El cruce de amenazas entre Estados Unidos y Corea del Norte está teniendo una gran resonancia en los mercados financieros. Los temores a que la escalada verbal acabe derivando en un enfrentamiento armado ha puesto en alerta a los inversores internacionales, que han optado en los últimos días por guarecerse ante posibles tormentas.

Los síntomas de este tipo de movimientos de aversión al riesgo son muy evidentes: los índices de volatilidad -los llamados indicadores del miedo– han remontado más de un 60% en cuatro días y se aproximan a sus niveles más altos del año; los activos refugio, con el oro a la cabeza, han experimentado notables entradas de dinero en los últimos días; y las bolsas han sufrido un agudo revés, liderado por los sectores más sensibles al sentimiento del mercado.

La bolsa española no ha sido una excepción en este inquietante escenario. El Ibex 35 se acerca al final de la semana con un recorte acumulado del 3,2%. Se trata de su peor saldo semanal en diez meses y se sitúa, de este modo, en sus niveles más bajos desde el 12 de marzo, al filo de los 10.300 puntos.

La banca, muy sensible al sentimiento del mercado, lidera las caídas

El retroceso del índice español ha estado encabezado por la banca, uno de los sectores que mejor comportamiento había mostrado a lo largo del año. Bankia se ha dejado alrededor de un 6,5% de su valor, cercenando buena parte de las ganancias acumuladas tras el acuerdo de integración de BMN, mientras que Santander y BBVA registran descensos en el entorno del 5%.

También ha sido una semana aciaga para Siemens Gamesa, que pierde cerca del 6%, penalizada aún por sus débiles resultados, y Técnicas Reunidas, que firma un tropiezo similar. Todos los valores del índice se acercan al fin de la semana en números rojos, aunque Enagás, aprovechándose de su carácter defensivo -con un negocio menos expuesto al ciclo económico- sufre un descenso muy limitado.

El traspiés del Ibex va en paralelo al del resto de grandes índices mundiales. El EuroStoxx 50 también se mueve en mínimos de cinco meses, tras ceder cerca de un 3% en la semana, mientras que en Wall Street el S&P 500 resta un 1,5% antes de la apertura de este viernes.

Confianza en la recuperación

Todas estas cifras son reflejo de las dudas suscitadas por las tensiones geopolíticas y los expertos no descartan que puedan ir a más en el corto plazo. «Hasta que no se aclare si las tensiones con Corea del Norte van a más o no creemos que los inversores decidirán mantenerse a la espera o ir tomando beneficios», observan los analistas de Link Securities.

Lo cierto es que el movimiento de caída se ha visto favorecido por dos factores. El primero son las fuertes ganancias acumuladas durante la primera parte del año; de hecho, y a pesar del castigo semanal, el Ibex aún suma más de un 10% en 2017. El otro, son los bajos volúmenes de negociación habituales de agosto, que exacerban cualquier movimiento sobre el parqué.

La buena marcha de la economía y el apoyo de los bancos centrales favorece la recuperación

Con todo esto, los expertos confían en que, si el conflicto entre Estados Unidos y Corea del Norte no va a mayores, las bolsas puedan recuperar el impulso en las próximas semanas. «Si las tensiones no van a mayores, estas caídas pueden ser una buena oportunidad de inversión», defiende Jorge Lage, analista de CM Capital Markets, quien cree que sectores como banca o materias primas, muy penalizados por esta coyuntura, pueden ofrecer buenos niveles de entrada.

Al fin y al cabo, «los datos económicos están yendo bien, los resultados también están mejorando, hay un montón de dinero en los mercados debido a las políticas de estímulo de los bancos centrales y no hay muchas alternativas para la inversión, dados los bajos tipos de la deuda…en este contexto, lo normal es que si no hay ninguna sorpresa las bolsas sigan subiendo», comenta Lage.

También desde Deutsche Bank Wealth Management se muestran confiados en que las bolsas sellen un buen último tramo del año. Entre las razones que aducen se encuentran los buenos datos de la economía europea, la expectativa de reforma fiscal en Estados Unidos y la mejora de los mercados emergentes, favorecida por el reciente debilitamiento del dólar.

Un escenario casi idílico para la renta variable. Siempre, eso sí, que no lo enturbien Estados Unidos y Corea del Norte.