España acumula cuatro años consecutivos con récord de llegadas de turistas internacionales.  Y 2017 será el quinto. El aluvión de llegadas de viajeros extranjeros y la recuperación de la demanda de los turistas nacionales tras la crisis han provocado que en algunos de los destinos más visitados hayan empezado a generarse problemas ligados a la saturación.

La masificación ha derivado en la aparición en algunas regiones españolas de un sentimiento de rechazo contra el sector y contra el propio turista. Una ola de turismofobia –así se ha venido a llamar el fenómeno- que en algunos destinos como Barcelona o Mallorca ha llevado a grupos ligados al independentismo a rebasar la barrera del incivismo y protagonizar actos vandálicos contra empresas turísticas.

España recibió el año pasado 75,3 millones de turistas extranjeros. Una cifra que supone que a lo largo del año llegaron 1,6 turistas por cada uno de los 46,5 millones de habitantes del país. Las previsiones del sector para este ejercicio auguran que las llegadas de viajeros internacionales alcanzarán los 84 millones al cierre de 2017, con lo que la ratio escalaría hasta 1,8 turistas por cada habitante.

La carga a priori es asumible para un país que tiene en el turismo su gran locomotora económica, y que cuenta con infraestructuras y servicios ya dimensionados para aumentos puntuales de la población. Sin embargo, toda esa millonada de turistas no reparte sus llegadas de manera equitativa a lo largo del año –sino que se concentran fundamentalmente en los meses de verano- ni por toda la geografía española –siendo los destinos más visitados son las islas y la costa mediterránea-, así que la sensación de saturación y los problemas de la masificación va por barrios.

En el boom del turismo también hay dos Españas. La España del sol y playa es la que se beneficia de la buena marcha del turismo y también la que padece en mayor medida las externalidades derivadas de la masificación. Mientras que los destinos de interior y del norte de la Península el efecto del boom de llegadas de los últimos años es menor.

Baleares y C-LM, los extremos

La carga turística generada por el turismo es realmente dispar entre las diferentes comunidades autónomas. Baleares recibió el año pasado 11,3 turistas internacionales [no se incluyen los turistas españoles por falta de datos sistematizados en todas las regiones] por cada uno de sus habitantes. Casi 13 millones de viajeros internacionales y apenas 1,15 millones de habitantes en las islas. Y aunque los visitantes se reparten a lo largo de todo el año, en los últimos veranos se han registrado días en que la población presente en el archipiélago se ha duplicado con la llegada de turistas.

Canarias recibió el año pasado 13,2 millones de visitantes internacionales, lo que supone 6,2 por cada uno de sus habitantes. Y Cataluña acogió 2,44 turistas por cada uno de sus residentes el año pasado. La Comunidad Valenciana y Andalucía también recibieron más turistas que habitantes tiene, con unas ratio de 1,57 y 1,26 viajeros por cada residente, respectivamente.

En el extremo contrario, están especialmente regiones de interior. Castilla-La Mancha recibe, por el contrario, un turista internacional por cada 8,7 habitantes. Extremadura tiene 4,1 vecinos por cada visitante extranjero. En Asturias son 3,7 residentes por cada viajero internacional. Y entre las comunidades que reciben en torno a la mitad de turistas extranjeros por cada uno de sus habitantes están Galicia, Navarra, La Rioja y Castilla y León.

España, ¿el mayor destino mundial?

España puede convertirse este año en la mayor potencia global por número de llegadas de turistas extranjeros si cumple la previsión de superar los 84 millones de visitantes. Francia rondó el año pasado los 83 millones de turistas, y ya sufrió una caída de en torno a 2 millones de turistas (sólo en París el desplome sería de 1,3 millones de visitantes) por el descenso de la demanda tras los varios atentados terroristas sufridos en los dos últimos años.

Estados Unidos prácticamente empató en 2016 con España con unos 75 millones de turistas. Una cota, en cualquier caso, que será claramente desbordada por la fortaleza del incremento de las llegadas a los destinos españoles este año y porque, según algunas previsiones, las visitas a EEUU podrían incluso caer este año por las restricciones a los viajes a algunos países musulmanes impuestas por la Administración Trump y el efecto contagio sobre el ánimo de viajeros procedentes de otros países.

Alcanzar los 84 millones de viajeros este año supondría disparar las llegadas de turistas un 40% en una década

España tradicionalmente ha sido el segundo país del mundo con más llegadas de turistas internacionales. En 2008, sin embargo, Estados Unidos ocupó esa posición aprovechando el bajón de demanda que provocó el inicio de la crisis y en 2010 China directamente nos dejó fuera del podio. Pero desde entonces, España se ha embarcado en un boom de llegadas imparable, impulsado por los problemas de destinos rivales del Mediterráneo.

La inestabilidad geopolítica de países como Egipto, Túnez y Turquía ha provocado el desvío de millones de turistas extranjeros que han dejado de viajar a estos países y que han acabado recalando en España. Según las estimaciones del sector, el aluvión de llegadas ha estado alimentado por cerca de 12 millones de turistas prestados.

En 2010 España recibió 52 millones de turistas extranjeros, saltó los 56,6 millones al año siguiente –cuando estalló la Primavera Árabe-, a los 57,7 millones en 2012, se superaron por primera vez los 60 millones en 2013, se rozaron los 65 millones en 2014, los 68 millones en 2015 y los 75 millones el año pasado. La previsión de alcanzar los 84 millones de viajeros que se maneja para este año supondría que el país ha disparado las llegadas de turistas un 40% en una década.