La Bolsa de Nueva York no parecía este martes convenientemente preparada para recibir a su nuevo inquilino. Junto a la pancarta que, colgando en su fachada anunciaba la llegada al parqué de Spotify, figuraba una bandera suiza, en lugar de la enseña sueca que correspondería a la plataforma musical.

Pero esa anécdota apenas ha empañado lo que ha sido una cálida acogida para Spotify en los mercados. Las acciones de la compañía de música en streaming ha dado sus primeros pasos sobre el parqué con tono positivo.

El grupo había optado para su estreno en bolsa por un camino poco usual, el del listing. Esto supone que las acciones ya existentes de Spotify pasarían directamente a cotizarse en el mercado, sin un periodo previo de venta entre inversores -en el que se suele establecer el precio de referencia para las acciones- ni la emisión de nuevos títulos para captar dinero adicional.

Por esta razón existía una elevada incertidumbre sobre las valoraciones a las que podría producirse el estreno de la plataforma musical. Finalmente, los títulos de Spotify han partido de un precio inicial de 165,5 dólares, para posteriormente pasar a moverse entre los 160 y los 163 dólares, unas cifras que se sitúan por encima del rango estimado previamente de entre 15o y 155 dólares.

De este modo, su valoración se situaría claramente por encima de los 28.300 millones de dólares (algo más de 23.000 millones de euros), una capitalización que, en España, le convertiría en la novena mayor cotizada del mercado, por delante de compañías como Repsol y CaixaBank.

Aún así, en el mercado algunas firmas se han aventurado a dar valoraciones superiores para Spotify. Así, por ejemplo, la firma RBC Capital Markets le otorga un precio objetivo de 220 dólares, un 35% por encima de sus precios actuales.

Mark Mahaney, analista del banco de inversión, justifica su optimismo sobre la compañía por su confianza en que el negocio de la musica por streaming irá en aumento a nivel global, ante la generalización de los smartphone. Además, resalta el liderazgo de Spotify, que cuenta con 71 millones de suscriptores de pago, frente a los 38 millones del servicio de suscripción de Apple Music. Con todo esto, estima que los ingresos de la compañía sueca podrían incrementarse a ritmos anuales del 30% en los próximos ejercicios.

Pese a todo esto, los expertos e, incluso, desde la propia compañía, advierten de que el modo elegido por Spotify para saltar a la bolsa puede suponer que los precios de sus acciones sufran una volatilidad especialmente elevada en sus primeros compases, antes de estabilizarse en torno a un rango de valoración.

El salto al mercado de la compañía se produce en un contexto especialmente convulso para el sector tecnológico en bolsa, donde ha sufrido fuertes recortes en las últimas semanas, en medio de crisis como la que ha golpeado a Facebook por la gestión de los datos de sus usuarios o los ataques del presidente estadounidense, Donald Trump, a Amazon.

En cualquier caso, Salvador Alves, analista de Orey iTrade, cree que la compañía no debe verse afectada por estas turbulencias, aunque advierte de que, por el formato elegido para su salida a bolsa, “los niveles de riesgo y volatilidad pueden ser superiores, ya que, al no tener un banco de inversión en el papel de asegurador de la operación (la empresa ha hecho varios roadshows para garantizar la venta de las acciones), no contará con esta seguridad adicional”.

Las pérdidas, tónica habitual

El debut bursátil del unicornio sueco ha sido exitoso, pero sus cuentas de momento han dado pocas alegrías. Reacia a facilitar datos, la compañía europea tuvo que publicar sus cuentas una vez que rellenó todos los documentos para solicitar su entrada en Wall Street, arrojando por primera vez luz sobre lo que es un agujero económico.

Así, Spotify ingresó en el año 2017 hasta 4.090 millones de euros, pero eso no evitó que sus pérdidas se elevaran hasta los 1.235 millones de euros. Un crecimiento en suscriptores que rozó el 50% no ha servido para corregir unos números rojos más que importantes.

El problema es que pese a que los ingresos se han disparado, desde los 2.900 millones de euros hasta los 4.090 millones antes mencionados, el agujero financiero ha duplicado su tamaño. En el año 2016 la plataforma de música en streaming se dejó poco más de 500 millones de euros y esperaba poner coto a un problema al que no se le acaba de ver la solución.

A la plataforma de Daniel Ek le sigue pesando los pagos por derechos de autor que debe hacer a los grandes sellos discográficos. Entre las tres grandes, Universal, Sony y Warner, son dueñas del 80% del catálogo total de Spotify, por lo que una buena relación con ellas es decisivo.