La deuda española está de moda y las agencias de rating se lo reconocen. Este viernes, la agencia S&P ha decidido elevar un escalón la calificación que otorga a la deuda española hasta situarla en A-.

De este modo, S&P sigue los pasos de Fitch, que ya subió la nota española el pasado mes de enero, y devuelve a España al selecto club de los países que lucen una A en su hoja de calificaciones, el más alto rango al que pueden aspirar los emisores de deuda.

«Elevamos nuestras calificaciones en España en vista de la fortaleza del desempeño económico del país, acompañado de un sólido superávit en la cuenta corriente y una consolidación presupuestaria constante», apunta la agencia en su informe.

Esta nota es equiparable a un notable (si consideramos que AA sería un sobresaliente y AAA se asemejaría a una matrícula de honor), pues como explica la agencia, se reserva para los países que cuentan con una «capacidad fuerte para cumplir sus compromisos financieros, pero algo vulnerable a condiciones económicas adversas y cambios en las circunstancias». Para S&P, España perdió esta condición en la primavera de 2012, justo cuando el fantasma de la crisis acosaba al país, al ritmo que marcaba la prima de riesgo.

Pero ahora, tras años de fuertes crecimientos de la economía española, que acumula tres años consecutivos expandiéndose por encima del 3%, los analistas de la firma consideran que ha llegado el momento de reintegrar a España a estos niveles.

La agencia prevé un fuerte crecimiento de España en los próximos años y mantiene el rating en perspectiva positiva

«La subida del rating por parte de S&P, sólo dos meses después de Fitch, confirma la confianza en España de los mercados y las agencias de calificación crediticia», ha apuntado el ministro español de Economía, Román Escolano.

S&P ya había abierto la puerta a elevar la nota de la deuda española, que permanecía sin cambios desde 2015, hace justo un año, cuando mejoró a positiva la perspectiva de su rating. Sin embargo, las incertidumbres generadas por el conflicto catalán llevaron a la agencia a posponer la mejora de la nota el pasado septiembre.

Seis meses después de aquello, la agencia considera que las incertidumbres políticas en Cataluña se han diluido lo suficiente para confiar en que la economía española mantenga a corto y medio plazo una tónica positiva. De hecho, la agencia ha mantenido en perspectiva positiva el rating español, lo que sugiere que podría volver a mejorarlo en los próximos meses.

Aunque los analistas de S&P reconocen que las incertidumbres pueden seguir rodeando la situación en Cataluña, apuntan que «el riesgo de crédito más importante que vemos es que las tensiones relacionadas podrían llevar a una caída sostenida de la confianza empresarial y del consumidor, especialmente en Cataluña. Sin embargo, si bien la actividad económica en Cataluña cayó en el último trimestre de 2017, un fuerte impulso en el resto de España ha compensado con creces la debilidad económica temporal en Cataluña».

S&P publicó recientemente sus previsiones de crecimiento en Europa, en el que auguraba que España seguirá liderando el crecimiento entre las grandes potencias de la región durante, al menos, los tres próximos años. Según estos pronósticos, la economía española crecerá un 2,7% en 2018, un 2,1% en 2019 y un 1,9% en 2020.

«Esperamos un aumento en el consumo privado debido al crecimiento del empleo, la baja inflación, las condiciones financieras favorables y el fuerte sentimiento del consumidor. Como resultado, anticipamos un aumento en la actividad de inversión, una recuperación continua en los sectores de vivienda y construcción, y una demanda sólida», explican.

No obstante, la firma advierte de que la subida de los precios del petróleo, la apreciación del euro, el fin de los estímulos del BCE o los bajos salarios jugarán en contra de la economía de España y propiciarán una descaleración en los próximos años.

La agencia también advierte sobre el mercado laboral, ya que, aunque espera que siga mejorando este año, hasta situarse en el 15,6%, consideran que «sin más reformas en el entorno empresarial, incluida la mejora del funcionamiento del mercado de las profesiones reguladas, la educación, las políticas activas del mercado de trabajo y la reforma de los umbrales sociales para las empresas, el desempleo podría estancarse».