Cada vez que me encuentro con Adriana Lastra (Ribadesella, 1979) de forma automática mi mente vuela a Asturias, a sus orígenes. Es imposible conocerla y entender sus éxitos sin echar una mirada atenta a su tierras y su familia.

Política de raza y sin duda una de las más leales compañeras de viaje del presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, Lastra lidera la negociación de todos los proyectos de ley que el Gobierno lleva al Congreso en esa complicadísima ecuación parlamentaria fruto del primer gobierno de coalición de nuestra democracia.

Un gobierno de coalición que hasta la fecha no ha sido ajeno a grandes polémicas como la vivida esta semana con la enmienda presentada por Unidas Podemos y Pablo Iglesias a sus mismos Presupuestos Generales del Estado. Algo absolutamente insólito y kafkiano. Os puedo asegurar que como italiano estoy acostumbrado a gobiernos de colación de los más variopinto como el formado por el partido de extrema derecha de la Lega y la extrema izquierda del Movimento Cinque Stelle, sin embargo lo de esta semana merece una profunda reflexión por sus actores.

A esta polémica hay que añadir las ligadas a la aprobación de la Ley Celaá, con la división total en el Congreso, y el apoyo polémico de EH Bildu a los presupuestos.

Pregunta.- La actualidad sigue pasando, señora Lastra, por la necesaria búsqueda de los acuerdos necesarios por parte del grupo socialista para sacar adelante el Proyecto de Ley de PGE y el apoyo que Bildu ha ofrecido a su partido, al grupo gubernamental. El revuelo en la oposición de derechas -sobre todo el PP y Vox- ha sido monumental. Les han acusado a ustedes, casi, de ser cómplices de los terroristas. ¿Ha sido para tanto?

Respuesta.- La derecha se encuentra instalada en la hipérbole como forma de hacer política. En una guerra de posiciones permanente entre Casado y Abascal para ver quién es el líder de ese espacio ideológico y eso tiene consecuencias: el Gobierno y el Partido Socialista está buscando y alcanzando acuerdos con partidos de todas las coordenadas ideológicas: de izquierda, de centro y derecha. Liberales, nacionalistas, regionalistas, socialistas, todos estamos sumando voluntad y esfuerzo en un momento en el que es más necesario que nunca, pero el PP sigue quedándose en la esquina del extremismo a la que le arrastra la ultraderecha.

P.- ¿No le duele que siendo usted número dos de un partido que ha tenido que enterrar a tantos compañeros – Ernest Lluch, Fernando Buesa, Froilán Elespe, Joseba Pagazaurtundúa, Fernando Múgica y tantos y tantos – tengan que soportar, desde los escaños de la derecha, ese tipo de acusaciones?

R.- Es doloroso y, en mi opinión, es indigno. Nadie debería utilizar el dolor de las víctimas del terrorismo para intentar sacar una ventaja partidista. El Partido Socialista no lo ha hecho nunca ni lo hará. Yo tengo demasiado respeto a las familias y las víctimas del terrorismo y no voy a hablar en su nombre, pero algunos familiares ya han dado su opinión sobre esta estrategia del PP, creo que el señor Casado debería escuchar un poco más y utilizar un poco menos a esas personas.

Sí le puedo decir que no es nuevo, de hecho es lo que ha hecho el PP cada vez que se ha visto en la oposición. Si se fijan, casi están repitiendo el mismo guion, la misma estrategia, que siguieron en la primera legislatura de Zapatero Rajoy, Zaplana y Acebes: utilizar inmoralmente a las víctimas, el “España se rompe”, las mesas petitorias, atizar el anticatalanismo. Es un patrón que la derecha repite una y otra vez -como si no hubiera pasado nada, como si no hubiésemos derrotado a ETA- pero en aquella ocasión no les funcionó y tampoco creo que les funcione ahora. Todo el mundo sabe que el final de ETA llegó con el PSOE, todo el mundo puede ver que el conflicto en Cataluña se ha rebajado y ahora hay diálogo y respeto institucional, todo el mundo sabe lo que el Partido Socialista y sus militantes han sacrificado por traer la paz a España.

P.- ¿Cree que, en esta última polémica, el PP se ha vuelto a dejar llevar una vez más por la estela de Vox? Diríase que ambas formaciones han entrado en una competencia por ver quién lanza la diatriba más gruesa… 

En la moción de censura escuchamos a Pablo Casado decir a Vox que “hasta aquí hemos llegado”. Ha transcurrido apenas un mes pero no se ve ninguna diferencia

R.- Sí, creo que es un error de Casado y creo también que es un problema para todos. En la moción de censura escuchamos a Pablo Casado decir a Vox que “hasta aquí hemos llegado”. Ha transcurrido apenas un mes pero no se ve ninguna diferencia. Hace unos días, en el debate sobre Presupuestos o cada semana en las sesiones de control, yo escucho a Casado y me cuesta distinguirlo de lo que dice Abascal. Los mismos argumentos, los mismos insultos, los mismos temas y los mismos votos.

Si fuese solo un error del señor Casado yo no diría nada, supongo que se lo tendrían que decir en su partido, pero es que creo que es una decisión que nos afecta como país. La puerta a la ultraderecha solo se abre desde dentro y el PP ha cometido un error histórico llevándoles a las instituciones, dándoles voz y voto en las decisiones de Gobiernos autonómicos, y mimetizando sus temas, su agenda, sus modos y su estrategia.

P.- Valóreme el papel de Ciudadanos. Escucho al señor Edmundo Bal y a la señora Inés Arrimadas y tengo la sensación de que quieren conservar un cierto sentido de Estado apoyando estas cuentas públicas por responsabilidad, pero tienen algo de miedo por otra parte de que desde la derecha se les vincule a una foto en la que podrían salir también ERC o los citados diputados de Bildu.

R.- Ciudadanos está luchando por salir de la foto de Colón. No es sencillo porque los lazos que les unen a aquella plaza están tejidos en cada uno de los ayuntamientos y comunidades autónomas donde gobiernan con el PP y de la mano de Vox. También porque sufren presiones desde distintas direcciones que creo que son públicas y conocidas.

Este país está viviendo un momento excepcionalmente importante donde se necesita del impulso de todos para afianzar la recuperación económica y social, que es la senda que trazan estos Presupuestos. Recomendaría a todas las fuerzas políticas mirar más qué estamos apoyando en vez de con quién lo estamos haciendo. Creo que el momento que vivimos demanda levantar los vetos cruzados que miran más por intereses partidistas que nuestros intereses de país.

P.- ¿Se han enfriado vuestras relaciones con la señora Arrimadas o sigue albergando la esperanza de contar con su apoyo a los Presupuestos?

R.- El actual equipo de Ciudadanos, la señora Arrimadas, Edmundo Bal, Espejo… han comprendido que la primera exigencia de la política es ser relevantes cuando se puede, es contribuir a cambiar cosas. Yo les doy la bienvenida a esa política útil y lo que espero es que sea duradera. Habrá cosas en las que nos entendamos y otras en las que no, pero lo importante es que seamos capaces de sentarnos a negociar con buena voluntad, como lo hicimos en el estado de alarma, como lo estamos haciendo para los Presupuestos y en otras leyes. Lo he dicho muchas veces, por más que se empeñen en decir lo contrario desde la derecha, el problema en la política española no es hablar con unos u otros, el problema real sería si llega un día en que dejamos de hablar unos con otros, si dejamos de intentar entendernos. Ese sería el verdadero fracaso de la política.

P.- Lo cierto es que esta «alianza»… (o no, porque el señor Ábalos ha desmentido ya este pacto con Bildu) ha levantado ampollas entre sus propias filas. Parece que el señor Sánchez tuvo que llamar al orden en la Ejecutiva de esta pasada semana a algunos barones territoriales (como el señor Lambán, el señor García- Page o don Guillermo Fernández-Vara) e incluso hemos escuchado a socialistas históricos como Alfonso Guerra criticar este pacto y a la actual dirección socialista. Usted ha dicho ya, textualmente, que son ustedes una nueva generación de socialistas y la anterior debe dejarles actuar libremente.

R.- El Partido Socialista lo formamos muchas personas. Somos un partido de 141 años en el que, generación tras generación, según el momento que nos ha tocado vivir, hemos intentado aportar lo mejor de cada uno de nosotros y nosotras a la política de este país.

Como siempre digo, yo escucho atentamente a todos los miembros de nuestro partido, dirigentes y no dirigentes. Y también digo que la realidad de hoy poco tiene que ver con la de hace unos años, y seguramente, será muy diferente a la del futuro. A eso me refería al decir que ahora nos toca a nosotros, nosotros tomamos las decisiones, en este momento concreto, porque para eso nos han elegido los ciudadanos. El día de mañana le tocará a otros, y lo que espero es que quienes estén dirigiendo el partido y el país en ese momento puedan sentirse arropados por todos aquellos que algún día tuvimos que enfrentarnos al mismo reto.

P.- Al margen del apoyo o no de Bildu, otros posibles grupos cuyos votos favorables serían también necesarios (estoy pensando en ERC) han endurecido en los últimos días su posición y han presentado enmiendas que yo calificaría como de máximos: retirar las asignaciones públicas, por ejemplo, a organismos como el Tribunal de Cuentas o la Casa Real. ¿No es un poco fuerte para un partido de gobierno como el PSOE tener que pasar por ese aro?

R.- Los partidos pueden presentar las enmiendas que consideren oportunas. Está claro que en algunas nos podremos poner de acuerdo y en otras nuestras posiciones están muy alejadas. No hay aro por el que pasar porque el PSOE es un partido de Estado que respeta y guarda la Constitución.

Siempre nos podremos encontrar en aquellas medidas que tengan por objetivo mejorar la vida de la gente, que luchen por reducir la desigualdad en nuestro país o pongan la justicia social en el centro.

Sí quiero decir que se ha ido asentando en España un discurso para el cual negociar y pactar es casi equivalente a traicionar los valores de uno mismo. Creo que es un discurso muy antipolítico, que es lo contrario de cualquier responsabilidad política, creo que la fortaleza de los valores de un partido no se mide por su excelencia teórica sino por la capacidad que tengamos de hacerlos realidad, de acercar el mundo existente a ese mundo ideal que nos sirve de horizonte. El compromiso, la negociación, el diálogo y el acuerdo nunca pueden ser un defecto de la democracia, son algunos de sus valores esenciales.

P.- Me gustaría tocar el tema de los cordones sanitarios. ¿Ve aceptable que se pongan estos supuestos cordones a partidos extremistas? Me refiero a debates que hemos vistos hablando de Vox, de Bildu e incluso a veces de Podemos. ¿Es democrático pensar en aplicar estos cordones a partidos legales y constitucionales?

R.- Mire, yo soy una demócrata convencida y por eso creo en el valor del diálogo, pero el diálogo no puede darse únicamente con quien piensa como nosotros. No es necesario el acuerdo con quien piensa como uno mismo, es necesario porque somos diferentes, porque pensamos distinto. En mi carrera política y, especialmente desde que soy portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, he negociado con muchos grupos políticos. Investiduras, presupuestos, leyes y reales decretos. Siempre me encontrarán en la mesa de diálogo quienes quieran mejorar la vida de la gente llevando al Boletín Oficial del Estado medidas de justicia social. Ese es el límite y el horizonte: mejorar la vida de la gente.

No hay aro por el que pasar porque el PSOE es un partido de Estado que respeta y guarda la Constitución

P.- En el mundo están pasando cosas tremendas, señora Lastra. En estos últimos compases de este maldito 2020 hemos visto caer en las urnas a Donald Trump, el presidente más nefasto de la historia de los Estados Unidos y obtener la victoria a Joe Biden y a Kamala Harris; pero el mundo asiste asombrado a la forma en que Trump se niega a aceptar su derrota y amenaza con enrocarse en la Casa Blanca. ¿Qué se puede hacer con un sujeto así?

R.- Lamentablemente, esta situación no nos ha pillado a ninguno por sorpresa. Meses antes de las elecciones, Trump ya amenazaba con no reconocer el resultado de las elecciones si no salía ganador. El pueblo estadounidense ha hablado y ha decidido darle su confianza a un nuevo presidente, Joe Biden. El problema de poner en duda las reglas básicas de la democracia es que se inicia un proceso de degradación de las instituciones que cuesta mucho revertir.

La democracia tiene una ley evidente: quien obtiene el apoyo de la mayoría forma Gobierno. Pero hay otra menos mencionada e igual de importante: quien pierde las elecciones asume el resultado y la legitimidad del nuevo Gobierno. Si este segundo elemento no se da, es un problema grave porque cuestiona a las propias instituciones democráticas.

Se trata de un camino muy peligroso del que todos deberíamos extraer lecciones. Cuestionar las reglas democráticas, poner en entredicho el resultado electoral, no aceptar el derecho de quien ha ganado las elecciones a formar Gobierno y gobernar es un camino peligroso para todos y estoy segura de que también muchos republicanos comparten esto. Confío, en cualquier caso, en que la democracia estadounidense pueda aplicar los mecanismos de que dispone para garantizar el traspaso de poderes al nuevo presidente electo.

P.- Un Donald Trump que además, de forma indigna, agita el fantasma de que con Joe Biden habrá más muertos por la pandemia del Covid-19. ¿Será mejor el mundo sin Trump y con Biden?

R.- La calidad de una presidencia o de un Gobierno se mide por su capacidad para dejar un país mejor del que recibió. Trump deja un país mucho más dividido, mucho más enfrentado y me temo que, por algunas encuestas que hemos visto estos días, algo más alejado de sus propias instituciones. Confío en que Joe Biden pueda volver a reconectar con el país y, como dice él mismo, empezar a curar muchas de las heridas que ha abierto esta presidencia nefasta. En materia internacional, el nuevo presidente electo ya ha anunciado su apoyo al acuerdo de París por el clima del que Trump hizo salir a EEUU. Son señales esperanzadoras para un planeta en el que afrontamos retos globales que sólo pueden ser superados con la colaboración de todos.

P.- Señora Lastra, con el corazón en la mano: ¿Ha hecho el gobierno de Sánchez una buena gestión de la pandemia del Covid-19 en nuestro país?

R.- Mire, enfrentarse a la mayor pandemia mundial del último siglo no es fácil. No lo ha sido para ningún país y todos nos hemos enfrentado a un territorio desconocido en el que hemos ido aprendiendo según avanzábamos. Este Gobierno ha tomado decisiones muy duras. Hemos actuado siempre con el convencimiento de que lo prioritario era salvar vidas y empleos. Hay que recordar que sacamos adelante seis prórrogas del Estado de Alarma durante la primera ola, las últimas sin el apoyo del principal partido de la oposición en nuestro país. Pusimos en marcha un escudo social para tejer una red de seguridad a las familias españolas. Hay quienes han intentado contraponer salud y economía. Es un falso dilema que esconde un mensaje muy claro: sálvese quien pueda. Habremos cometido algunos errores, pero nuestro objetivo ha sido siempre muy claro, no dejar a nadie atrás.

P.- Se le ha recriminado sin embargo desde todos los ángulos posibles: por «ocultar» las cifras reales de muertos, por no haberlo «visto venir» y reaccionar tarde cuando la pandemia ya estaba metida de lleno en nuestro país, por asumir primero el mando único y después llamar a la «co-gobernanza» y dejar la gestión diaria de la lucha contra la epidemia en manos de las Comunidades Autónomas… incluso se les ha atacado por considerar «frívolo» al portavoz oficial Fernando Simón. No caben más flancos de crítica, me da la impresión… ¿Cuáles son sus reflexiones?

R.- Como le decía, gestionar la mayor pandemia mundial del último siglo no ha sido nada fácil. No es nada fácil. Las críticas constructivas son siempre bienvenidas y hay que reconocer que hay quienes así lo han hecho, pero también hemos asistido a una campaña de acoso y derribo absolutamente irresponsable de las derechas donde todo valía para tumbar al Gobierno de coalición.

Se nos ha criticado a la vez por ejercer el mando único y por no hacerlo, por aprobar un Estado de Alarma y por levantarlo, incluso por utilizar los mecanismos constitucionales previstos para ejercer limitaciones de derechos fundamentales que algunos querían restringir mediante legislación ordinaria.

Tengo la sensación de que mientras todo el país y la mayoría de los partidos nos uníamos para luchar contra la pandemia, las derechas se unían entre ellas para luchar contra el Gobierno. Hacer oposición es importante pero hay momentos en los  que la altura de Estado debe pesar más.

P.- Cierto es que la «música va por barrios» porque tampoco han sido menores las críticas recibidas por la señora Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid; ¿lo han hecho tan mal los responsables del gobierno madrileño de coalición del PP y Ciudadanos?

R.- El problema de la Comunidad de Madrid es que ha sido instrumentalizada por el Partido Popular como ariete contra el Gobierno en esta crisis. En ocasiones parecía más importante oponerse al Gobierno de coalición que la lucha contra la pandemia. Creo que a la Comunidad de Madrid le ha faltado coordinación en su Gobierno. El vicepresidente de la Comunidad de Madrid ha manifestado en numerosas ocasiones su disconformidad con las decisiones que tomaba la presidenta. El mensaje que se enviaba a los madrileños era de caos en la gestión. Para nosotros la prioridad sigue siendo la coordinación, la colaboración y la responsabilidad. No es el momento de nada más.

P.- Debo preguntarle también por la Ley Celáa, señora Lastra. Está recibiendo numerosas críticas.

R.- Lo que ha pasado con la Ley Celáa es algo muy curioso. Las críticas de las que usted me habla, como algunas otras, no están basadas en la realidad, en lo que realmente recoge la ley. Las derechas lo saben pero prefieren seguir haciendo ruido antes que colaborar para adaptar nuestra educación al siglo XXI.

Con esta Ley no desaparece el castellano, esta Ley cumple con lo que dice el artículo 3 de nuestra Constitución, cumple con lo que dicen los estatutos de autonomía y cumple con lo que estableció el Tribunal Constitucional. El proyecto de ley asegura que al finalizar la educación básica todos los alumnos y alumnas tengan un dominio pleno de la lengua castellana y de las lenguas cooficiales de su comunidad.

Tampoco se van a suprimir los centros de educación especial para niños y niñas con discapacidad. Es un bulo absoluto que las derechas se han apresurado a difundir. Los centros de educación especial seguirán existiendo y contarán con todos los recursos necesarios para que puedan dar una respuesta adecuada a las necesidades de cada alumno. Pero también, en los  objetivos de esta Ley está  aumentar la inversión en los colegios ordinarios para que puedan ofrecer ese servicio a los padres y madres que lo soliciten.

Esta Ley apuesta por una educación de calidad, en la que la equidad sea el elemento central.

P.- ¿Qué tal van las relaciones en el seno del gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos?

R.- El Gobierno está unido y cohesionado. Es el primer Gobierno de coalición de nuestra democracia desde la Segunda República. Somos dos partidos con dos proyectos distintos que se ponen de acuerdo para gobernar este país y es normal que haya puntos donde cada partido tiene una posición divergente, pero tenemos una hoja de ruta, el acuerdo de Gobierno, que vamos a cumplir. Sé que hay mucha gente interesada en sembrar dudas y extender la sombra de que este Gobierno no va a durar. Siento decepcionarles, tenemos toda una legislatura por delante y hay Gobierno de coalición para cuatro años.

P.- ¿Está haciendo lo suficiente el Gobierno para no dejar atrás a los más desfavorecidos? ¿Está funcionando el escudo social? Leía un dato el otro día que me inquietó y es que el Ingreso Mínimo Vital estaría llegando solo al 6 por ciento de quienes lo han reclamado… ¿Se puede hacer algo más?

R.- Hemos aprendido en esta pandemia que el virus sí entiende de clases sociales. Es a la clase trabajadora y a los barrios más desfavorecidos a quienes más duramente ha golpeado esta pandemia. El escudo social que hemos puesto en marcha tiene como objetivo paliar las consecuencias que este virus ha supuesto para estas familias.

Aceleramos el calendario para aprobar el Ingreso Mínimo Vital, un compromiso de esta legislatura. En la primera semana de su puesta en marcha llegaron 300.000 solicitudes, medio millón durante el primer mes. El ministerio de Seguridad Social, Inclusión y Migraciones está poniendo todos sus esfuerzos para garantizar que el IMV llegue a todos los hogares que lo necesitan. Se han introducido modificaciones para agilizar su tramitación y la Oferta de Empleo Público 2020 incluye 323 nuevas plazas que irán a reforzar la  plantilla de funcionarios del ministerio.

La gran diferencia entre esta crisis y lo que ocurrió con la anterior es que ahora hay una convicción muy compartida de que lo primero es proteger a las personas y por eso hemos aprobado los Presupuestos más sociales de la historia de España. Es una convicción que siempre ha sido una parte esencial del ideario socialista pero que hoy, aunque parece que el señor Casado no se da por aludido, defienden instituciones como el Parlamento Europeo, la Comisión Europea, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

P.- Leo también con indignación estos días que países como Polonia y Hungría quieren vetar las partidas dispuestas ya por Bruselas para nuestro país. Esto es inadmisible, ¿no le parece? ¿Están en peligro los 140.000 de ayudas previstas para España?

R.- Este tipo de negociaciones suelen ser bastante complejas, ya lo vivimos en julio. Finalmente, con la participación y el impulso del Presidente del Gobierno, se llegó a un acuerdo histórico para toda la Unión Europea.

Respecto a las posiciones de Polonia y Hungría, esperamos que la situación se solucione lo antes posible. Confiamos en que se pueda llegar a un acuerdo porque  sería una buena noticia para todos los países que formamos parte de la Unión. De hecho, tanto Polonia como Hungría son dos de los principales países beneficiarios de las ayudas a la reconstrucción. Estoy convencida de que la situación se resolverá favorablemente para todos.

P.- ¿Qué podemos hacer desde España para ayudar a la caótica situación en Perú?

R.- El miércoles, la mayoría de los grupos del Congreso de los Diputados firmaron una declaración a propuesta del Grupo Socialista sobre la situación en Perú.  Desde España hacemos un llamamiento para que el proceso peruano se encauce por vías estrictamente democráticas, y manifestamos nuestro apoyo y solidaridad con las víctimas de la violencia en las calles. España siempre estará al lado de los procesos de paz y democráticos en América Latina, una región con la que tenemos estrechos vínculos de hermandad.

Hoy vivimos en una especie de paradoja. Tenemos al mismo tiempo el Gobierno más progresista de la democracia y a la ultraderecha con más fuerza en el Congreso desde el final de la dictadura

P.- ¿Podría darme una foto del PSOE actual? ¿Cuáles son los valores que os definen en este momento?

R.- El PSOE es un partido comprometido con nuestro presente, orgullosos de nuestro pasado y esperanzados con el futuro. Un partido al que se le presentan enormes desafíos, pero que tiene la fuerza y convicción suficiente para enfrentarse a ellos.

Es un PSOE que sabe que sin igualdad no hay libertad, que sin justicia social tampoco hay libertad. Y por supuesto, que sin feminismo no hay nada de lo anterior. Un partido que es muy consciente de que las decisiones que tomemos hoy como Gobierno, marcarán el país que seremos mañana.

Es muy frecuente escuchar que en política hay que elegir entre libertad e igualdad. Nosotros creemos que no se puede entender lo uno sin lo otro, que la libertad sin igualdad es solo una coartada del privilegio y que la igualdad sin libertad es solo otra máscara del despotismo. De lo que se trata es de ser igualmente libres.

P.- Siempre me gusta cerrar con alguna cuestión más íntima, más personal. Le pregunto a la Adriana Lastra mujer, no a la política; cuál es su sueño… ¿Ayudar a dejar a las futuras generaciones una España mejor? Esto a largo plazo, porque supongo que a corto plazo me dirá que superar en pocos meses, ojalá semanas, gracias a las esperanzadoras vacunas que se están empezando a anunciar, esta maldita pandemia…

R.- Así es. En el corto plazo no tengo dudas, dejar atrás esta pandemia que tanto sufrimiento ha causado y causa a los españoles. En el largo plazo, seguir avanzando hacia una España mejor.

Mire, hoy vivimos en una especie de paradoja. Tenemos al mismo tiempo el Gobierno más progresista de la democracia y a la ultraderecha con más fuerza en el Congreso desde el final de la dictadura. Esta composición genera situaciones extrañas donde los progresistas tenemos que volver a defender, aún con más fuerza si cabe, derechos y libertades que pensábamos garantizados en nuestra sociedad. No podemos replegarnos y defender únicamente lo conquistado porque entonces estaríamos perdiendo un tiempo maravilloso en todo aquello que queda por conquistar. Hay que sacudirse el miedo y el odio que infunde la ultraderecha y seguir avanzando.

Estoy convencida de que este odio acabará en el vertedero de la historia y nosotros seguiremos construyendo una sociedad más justa, más feminista y más verde. Una sociedad en la que miremos a las nuevas generaciones a los ojos y podamos decir con orgullo: “Esta España que hemos construido juntos ahora es vuestra”. Y mire, yo sé que no podremos erradicar toda la injusticia del mundo, pero nuestra obligación es dejar un mundo mejor que el que recibimos, y que las generaciones que nos sucedan hagan lo mismo. Ese es el camino de la esperanza.