las nuevas licencias.

La batalla de Iberdrola y Endesa por la reapertura de Garoña ha sido larga. Han pasado ya casi tres años desde que remitieron al entonces Ministerio de Industria la petición de renovación de licencia (cuya presentación fue posible, además, sólo gracias a reformas legales ad hoc aprobadas por el propio Gobierno).

Sin embargo, incluso cuando se obtenga el visto bueno del CSN en las próximas semanas, todo el sector eléctrico y nuclear da por hecho que Garoña no reabrirá. La versión oficial que mantienen los dueños es que, obtenido el aval del supervisor y una vez establecidas las condiciones de la nueva licencia por parte del Gobierno, Nuclenor echará cuentas para determinar si resulta rentable volver a poner en marcha la central teniendo en cuenta la cuantía de las inversiones pendientes. De hecho, las inversiones exigidas hasta ahora ya han sido motivo de choque en el último año entre las eléctricas y el propio CSN, hasta el punto de haber ralentizado el proceso de estudio de los informes.

Pero la reapertura de la central de Garoña es más que improbable, según explican a El Independiente varias fuentes próximas a Nuclenor. El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, trasladó a los sindicatos del grupo que la central burgalesa no reabriría. Desde Endesa se defiende públicamente la viabilidad de la planta, pero ciertamente con poco entusiasmo. Hay demasiados peros.

Las compañías propietarias mantienen el pulso para conseguir el visto bueno del CSN a la renovación de la licencia. Pero sus planes no pasarían en principio por aprovechar ese visto bueno para reabrir Garoña, una central antigua, pequeña en relación a la capacidad de las más modernas y que lleva ya cuatro años cerrada, lo que complica mucho que a las eléctricas les salgan las cuentas para hacer rentable la reapertura. “Si hubieran aprobado la reapertura hace tres años, probablemente saldrían las cuentas. Pero ahora es muy díficil”, dice un directivo conocedor de los planes del gestor de la central.

El informe del supervisor pretende utilizarse, según fuentes del sector, como aval de la viabilidad técnica de que las centrales funcionen más allá de los 40 años. El ‘sí’ a la reactivación de Garoña supondría un precedente para el resto de plantas españolas (controladas también por Iberdrola, Endesa y Gas Natural Fenosa), que verían abierta la puerta a renovar sus licencias más allá de las cuatro décadas.

La reivindicación tradicional del sector nuclear pasa por que el Ejecutivo avale el funcionamiento del parque de centrales hasta los 50 o los 60 años de vida útil. De hecho, Endesa ya elabora su cuenta de resultados calculando las amortizaciones de sus centrales nucleares dando por hecho que estarán activas durante cinco décadas, y ha comprometido inversiones por 500 millones en sus centrales si el Gobierno amplía su vida útil hasta ese límite.

Todos los grupos parlamentarios, con la excepción del PP y Democracia i Llibertat (la antigua CiU), se han mostrado en contra de la reapertura de la vieja central y han solicitado paralizar el expediente. Pero el CSN ha continuado con los trabajos y ha mantenido viva una batalla que en el fondo no es tanto por Garoña como por ampliar la vida del resto de centrales nucleares españolas. Y ésa sí será la gran batalla.