España es el país con el AVE menos utilizado del mundo. Y también el que posee el tren con menor “intensidad de uso” de su infraestructura a nivel mundial, compuesta de más 3.000 kilómetros, según el Administrador de Infraestructuras Adif. Según los datos actualizados de la Unión Internacional de Ferrocarriles (UIC, del inglés) correspondientes a 2016 y obtenidos por este medio, el AVE patrio tiene menos de 15 viajeros por kilómetro. A mucha distancia de sus rivales europeos Francia y Alemania y a años luz de potencias de la tecnología ferroviaria como Taiwán, Corea del Sur y, sobre todo, Japón.

España es el segundo país del mundo en número de kilómetros de red, solo por detrás de la imbatible China cuyo entramado supera los 20.000 kilómetros. Sin embargo, los usuarios del AVE españoles son los que menos distancia recorren: sumando todos los viajes salen 15.059 millones de kilómetros en 2016. La intensidad de la utilización de la red sale de dividir los kilómetros totales de la red entre los kilómetros recorridos. Cada kilómetro de alta velocidad en Japón tiene más de 166 pasajeros de media, más de 161 en el caso taiwanés y casi 100 en Corea del Sur.

“Somos los que más larga la tenemos y los que menos la usamos”, ironiza siempre en sus conferencias el economista de la Universidad de Barcelona Germà Bel, coautor en 2015 junto con Daniel Albalate del archiconocido estudio de Fedea La experiencia internacional en alta velocidad ferroviaria, la obra más crítica sobre esta clase de tren publicada en España. “Las infraestructuras no están para tenerlas”, razona Bel, “sino para usarlas”. Las conclusiones del documento de Fedea son prácticamente calcadas a los números que aporta la UIC.

De 2008 (23,32 millones de viajeros) a 2012 (22,3 millones) la cifra de viajeros se estancó; a principios de 2013, Ana Pastor anunció una batería de agresivos descuentos en billetes de alta velocidad. Desde 2013, Renfe Operadora viene anunciando “cifras récord”, con 35,2 millones en 2016 que van a ser mejorados en 2017 gracias a la política de venta de pasajes a 25 euros con motivo del 25 aniversario del AVE. Pero también es cierto que la red ha crecido en el último lustro (Alicante, Palencia, León, Zamora, Frontera Francesa) y que el incremento de usuarios tiene sus claroscuros.

La ratio irá a peor

“En primer lugar”, indica Germà Bel, “los ingresos y los viajeros han mejorado. Pero no se nos informa de los costes, y parece que éstos también han crecido. Y segundo, que la ratio pasajeros-kilómetro solo puede empeorar”. El académico se refiere a que la apertura de nuevas líneas (hacia la cornisa cantábrica y Galicia a través de la escasamente poblada Castilla y León, por ejemplo) “va a ir perdiendo densidad” ya que al norte vive menos gente que en el litoral mediterráneo. El próximo 23 de enero se inaugura la línea Madrid-Valencia-Castellón, según ha informado Fomento.

La Cámara de Cuentas fustigó la expansión del TGV en 2014 y Hollande frenó su construcción

Francia es el siguiente país en la clasificación filtrada por la UIC y, aunque ese honor le debería de corresponder a Italia según varios expertos, no hay datos del país transalpino. Con todo, el TGV francés mueve a prácticamente cuatro veces más pasajeros que el AVE: casi 105 millones en 2016, 110 millones de clientes al cierre de 2017. Y con una red con casi mil kilómetros menos que España. Durante la presidencia de François Hollande, la Cámara de Cuentas (Cour de Comptes) fustigó la expansión del TGV con un informe demoledor y El Elíseo paralizó sine die la construcción.

En septiembre pasado se vivió una compleja situación en Madrid protagonizada por el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, y su homóloga francesa Elisabeth Borne. El primero valoró la conexión con Francia a través de Figueres y apostó por terminar la Y vasca hasta la frontera con Hendaya en 2023; la ministra Borne, en cambio, remachó que París no terminará sus obras de alta velocidad en ambas vertientes hasta 2030 e incluso mucho después, según sus propias palabras. El Gobierno de Emmanuel Macron ha asumido la política austera de Hollande sobre el TGV.

Japón cuenta con once veces más pasajeros por kilómetro de AVE que España

Con casi 84 pasajeros por kilómetro, el rédito que obtienen los ICE alemanes (para una red que no rebasa los 1.000 kilómetros para una población de 80 millones) es excepcional: Alemania, potencia europea en tráfico de mercancías por tren con más de un 25% de la cuota, saca mucho provecho a su alta velocidad. España por el contrario tiene un servicio de mercancías ferroviarias que languidece todavía más que el AVE.

China, a por 30.000 kilómetros

Alemania supera a China (63 pasajeros-kilómetro), el peor ratio de todos los tigres asiáticos. Pero el más largo y el más usado en términos absolutos: para 2020 el presidente Xi Jinping quiere disponer de una red de 30.000 kilómetros. El AVE chino ni se toca ni se cuestiona: en 2016 lo usaron más de 1.200 millones de usuarios.

El recordman del Sudeste Asiático es el país que trajo al mundo la alta velocidad en 1964, con motivo de los Juegos Olímpicos de Tokio: prácticamente 475 millones para una red ligeramente inferior a la que gestiona Adif; un ratio de 166 viajeros cada kilómetro. Once veces más usuarios que en España.

España se ha pasado algunos pueblos en este todavía elitista modo de transporte”

Al país nipón le pisa los talones Taiwán, que roza los 162 viajeros por cada mil metros de tren rápido. La intensidad de uso del régimen de Taipéi es increíble: toda la red apenas tiene 350 kilómetros (es decir, un trayecto similar a la línea Madrid-Valencia) y la Renfe taiwanesa, la THSRC, transporta a 56 millones de viajeros. Es más del doble de la población de la isla (23 millones). Finalmente está Corea del Sur, con el tercer mejor ratio, 100 pasajeros por kilómetro (la alta velocidad surcoreana cuenta con 657 kilómetros).

AVE en cada puerta

“España se ha pasado algunos pueblos en este todavía elitista modo de transporte”, expresa José Enrique Villarino, ex directivo de Renfe y autor del Foro del Transporte y el Ferrocarril. “Es el país que menos usa la vías que tanto nos han costado y cuyos recursos hemos detraído de otros fines, quizá, más sociales. Nuestros políticos han adolecido, y adolecen todavía, de una visión cortoplacista en la planificación de las infraestructuras: llevar el AVE a la puerta de cada capital española resulta mucho más caro que antaño poner una pica en Flandes”.