En poco más de un mes, Snap, la matriz de la popular red social Snapchat, cumplirá su segundo aniversario en bolsa. Una efeméride que, difícilmente, podrá considerarse motivo de celebración en las oficinas de la compañía. La euforia que rodeó el salto al parqué de Snap fue tan efímera como los contenidos de su red social y desde entonces el grupo ha visto esfumarse dos tercios de su valor.

El escepticismo inversor en torno a Snap se agudizaba este miércoles tras conocerse la salida de su responsable financiero, Tim Stone, tras apenas un año en el cargo. La noticia era recibida en Wall Street con caídas que superaban el 11% a media sesión.

La presencia de Stone, con más de veinte años de experiencia en Amazon, en la dirección de la compañía que dirige Evan Spiegel era vista en Wall Street como una de las principales garantías de profesionalidad en su gestión. Ahora, su marcha «será una gran inconveniente para la compañía y dificultará su ejecución y capacidad para competir en el mercado», señaló Jonathan Kees, analista de Summit Insight, en un informe citado por la agencia Reuters.

La constante caída de usuarios en los últimos tiempos y la fuerte competencia han ensombrecido sus perspectivas

La marcha del segundo responsable financiero en dos años supone un golpe adicional para una empresa que ha sufrido varias dimisiones de altos directivos en los últimos tiempos, en medio de una creciente desconfianza sobre las perspectivas de su negocio. El pasado año también abandonaron la firma su director de estrategia, Imran Khan, y Stuart Bowers, uno de los principales responsables de tecnologías de monetización.

Aunque los últimos resultados presentados al cierre del tercer trimestre consiguieron superar las débiles expectativas del mercado, lo cierto es que, desde su llegada a la bolsa -e incluso antes- Snap no ha conseguido librarse de las dudas que generan los datos que apuntan a una disminución continuada en sus métricas de usuarios.

La elevada competencia de rivales con mayor potencia de inversión como Instagram (que pertenece al grupo Facebook) y que en los últimos tiempos ha imitado buena parte de los desarrollos de Snapchat han restado atractivo al potencial de la matriz de Snapchat, que se ha visto forzada en los últimos tiempos a hacer importantes controles de costes mientras explora nuevas vías de ingresos, a través de cambios en su aplicación, como la puesta en marcha de nuevos formatos de publicidad.

En las últimas semanas los inversores parecían haber dado cierta credibilidad a los mensajes de la compañía de que lo peor habría quedado ya atrás y de que en los próximos trimestres Snap retomaría la senda del crecimiento. Así, desde que marcara mínimos históricos el pasado 21 de diciembre y hasta este martes, las acciones de la red social habían repuntado más de un 30% en bolsa. Esta remontada, no obstante, ha quedado frustrada de forma brusca este miércoles con la salida de Stone.

Actualmente solo 3 de las firmas de análisis que cubren el valor recomiendan su compra, mientras que 10 aconsejan vender y hasta 24 mantienen una visión neutral.

Con este nuevo descalabro, la capitalización de Snap se sitúa ahora en el entorno de los 7.500 millones de dólares. Hace apenas tres años, Alphabet, la matriz de Google, había ofrecido hasta 30.000 millones de dólares por su negocio, según informó entonces Business Insider.