Alfonso Alonso, en un acto con Pablo Casado en Bilbao.

Alfonso Alonso, en un acto con Pablo Casado en Bilbao. Mikel Segovia

España | País Vasco

Casado y Alonso, los dos caminos del PP en Euskadi

Son dos caminos entrelazados, se rozan casi sin tocarse. Buscan un mismo destino, pero por sendas distintas. Quienes discurren por el más concurrido son los que ahora marcan el ritmo, la velocidad y poseen las llaves de la locomotora. Los que caminan por el más solitario las perdieron hace ocho meses. Dos rutas para un mismo viaje, dos PP, el vasco y el nacional, el de Alfonso Alonso y Pablo Casado que están aprendiendo a convivir sin hacerse daño.

Lo hacen con discreción pero con gestos que marcan territorios. El del poder del líder lo impone Génova desde julio pasado, el de la voz de quien quiere hacer algo más que obedecer intenta reivindicarse desde Euskadi. Los populares vascos no apostaron por Casado, no al menos mayoritariamente. Los pesos pesados fueron ‘Sorayistas’ y ahora deben lealtad a Casado.

Pero en pocos meses, los gestos han hablado más que las palabras. Algunas decisiones han proclamado a los cuatro vientos las dos sendas que intentan convivir en el PP. El último arañazo de Génova a los populares vascos ha herido a uno de sus referentes: Carlos Iturgaiz. “Ha sido una decepción”, reconoció el hasta ahora europarlamentario vasco tras conocer que era relegado al puesto 17 de la lista, el mismo que ocupó en las elecciones anteriores pero esta vez con escasas opciones de salir reelegido en las europeas del 28-M.

El presidente del PP vasco que logró los mejores resultados en Euskadi no ha ocultado su «decepción» tras ser desplazado por Génova en la lista europeas

Dolido, Iturgaiz ha anunciado que dejará la política. Es la salida por la puerta de atrás de nada menos que un expresidente del PP vasco en los tiempos más duros y más exitoso de la formación en el País Vasco. Bajo su mandato el partido logró los mejores resultados de su historia, 19 escaños en el Parlamento vasco (326.933 votos), frente a los 9 (107.771 votos) de las últimas elecciones. Y presidir el PP en aquellos años –de 1996 a 2004- no fue fácil, “he enterrado a siete compañeros”, recordaba estos días. Junto a Jaime Mayor Oreja o María San Gil, Iturgaiz simboliza los años más difíciles del PP en Euskadi y a los que el propio Casado no deja de apelar como “referente moral” para la formación en la defensa de valores como la libertad y la democracia en nuestro país.

Candidatos ‘vascos’ de Génova

En el aún breve camino de convivencia del PP vasco de Alonso y el PP nacional de Casado ha habido otras decepciones. También otros relevos. El más sorprendente se produjo en Vizcaya, donde la dirección del partido impuso a Beatriz Fanjul, líder de nuevas generaciones en Euskadi, de sólo 27 años, en sustitución de un histórico del PP vasco, Leopoldo Barreda. Más afín a De Cospedal, Barreda abandonará las Cortes tras dos legislaturas en el Congreso y una década en el Parlamento Vasco. Y en Guipúzcoa, la dirección de Casado impuso a su candidato, Iñigo Arcauz, quien le apoyó en la carrera por la presidencia del PP y que no ha dudado en cuestionar algunos posicionamientos del presidente del PP en Guipúzcoa, Borja Sémper.

Ni Fanjul ni Arcauz figuraban en las preferencias de los populares vascos pero son, junto a otro hombre de Casado, Javier Maroto, -que concurre por Álava- los únicos con opciones reales de sentarse en la Cámara Alta representando al PP vasco tras el 28-A. Las encuestas dan dos sillones ‘vascos’ a la formación.

La falta de sintonía ha sumado también desavenencias significativas en otros ámbitos relevantes en Euskadi. Lo hizo el pasado lunes, cuando Casado defendió una nueva “jerarquía” entre los cuerpos policiales. El presidente del PP llamó a dotar de “prevalencia” a la Guardia Civil y la Policía Nacional frente a las policías autonómicas. La medida supondría supeditar a la Ertzaintza. Ante sus palabras el PP vasco no guardó silencio. La réplica crítica llegó un día después cuando su presidente en Alava, Iñaki Oyarzabal, recordaba que esa decisión no figuraba en el programa electoral y subrayando que la policía autonómica vasca era un cuerpo “integral”.

En estos meses de cohabitación no han faltado ausencias a actos del partido, desavenencias públicas o discrepancias por la imposición de candidaturas

Las ausencias han sido otra constante sutil en estos meses de cohabitación. El PP vasco no estuvo en Colón el 10 de febrero, no al menos su presidente, la única ausencia de presidentes territoriales de la formación. Lo justificó por su asistencia a un acto de recuerdo a Joseba Pagazaurtudua, víctima de ETA. Tampoco acudió a Alsasua el 4 de noviembre al acto de ‘España Ciudadana’ en favor de la Guardia Civil y a la que sí se sumaron otros destacados representantes del partido. Un acto que incluso fue criticado por el presidente del PP en Guipúzcoa, Borja Sémper quien aseguró que lo que en ese momento se requería era “serenar los ánimos” y “enfriar el ambiente”.

Víctimas y terrorismo

En algunos sectores del PP vasco tampoco gusta la utilización que del terrorismo está haciendo la nueva dirección del partido, con mensajes más propios de los tiempos de José María Aznar que del nuevo tiempo post ETA por los que atraviesa Euskadi. Las propias asociaciones de víctimas, otrora cercanas al PP, han exigido no ser utilizadas por las formaciones políticas.

Ha sido éste precisamente uno de los temas que ha resurgido con la llegada de Casado y que la etapa de Rajoy fue relegando en el discurso popular. La cuestión vasca ha vuelto a salpicar gran parte del mensaje con el que el presidente del PP no quiere que Vox le gane terreno. Fue uno de sus recursos en la campaña por la presidencia del PP, que arrancó en Alsasua y no olvidó referentes como Ermua. Y lo ha sido desde que ocupa el primer despacho de Genova. Meses en los que no han faltado nuevas visitas a Alsasua y reiteradas paradas en Euskadi y Navarra con el independentismo, Bildu y el pasado terrorista como parte de su mensaje.

La débil sintonía Euskadi-Madrid se produce además en una situación de evidente fragilidad en el PP vasco. Hasta ahora su capacidad de influencia en Euskadi ha sido importante y aún hoy lo es. Tiene en su mano facilitar la mayoría al Gobierno Urkullu, disposición que mantuvo en tiempos de Rajoy y que ahora niega al lehendakari tras la ruptura de relaciones que provocó la moción de censura que con el sí del PNV facilitó la llegada a La Moncloa de Pedro Sánchez. Y el futuro para una nueva entente entre los nacionalistas y los populares es hoy mucho más complicado, el PP de Casado no gusta en Sabin Etxea.

Sémper cuestionó el apoyo al acto en Alsasua, Alonso no acudió a Colón y Oyarzabal matizó las palabras sobre la «prevalencia» policial de Casado

En las últimas elecciones autonómicas tocó suelo con 107.000 votos y las encuestas no dibujan ninguna recuperación en las dos próximas citas electorales. Alonso intentó a última hora imitar un acuerdo con Ciudadanos, como el suscrito en la vecina Navarra, pero los de Rivera lo rechazaron asegurando que llegaban tarde.

La incógnita Vox y Cs

Pese a que los sondeos no detectan un gran apoyo a Vox y Ciudadanos en Euskadi, la incógnita sobre el impacto que finalmente tengan en la derecha constitucionalista del País Vasco está ahí. El fenómeno que lidera un ex popular alavés, Santiago Abascal, y que ha situado a otra ex del PP, Nerea Alzola como candidata por Vizcaya, y a un antiguo concejal del PP en Hernani, Juan de Dios Dávila, por Guipúzcoa, no parece hoy por hoy una amenaza.

El resultado que el PP vasco obtenga el 28-A será sólo el primer asalto del pulso soterrado que libran el PP nacional y el PP vasco y que sólo se manifiesta de puertas adentro. Por el momento en público se ha impuesto la lealtad y el respeto. En las elecciones no sólo se resolverá si las decisiones teledirigidas desde la dirección nacional han sido un acierto o un error. En apenas un mes, también llegará la segunda reválida y podría ser definitiva.

Esta vez, a las elecciones municipales y forales, el PP de Alfonso Alonso lo ha apostado todo. Su presidente en Guipúzcoa, Borja Sémper, opta a la alcaldía de San Sebastián; el presidente en Álava, Iñaki Oyarzabal, intentará recuperar la Diputación alavesa -además de repetir para el Senado-, y la presidenta en Vizcaya, Raquel González, concurre como candidata a la alcaldía de Bilbao. La secretaria general del PP en Euskadi, Amaya Fernández también se presenta para alcanzar la Diputación vizcaína.

El órdago de candidatos  de 26-M por el que han optado los populares vascos no puede permitirse adelgazar aún más la reducida representación institucional que hoy ostentan. Las elecciones municipales del 26 de mayo se antojan cruciales. Actualmente sólo poseen tres alcaldías en Euskadi. Alonso fue designado por Rajoy para recuperar el partido en Euskadi tras la agitada salida de su antecesora, Arantza Quiroga y en poco más de dos meses, a quien deberá rendir cuentas, (o exigirlas) será ante otro presidente, Pablo Casado. Será entonces cuando quizá los dos caminos confluyan por fin en una única senda o se bifurquen para siempre.

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