Avión de All Nipon Airways. FLICKER

Economía

Vuelos a ninguna parte: la 'moda' con la que las aerolíneas intentan capear la crisis

Aviones en tierra, aeropuertos desiertos e incluso vuelos vacíos son otras de las imágenes que ha dejado tras de sí la pandemia del Covid. Las limitaciones de movilidad han afectado a muchos sectores de la economía, y uno de estos ha sido el aéreo.

Los vuelos de las compañías se han visto enormemente reducidos, el sector ha estado prácticamente parado. Esto ha avocado a muchas compañías a una situación de quiebra. Algunas han tenido que ser rescatadas, como ha ocurrido con Lufthansa por el Gobierno germano. Las empresas tienen que hacer frente a la falta de ingresos por la paralización de la actividad. En muchos casos ha sido necesaria una reestructuración de las plantillas. Por otro lado, los aviones necesitan estar en funcionamiento para un buen mantenimiento.

La situación  que atraviesa el sector aéreo también ha afectado a los muchos viajeros que habitualmente utilizan el avión para desplazarse. Añoran la experiencia de embarcar en un avión y alzar el vuelo. Por ello, en algunos países, como Japón, Taiwán,  Australia o Brunei, se están ofertando los denominados viajes panorámicos o ‘vuelos a ninguna parte’. Son trayectos de lujo que no tienen ningún destino real, ya que despegan y aterrizan en el mismo lugar. Simplemente, sobrevuelan el país para el deleite de los pasajeros. Es cierto que existían antes de la crisis del covid, pero esta ha hecho que proliferen.

Pablo Díaz Luque, Profesor de Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya, ha declarado en conversaciones a El Independiente acerca de la finalidad de estas prácticas que «se trata de una respuesta original: han encontrado un producto novedoso, ya que la población está confinada y con escasas posibilidades de viajar. Se trata por tanto de una solución para hacer negocio. Además, las compañías aéreas también viven una situación de supervivencia económica al estar muchos de sus aviones parados. Esta solución es posible en distintas zonas geográficas en las que encuentran un potencial público dispuesto a embarcarse en estas actividades. El lanzamiento al mercado de estos productos se ha llevado a cabo con éxito. Esta estrategia, sobre todo, permite conseguir una gran repercusión mediática. Al fin y al cabo no deja de ser una potente publicidad».

Sílvia Sumell, Psicóloga y Profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya, sostiene que «cuando se añora una experiencia, volver a vivirla nos hace sentir mejor; el hecho de coger un avión, aunque sea para dar una vuelta y volver al mismo lugar, nos hace sentir libres y experimentar placer, si ya era una actividad que antes nos resultaba gratificante».

Los precios de esta vivencia oscilan entre los 480 y los 2.305 euros.  The New York Times informó que estos vuelos «que no van a ninguna parte» han triunfado, prueba de ello es que se agotaron los billetes. Royal Brunei Airlines es una de las compañías que ofrece esta experiencia. Desde mediados de agosto ha llevado a cabo cinco vuelos. El programa se denomina «cena y vuela» y se trata de un paseo por las nubes, combinado con una oferta gastronómica con platos de cocina local. La duración del vuelo es de 85 minutos. Debido al escaso número de contagios los pasajeros no están obligados a utilizar la mascarilla; por el contrario la tripulación sí lo está.

La aerolínea japonesa All Nipon Airways realizó un vuelo de 90 minutos  en su Airbus A380, que es el avión más grande del mundo y cuenta con dos plantas. El vuelo fue de 300 personas, que disfrutaron de cócteles y regalos en una temática hawaiana. Otra empresa de aerolíneas de Taiwán, Eva Air, fletó el avión temático Hello Kitty A330, que cuenta con 309 asientos. Lo hizo con motivo de la celebración del día del padre. En el mismo país, StarLux Airlines realizó viajes de tres horas y media que sobrevolaban las Islas Pratas, con el objetivo de que los viajeros pudiesen admirarlas y fotografiarlas desde el aire.

En Australia, la compañía Qantas ha programado un vuelo en octubre, con origen y destino en Sidney, que sobrevolará los lugares de Nueva Gales del Sur, Queensland o el Territorio del norte. Su duración será de siete horas. Los billetes se agotaron en solo diez minutos tras la salida a la venta. Los precios van desde los 487 euros a los 2342. Los clientes de la compañía han pedido más vuelos. Otro ejemplo es la compañía Antártica Flights, que vuelve a alquilar aviones a Qantas para hacer vuelos sobre la Antártida.

En España ninguna de las grandes compañías aéreas, como Iberia o Air Europa, contemplan esta opción. Tampoco lo considera Air France. Según Pablo Díaz Luque es improbable que estás prácticas proliferen en España, y afirma que en todo caso podrían darse en Europa «a nivel anecdótico». Considera que el público que demanda estos servicios por lo general no está en la geografía europea.

El perjuicio para el medio ambiente

Esta práctica de vuelos de lujo que están llevando a cabo las compañías no está exenta de polémica, ya que está siendo fuertemente criticada desde organizaciones ecologistas. La consideran contraria a las medidas medioambientales que se están implantando mundialmente para la reducción del CO2. En 2018 los aviones emitieron 918 millones de toneladas de dióxido de carbono. Antes de la crisis la tendencia era suspender algunos vuelos entre ciudades europeas, que estaban bien conectadas por vía ferroviaria.

Supone un dilema para las compañías, al correr el riego de que desemboque en una mala imagen. Pablo Díaz Luque declara que las empresas aéreas que implementan estos servicios están teniendo una gran promoción, pero al mismo tiempo considera que «está teniendo una repercusión entre cierto público con una gran conciencia ecológica, que se sitúa en ciertos países europeos, principalmente del norte o del centro de Europa, público joven emergente y ecologista, que rechaza y critica está práctica de las compañías aéreas y aboga por otras formas de transporte, como es el ferroviario.

En el caso de la compañía Singapore Airlines, barajó para la reanudación de la actividad tras la pandemia la idea de los ‘vuelos a ninguna parte’. Aseguran «que fue estudiada al principio pero ha sido desechada tras ser revisada». La posibilidad tuvo una recepción negativa en muchos ciudadanos y grupos ecologistas. La compañía estudió otras posibilidades, como es el caso de convertir su Airbus A380 en un restaurante o hacer rutas turísticos por los centros de entrenamiento.

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