«2021 va a ser muy duro, pero 2020 lo ha sido también. Me da confianza como quien ha subido el Everest y ahora tiene que subir el K2». Estas palabras de Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, definen con claridad la visión de los banqueros de cara a este nuevo año, que estará plagado de incertidumbre, aunque quizás un poco menos que 2020. Entre las pocas certezas que puede tener el sector financiero se encuentra la seguridad de que se producirá una oleada de impagos, pero en cuál será su intensidad radican todas las dudas.

Por lo que pudiera pasar, los bancos han realizado millonarios saneamientos con los que confían en protegerse de las pérdidas que pudieran llegar por la subida de la morosidad. El escudo de provisiones de los seis mayores bancos del país (Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Sabadell y Bankinter) se situó en 42.543 millones de euros en 2020, lo que implica un 53% más que el año anterior. De ese total, unos 9.337 millones (+138%) corresponden a la protección frente a los impagos a los que tendrán que hacer frente en España.

Esta altísima dotación de provisiones se ha llevado por delante su beneficio. A Santander, el banco más grande del país, le ha obligado a entrar en pérdidas por primera vez en la historia, con unos números rojos de 8.771 millones de euros, lo que ha distorsionado por completo la fotografía de resultados de la banca. En conjunto, las seis mayores entidades del país perdieron más de 5.000 millones por las pérdidas de Santander (sin tenerlas en cuenta, los otros cinco bancos ganaron un 51% menos). En España, entre los seis bancos redujeron a la mitad sus ganancias.

El mayor esfuerzo provisionador de estas entidades llegó en el segundo trimestre, tras lo cual ralentizaron la dotación en el tercero, algo que no gustó al Banco de España. En el cuarto trimestre han aprovechado para cerrar el año con un buen escudo protector.

Prevemos que el punto álgido de la morosidad llegará en 2022, más hacia el segundo semestre, pero dependerá de la pandemia»

María Rodríguez (afi)

En España, Santander y BBVA aumentaron considerablemente su escudo frente a posibles deterioros. Estos dos bancos provisionaron 2.001 millones (+133%) y 1.705 millones de euros (+225%), respectivamente.

Estas millonarias provisiones no se dotan únicamente como escudo frente al embate del Covid-19. CaixaBank registró una cifra superior que estas dos entidades, unos 2.162 millones en 2020, lo que implica un 253% más. De esta cantidad, 1.252 millones se dotaron directamente por las consecuencias del Covid-19 y el resto se destinaron a otras cuestiones, como al pago de prejubilaciones en el primer trimestre (109 millones).

Bankia, por su parte, provisionó en 2020 unos 997 millones (+48,5%), de los que 505 millones correspondieron al Covid-19. Sin contar estas dotaciones extraordinarias, fueron menores a las registradas un año antes (-26,7%).

En el caso de Sabadell, las dotaciones en España ascendieron a 2.035 millones, un 135% más que el año anterior, cifra en la que se recogen unos 650 millones por el Covid-19. En cuanto al resto, sus provisiones crecieron un 60% respecto a 2019 y detrás de este incremento se encuentran dotaciones por las ventas de carteras de activos problemáticos (380 millones), por los préstamos a los que se ha cambiado la calificación y ahora están en vigilancia especial (115 millones) y por compensaciones a clientes en situación de descubierto (62 millones).

¿Es suficiente este millonario escudo? «Los bancos han hecho un esfuerzo bastante grande (…) hay mucha incertidumbre, no sabemos exactamente cuál va a ser el deterioro futuro, que vendrá derivado de la evolución de la pandemia en este primer semestre de 2021. Ahí veremos si se necesita mayor volumen», explica María Rodríguez, consultora de Banca de Afi, a El Independiente.

Una norma que cambió en 2018

Cada banco es el que calcula las dotaciones que necesita para protegerse ante la posible oleada de impagos, pero lo hace siguiendo una regulación que cambió hace pocos años, por lo que no tendría sentido comparar las provisiones de esta crisis con las que se tuvieron que dotar hace casi una década, cuando la crisis financiera sacudió los cimientos del euro y del sistema bancario europeo.

En la actualidad, las entidades deben protegerse por las pérdidas que esperan tener en el futuro, no por las que ya han tenido. Es decir, han pasado de provisionar por la pérdida de crédito incurrida a hacerlo por la pérdida esperada en virtud de una norma internacional llamada NIIF 9, que entró en vigor en enero de 2018. Es por eso que estas ingentes provisiones han tenido lugar en 2020, antes de que se empiecen a producir los impagos generalizados.

2021 va a ser duro pero 2020 lo ha sido también. Es como quien ha escalado el Everest y ahora tiene que subir el K2″

Gonzalo Gortázar (CaixaBank)

Por el momento, los bancos están protegidos del impacto de la morosidad gracias a las medidas puestas en marcha tanto por el Gobierno como por ellos mismos. A las moratorias para el pago de créditos al consumo e hipotecas se suman las garantías concedidas por el Estado a la financiación a empresas en problemas (hasta 140.000 millones a través del Instituto de Crédito Oficial).

Estas medidas, además, han experimentado varias prórrogas, por lo que la morosidad todavía no está aflorando. De hecho, gracias a estas medidas la variable cerró noviembre (último dato disponible) en el 4,56%, en un nivel inferior al registrado un año antes pese al deterioro económico.

La posibilidad de que estas medidas sigan prorrogándose y de que el Gobierno ponga en marcha nuevas fórmulas de apoyo a las empresas, como ayudas directas o reestructuraciones de deuda, así como la propia incertidumbre de la crisis sanitaria, que complica la visibilidad sobre la recuperación, hacen difícil prever cuál será la evolución de la morosidad.

Lo es hasta tal punto que no hay estimaciones oficiales al respecto. El Banco de España no ha emitido ninguna previsión, pese a que ha actualizado en varias ocasiones las estimaciones sobre la economía y el desempleo, y los propios bancos no se atreven a compartir datos muy concretos.

El director financiero de Sabadell, Tomás Varela, fue el único que quiso poner cifras durante las presentaciones de resultados de los bancos. Según dijo, la morosidad podría situarse por encima de los ratios registrados por el banco en 2020 (3.6%), pero menos de un 1% más. Con todo, Varela reconocía que «podría ser que 2021 siguiera esa tónica de mejor comportamiento» que se ha visto en 2020, por lo que «está por ver». Onur Genç, consejero delegado de BBVA, por su parte, apuntaba que el pico de morosidad tuvo lugar en 2020.

Desde Afi, sin embargo, creen que lo peor aún está por llegar. «Prevemos que el punto álgido [de la morosidad] será en 2022, más hacia el segundo semestre, pero dependerá de cómo evolucione la pandemia y las medidas para paliar los casos dramáticos», añade Rodríguez.

Venga cuando venga, la banca tiene claro que se generalizarán las insolvencias empresariales y las deudas impagadas por parte de los particulares, a lo que se sumará el deterioro de la actividad económica, por lo que 2021 será un año, sin duda, duro. Eso sí, haber escalado el Everest hace más fácil enfrentarse al K2.