Corbata, camisa azul y Barbour. Y mascarilla, como marcan estos nuevos tiempos. Con este uniforme abandonó Rodrigo Rato este viernes la prisión de Soto del Real, cuyas puertas abrió hace unos días la sentencia absolutoria del caso Bankia. El exbanquero, exministro, exvicepresidente del Gobierno y ex director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), el hombre que pisó el cielo y el infierno, no se acordó de las grandes élites financieras a su salida de la cárcel, sino que protagonizaron su recuerdo y su agradecimiento el padre Paulino, el párroco de la prisión, y sus compañeros del módulo 10 del penal, a los que espera haber dejado «un buen recuerdo».

Lejos ha quedado la historia del milagro económico. Tras dos años en prisión, Rato empieza ahora una nueva vida en la que no podrá separarse de una pulsera telemática, pero en la que ya no tendrá por qué acompañarle la imagen de banquero malvado, que esta semana ha difuminado la Justicia.

Si bien es cierto que el exministro cumple pena de prisión por gastar miles de euros con una tarjeta black, opaca, a espaldas de la Hacienda Pública, la Justicia ha determinado que no tiene ninguna deuda con la sociedad por su papel en la salida a Bolsa de Bankia, por lo que, aun con sus causas judiciales pendientes, la Audiencia Nacional considera que merece una segunda oportunidad fuera del penal.

La sentencia absolutoria del caso Bankia ha sido el salvoconducto para la semilibertad de Rato

El salvoconducto de Rato para volver a pisar la calle venía atado a la noticia de su absolución en el caso Bankia, que corrió como la pólvora desde los despachos de la Audiencia Nacional hasta el módulo 10 de la prisión de Soto del Real. Muy probablemente, Rato no olvidará nunca estos últimos cuatro días, en los que ha pasado de ser un interno sin capacidad de decisión sobre sus movimientos a un ciudadano más. 

Durante los últimos dos años, Rato ha ocupado una plaza en el llamado Módulo UNED del conocido presidio de Soto del Real, un módulo de respeto (un espacio en el que se cuidan más la limpieza y el orden y se busca evitar los conflictos) en el que se alojan los internos que cursan estudios.

A lo largo de su estancia en la prisión, el interno Rato ha mostrado buen comportamiento, otra de las claves de su semilibertad, y solo se le conoce un incidente importante. Ocurrió el mes pasado, cuando un compañero del mismo módulo le dejó, con buena voluntad, un calendario confeccionado por su hija que incluía unas fotografías de la familia Rato, algo que el exbanquero no se tomó demasiado bien. El disgusto le costó, además, la apertura de un expediente disciplinario, como contó Vozpópuli.

El expediente no tendrá mucho recorrido, habida cuenta de que el exministro ya no se encuentra en prisión. La Audiencia Nacional decidió el jueves concederle la semilibertad atendiendo a su buen comportamiento, su baja probabilidad de reincidencia y su «avanzada» edad de 71 años.

Un sacerdote del Barça

Este tiempo en prisión ha permitido al exministro acudir cada domingo a las eucaristías del padre Paulino, el conocido párroco de Soto del Real al que también admiraba Sandro Rosell. El expresidente del Barça, exinterno también de esta prisión, compartía equipo con el padre Paulino, que incluso portaba una bufanda blaugrana durante algunas de las misas, según Rosell.

El sacerdote, a quien Rato dedicó un especial agradecimiento a su salida de la prisión, y sus compañeros del módulo 10 han sido sus acompañantes durante estos dos años, que terminaron el viernes, aunque su pena por las tarjetas black aún continuará otros dos años y medio si no alarga esta condena la macrocausa de la Audiencia Nacional que investiga el origen de su patrimonio.

En este tiempo, Rato no podrá someterse a un programa de tratamiento para favorecer su reinserción, o al menos no uno dedicado a delitos económicos, pues por el momento Instituciones Penintenciarias no cuenta con ello, aunque fuentes del departamento indican que se prevé tener uno listo para principios de 2021, informa Antonio Salvador.

Su destino pudo dirigirse hacia una carrera por la presidencia de España, pero terminó torciéndose

Atrás quedan los grandes años de Rato. El exbanquero fue mano derecha de José María Aznar y pudo convertirse en su sucesor como candidato a la presidencia del Ejecutivo por parte del Partido Popular, pero el expresidente del Gobierno terminó eligiendo a Mariano Rajoy, cuyo carácter dista mucho del de Rato.

Su destino pudo dirigirse hacia una carrera por la presidencia de España (Aznar contó años después que fue el propio Rato quien lo rechazó en dos ocasiones), pero terminó torciéndose hacia ambientes, a priori, mucho más atractivos desde el punto de vista del poder. 

La presidencia de un gobierno se quedaba pequeña al lado de la dirección general del FMI, un cargo con honores de jefe de Estado sin parangón en la política internacional que llegó a manos de Rato en junio de 2004.

El exbanquero se trasladó a Washington unos años, pero no llegó a terminar su mandato. Puso fin a esta etapa dos años antes de lo pactado alegando únicamente «motivos personales». Años después, El Mundo publicaba que había dejado el cargo tan solo dos días después de que la auditora responsable del departamento de Cumplimiento normativo (Compliance) del FMI le requiriera información sobre sociedades de su propiedad sospechosas de blanqueo de capitales.

Tras unos años en los que trabajó en Lazard y fue consejero en Santander, aterrizó en Caja Madrid en 2010 y allí comenzó su descenso a los infiernos, por el que obtuvo dos condenas: una penal y otra política.

Expulsado de Bankia

La historia es de sobra conocida. Caja Madrid se integró con otras seis cajas de ahorro y dio lugar primero a BFA y después a Bankia, que salió a Bolsa en julio de 2011. Menos de un año después la cotizada perdió prácticamente todo su valor y fue necesaria la intervención del Gobierno, rescate milmillonario mediante.

En consecuencia, Rato salió de la entidad a la fuerza. En su declaración en la Audiencia Nacional por el caso Bankia contó que fue Rajoy, «personalmente», el que le echó de la presidencia en el marco de una «intervención política» que fue vendida al público como una dimisión.

Esta escena, de haber sido así, habría tenido lugar al día siguiente de un cónclave financiero que reunió a los cuatro reyes de la baraja bancaria del momento: Emilio Botín (presidente de Santander), Isidro Fainé (La Caixa), Francisco González (BBVA) y el propio Rato, además de Luis de Guindos, exministro de Economía.

Un cónclave financiero decidió su expulsión de la presidencia de Bankia

«En la última [reunión] el presidente de BBVA primero y luego el ministro [me pidieron la dimisión]», explicó Rato a los jueces, una versión que González confirmó en la misma sala días después: «Yo dije a Rato que lo mejor era que dimitiera y que dejara paso a soluciones viables porque que el Estado pusiera tanto dinero era incompatible con su continuidad».

En su etapa en Caja Madrid y Bankia, participó del sistema de tarjetas black en teoría ideado por Miguel Blesa, que le granjeó una pena de prisión de cuatro años y medio. Rato, el hombre que lo fue todo en los mejores años de la economía española y que participó del hundimiento de un transatlántico financiero, terminó en Soto del Real por gastarse menos de 100.000 euros de forma ilícita.

El rechazo de su partido

No ha sido su única condena. El PP, formación que estuvo cerca de presidir, empezó a darle la espalda cuando comenzó a gestarse su relación con los juzgados.

Y no solo eso. Cuando se empezó a investigar el origen de su patrimonio, que abarca una macrocausa en la Audiencia Nacional, fue detenido tras un registro a su vivienda, dando lugar a una imagen que abrió todos los telediarios. Los policías que se lo llevaron eran del Servicio de Vigilancia Aduanera, dependiente de la Agencia Tributaria. Es decir, de Cristóbal Montoro, a la sazón ministro de Hacienda durante aquellos años.

A pesar de que el PP mostró su satisfacción esta semana tras conocer la absolución de los 34 imputados en el caso Bankia, su relación con el exministro es ya historia. 

Hace casi dos años, un Rodrigo Rato muy diferente al que solía protagonizar titulares en sus mejores tiempos se presentó ataviado con un chaleco azul marino y portando una bolsa negra con sus pertenencias a las puertas de Soto del Real. Minutos antes de ingresar en prisión se acercó a la prensa para ofrecer, ante la atónita visión de miles de españoles, una disculpa a la sociedad. En aquel momento, esta petición de perdón fue poco comprendida, pero ahora, con la noticia de su salida de prisión abriendo los periódicos y aún con la estela de su absolución del caso Bankia, cobra mucho más sentido.