Economía

El Estado recurre a la 'hucha' de los Presupuestos para cubrir el mayor gasto en funcionarios

La partida de gasto asociada a la recuperación del empleo público es una de las que más desborda el presupuesto prorrogado de 2018

Mará Jesús Montero, ministra de Hacienda, e Isabel Celaá, portavoz del gobierno.

Mará Jesús Montero, ministra de Hacienda, e Isabel Celaá, portavoz del gobierno. EFE

El Gobierno ve muy difícil que este año haya nuevos Presupuestos y ya trabaja pensando en presentar unas nuevas cuentas directamente para 2020. Esto tendrá consecuencias, empezando por un año casi perdido en términos de ajuste del déficit público. Otras se reflejan en un descuadre de los gastos del día a día de una Administración que funciona a día de hoy con los Presupuestos prorrogados de 2018, pero con la realidad de 2019.

Según confirman fuentes del Ministerio de Hacienda, esto se está dejando notar en que ciertas partidas de gasto están desbordando lo presupuestado y están obligando a hacer uso del Fondo de Contingencia, el colchón presupuestario que puso en marcha el PP de José María Aznar  para sufragar imprevistos.

Desde entonces, es habitual que este fondo sufrague gastos como la compensación por catástrofes naturales, por ejemplo. Sin embargo, en los últimos años, los diferentes gobiernos lo han usado para sufragar gastos más corrientes, tal y como está ocurriendo en 2019.

Lo que llama la atención es que de los 2.276,6 millones de euros con los que cuenta el fondo, de acuerdo con el Presupuesto de 2018, el Estado ha hecho uso hasta el mes de abril de 1.014,1 millones, prácticamente la mitad, tal y como se refleja en los últimos registros de tesorería que publica el Ministerio de Hacienda.

Fuentes del departamento que dirige María Jesús Montero explican que las disposiciones del Fondo de Contingencia no son lineales, que el hecho de que ya se haya consumido prácticamente la mitad no quiere decir que se vaya a mantener ese mismo ritmo de disposición durante todo el año. De ser así, el fondo se agoraría prácticamente después del verano.

En efecto, como ocurre con las ratios de deuda pública, que dependen de los calendarios de vencimiento de las emisiones, en este caso, es el ritmo de necesidades de gasto el que marca el paso del uso del Fondo. Sin embargo, lo llamativo es de nuevo que este año se está produciendo un uso más acelerado.

Vaya por delante que todos los años se presupuesta una cantidad similar para este ‘colchón’ puesto que por Ley se nutre del 2% del límite de gasto no financiero. También que lo dispuesto suele superar los 1.000 millones en torno al mes de junio, y que al cierre del año habitualmente quedan unos cientos de millones sin ejecutar del presupuesto dedicado al Fondo de Contingencia.

Ahora bien, en el año 2018, en el que los nuevos Presupuestos entraron en vigor en el mes de julio después de un primer semestre con las cuentas de 2017 prorrogadas, se habían empleado 651,5 millones de euros hasta el mes de abril, sobre un total de 2.276,6 millones de euros. Al final de ese año, se habían empleado 1.363,2 millones de euros, dejando un remanente de 913,5 millones.

En 2017 se produjo una situación similar, el curso se inició con una prórroga de los Presupuestos de 2016. Sin embargo, hasta abril solo se habían liquidado 123.000 euros. Al final del año, como de costumbre, se habían gastado 2.011 millones de euros, con un remanente de 355,7 millones.

¿En qué se ha empleado?

Desde Hacienda precisan que el hecho de que se utilice el Fondo de Contingencia para cuadrar las partidas de gasto sobre los Presupuestado no quiere decir que se gaste más. Sencillamente, supone mover recursos de unas partidas, en este caso este fondo de imprevistos, a otras con nombres y apellido, pero dentro del mismo perímetro de gasto presupuestario, como ocurre también con las transferencias entre administraciones.

En este sentido, una vez trasladados esos 1.014 millones a otras partidas, aún se ha registrado una desviación al alza de unos 500 millones en el total de operaciones de gasto no financieras.

Las mayores desviaciones se concentran en gastos corrientes en bienes y servicios, con 708,5 millones de euros, y en los de personal, con 463,8 millones sobre lo presupuestado.

En el caso de los primeros, la mayor parte son costes de material o suministros. Porque una de las cuestiones que no se pueden prever y, por tanto, que pueden descuadrarse del presupuesto inicial son gastos tan corrientes como la renovación de equipos o software, etc.

El coste de las ofertas de empleo

En el caso del personal, la desviación tiene un trasfondo también lógico: aunque un presupuesto prorrogado traslada la misma subida salarial de un año para otro, lo que cambia es la propia estructura del empleo público. De hecho, el incremento de las plantillas públicas, por efecto de las ofertas de empleo público, que han ido aumentando desde el inicio de la recuperación económica, se sigue trasladando a los costes años después a medida que se van completando los procesos de selección.

En este sentido, mientras que el gasto en altos cargos se eleva algo más de un millón de euros sobre el presupuesto, el coste asociado a los funcionarios en general se dispara más de 366 millones de euros.

Lo que no aclaran en Hacienda es qué ocurrirá si este año finalmente no hay nuevos Presupuestos, como ocurrió en 2017 y 2018. Se limitan a reiterar que todo depende del ritmo de gasto efectivo, aunque explican que, si se diera esa eventualidad, se podría salvar la situación mediante transferencias entre distintos compartimentos.

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