El fervor proteccionista de Donald Trump va a tener como inesperada víctima a la aceituna española. El Gobierno de Estados Unidos abrió hace meses una investigación formal  para determinar si las olivas negras españolas se comercial en el país con precios excesivamente bajos gracias a las subvenciones públicas que reparte la Unión Europea, lo que supondría una competencia desleal e ilegal con los productores locales.

Ahora la Administración Trump da el primer paso para poner freno a las importaciones de aceitunas españolas. El Departamento de Comercio ha decidido imponer un arancel preliminar a las olivas negras que oscila entre el 2,31% y el 7,24% en cada compra. Se trata de una suerte de medida cautelar para proteger a los productores estadounidenses mientras se sigue desarrollando la investigación.

«Estados Unidos valora sus relaciones con España, pero incluso los países amigos deben cumplir las reglas», ha espetado Wilbur Ross, el secretario de Comercio de Estados Unidos, en un comunicado. «Seguiremos evaluando toda la información relacionada con esta decisión preliminar mientras defendemos a las empresas y trabajadores estadounidenses».

España, potencia aceitunera global

El conflicto comercial está lejos de ser una anécdota. Y es que España es una auténtica potencia en el sector de la aceituna de mesa, la que no se transforma en aceite, sino que se come directamente. Somos el mayor productor mundial (con casi 600.000 toneladas de aceitunas el año pasado) y somos el mayor exportador (con más de 332.000 toneladas vendidas a 180 países y concentrando el 21% de todo el comercio internacional del producto).

Un potencia que tiene en Andalucía, singularmente Sevilla, y Extremadura sus epicentros productores. De las 405 industrias entamadoras -la que se dedica a transformar la oliva en aceituna de mesa- que operan en España, más de la mitad se concentran en territorio andaluz y otro centenar en la región extremeña. Les sigue de lejos Aragón con 35 plantas.

Y ahora los cimientos de este emporio global se tambalean, porque es precisamente Estados Unidos el principal destino de las exportaciones nacionales. El gigante americano compró el año pasado más de 78.000 toneladas de aceitunas de mesa españolas, casi una cuarta parte de todas las ventas internacionales del sector patrio. Las ventas del sector aceitunero a EEUU rondaron el año pasado los 71 millones de dólares (unos 60 millones de euros al cambio actual). Y la guerra con la Administración Trump puede acabar tumbando la actividad de muchas de las empresas de esta industria.

Ataque a las ayudas de la UE

La Asociación de Exportadores e Industriales de Aceitunas de Mesa (Asemesa) entiende que la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos no se trata de un ataque a los productos españoles, sino que supone una forma de poner en cuestión todo el sistema de ayudas agrícolas de la Unión Europea. «Se imponen unos derechos arancelarios para compensar precisamente las ayudas que recibe la aceituna, con lo que se está poniendo en cuestión todo el sistema de ayudas de la Unión Europea, no a la aceituna de mesa española», sostiene Antonio de Moras, secretario general de Asemesa.

Las compañías californianas Bell Carter Food y Musco Family Olive Company –las dos únicas que producen aceituna de mesa en aquel estado- presentaron el pasado junio una demanda ante el Departamento de Comercio. Las dos compañías, agrupadas bajo el pretencioso nombre de Coalición por el Comercio Justo de las Aceitunas Maduras, denuncian que las empresas españolas venden en EEUU las olivas negras a un precio inferior a los costes, lo que supone una práctica comercial ilegal denominada dumping, y que consiguen hacerlo gracias a las ayudas públicas de la UE al campo europeo.

El momento del arranque de la batalla legal no fue casual. Las dos empresas estadounidenses presentaron la demanda apenas unos días después de que se presentara en Nueva York un plan de acción respaldado por la Comisión Europea para elevar aún más las ventas de aceitunas españolas en el país.

La industria aceitunera veía margen para seguir creciendo en EEUU: ya vende 78.000 toneladas al año, pero el país compra más 136.000 toneladas en el exterior, así que el potencial de mejora es evidente. Y por eso ha lanzado un programa de promoción para el trienio 2017-2019 con un presupuesto de 7,5 millones de euros, que contaba con la financiación directa de la Unión Europea. Los planes ahora pueden verse frenados en seco.