El consejo de administración de Popular se reunirá en la mañana del jueves para analizar las ofertas presentadas por las entidades interesadas en adquirir su negocio. Sobre la mesa, figurarán las propuestas de Santander y Bankia, pero la noticia está en el lado de las ausencias. BBVA, interesado desde hace meses en absorber Popular, ha sorprendido en el último momento con su decisión de no participar en la puja.

Un movimiento que no debe entenderse, en ningún caso, como una retirada. De hecho, la entidad presidida por Francisco González sigue siendo la principal interesada por hacerse con el negocio de Popular, según confirman a El Independiente fuentes financieras.

BBVA ha sido constantemente señalada como una de las principales candidatas a hacerse con Popular. Este mismo miércoles, los analistas de Alantra refrendaban su visión de que se trata de la firma con más opciones para adquirir el negocio del banco que preside Emilio Saracho, que le permitiría rebajar su alta dependencia de las hipotecas residenciales y reequilibrar su estructura regional, actualmente demasiado centrada en México y Turquía.

Sin embargo, los últimos movimientos de algunos de sus competidores han generado cierto recelo en BBVA, que ha preferido permanecer agazapado, para que sean el resto de candidatos los que se signifiquen primero, antes de verse involucrado en una guerra que pudiera acabar inflando los precios.

Así, al igual que han hecho Sabadell y CaixaBank, las otras entidades que han participado en la fase previa del proceso, BBVA ha eludido poner precio a Popular, a pesar de que lleva varios meses analizando la operación. En cambio, el grupo que lidera Ana Patricia Botín y el presidido por José Ignacio Goirigolzarri, tras comunicar a Emilio Saracho su intención de continuar en el proceso, han tenido que confesar ya al vendedor los principales detalles de su oferta; sobre todo, cuánto estarían dispuestos, de entrada, a pagar y cómo piensan estructurar ese pago.

BBVA evita poner precio a Popular, un paso que ya han dado Santander y Bankia

Con su paso, Santander y Bankia se aseguran el acceso a los libros completos de Popular, tras haber podido analizar durante la fase anterior una muestra de los activos en el balance del banco. De este modo, ambos candidatos tendrán acceso a la letra pequeña de las cuentas de Popular; es decir, la que refleja cuán dañado está el balance del banco por los activos problemáticos. Al cierre del primer trimestre, Popular acumulaba un monto de activos no productivos valorado en unos 37.000 millones de euros (incluyendo activos adjudicados y dudosos).

La entidad que preside Ana Patricia Botín se habría mostrado a lo largo de las negociaciones como el banco más capacitado para digerir la limpieza del balance de Popular. Mientras, Bankia habría acudido al proceso tras recibir la llamada de JP Morgan y Lazard, los bancos de inversión que han asumido el encargo de intermediar la venta. Tras ese movimiento, Goirigolzarri habría solicitado personalmente al ministro de Economía, Luis de Guindos, el visto bueno para participar en el proceso.

Según han transmitido a los interesados las entidades que dirigen el proceso, la intención es dar por cerrada la venta antes del 10 de junio, con la intención de que el proceso de integración pueda estar ya perfilado cuando Popular presente sus cuentas del segundo trimestre. No obstante, fuentes cercanas al proceso aseguran que los tiempos variarán en función de la negociación con los interesados, aunque, según fuentes conocedoras del proceso, éste no se alargará en ningún caso más allá del verano.

Alternativas

Desde el sector se observa con cierta extrañeza algunos de los pasos dados por la entidad que preside Emilio Saracho, como el de prescindir de la fase preliminar del proceso de venta, dando paso directamente a la due diligence, que parecen indicar bastante urgencia por cerrar la venta. Esta premura no sólo contrasta con las insistentes llamadas desde los organismos financieros recalcan que el banco no está en riesgo de insolvencia, sino que resulta contraproducente a la hora de obtener un buen precio por los activos en venta.

Del mismo modo, consideran un grave error declaraciones como las realizadas por Saracho en la junta de accionista del pasado 10 de abril, cuando advirtió de que el banco se enfrentaba al dilema de una venta o una macroampliación, unos comentarios que recrudecieron la preocupación del mercado sobre la salud de Popular, cuya cotización se ha hundido cerca de un 18% desde entonces.

En el mercado se observan con extrañeza algunos de los pasos dados por Saracho

Frente a las lecturas más inquietantes, fuentes oficiales del sector financiero señalan que Popular podría recurrir a otras soluciones como la venta de activos -Wizink o el negocio de Estados Unidos son algunas de las opciones más evidentes-, con las que podría obtener en torno a 2.000 millones de euros que aliviarían la situación de la entidad.

Al mismo tiempo, y según se afirma desde Popular, la dirección del banco sigue trabajando en una posible ampliación de capital, como alternativa al traspaso. Esta vía, no obstante, parece cada vez más improbable, a juzgar por los problemas que atraviesa la entidad y por lo complicada que se anticipa otra operación de este tipo. El banco ya ha realizado dos grandes operaciones en los últimos años, por valor de 5.000 millones.

Sin embargo, a tenor del agujero que presenta en su balance Popular, que algunas fuentes cifran en al menos 7.000 millones de euros de pérdidas esperadas sin provisionar, son varias las firmas de análisis que apuestan a que el banco no tendrá éxito en su estrategia de venta a menos que rebaje de forma notoria sus objetivos de precio, que se situarían actualmente en el entorno de los 4.000 millones de euros, un 42% por encima de su valoración bursátil actual.

Teniendo en cuenta esto, en Alantra sostienen que las opciones de una venta o de una ampliación de capital se dividen ahora en torno a un 50% cada una, mientras que en Fidentis defienden que “la opción más probable es un aumento de capital. Estimamos unas necesidades de capital de al menos 4.000 millones de euros”.