España

Iglesias: de incendio en incendio hasta la victoria final

El vicepresidente segundo y líder de Podemos, Pablo Iglesias EFE

Si muchos en el PSOE confiaban en domesticar a Pablo Iglesias mediante el abrazo del oso, que históricamente diezma al partido menor o subsidiario en una coalición de Gobierno, estaban muy equivocados. Porque no sólo consiguen los morados marcar perfil propio en asuntos que pondrían al borde del precipicio la alianza gubernamental, sino que son capaces de manejar con enorme maestría la agenda política.

A veces son los de Pablo Iglesias los que provocan los incendios, otras veces contribuyen a avivar las llamas. Tampoco faltan los momentos en que se marca una hoja de ruta propia, aunque bendecida por Pedro Sánchez.

El mejor ejemplo de ello ha sido la negociación presupuestaria con una EH-Bildu dispuesta a participar en la «dirección de Estado» hasta el advenimiento de la república vasca. El líder morado ha salido internamente reforzado tras demostrar que su presencia «abría el abanico de posibilidades» con el que sacar adelante la aprobación de los primeros presupuestos del gobierno de coalición.

Las informaciones sobre la regularización fiscal de Juan Carlos I han sido otro terreno propiciatorio en el que marcar diferencias. Mientras Pedro Sánchez asegura hablar en nombre de todo un Gobierno que respeta el pacto constitucional y, por tanto, apoya la monarquía parlamentaria, el partido del vicepresidente segundo va por otros derroteros.

No se limita a hacer un análisis crítico y legítimo, por otro lado, de la situación de la Corona, así como reivindicar su republicanismo, sino que edita un vídeo en el que no tiene empacho en comparar a la institución con el cártel del narcotraficante Pablo Escobar. Ahí es nada. Y eso que fuentes próximas a Iglesias aseguran que su relación con Felipe VI «es cordial».

No cabe duda de que Iglesias es consciente del ascendente que tiene en el despacho de Sánchez, con la anuencia de un director de gabinete, Iván Redondo, cuyo objetivo es mantener a su jefe en Moncloa a toda costa los próximos tres años y al que se le ha acusado, no pocas veces, de privilegiar a Unidas Podemos por encima de ministros socialistas.

Pero la controvertida situación de un Juan Carlos I, que ansía volver a España, venía precedida de otra polémica, esto es, la Reunión de Alto Nivel con Marruecos. Aunque finalmente aplazada a febrero, lo cierto es que Marruecos había expresado de forma oficiosa su malestar al Gobierno por las palabras de Pablo Iglesias recordando la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas respecto al referéndum en el Sáhara.

A partir de ahí, todo fue confusión. Iglesias cayó de una delegación en la que iban a ir los cuatro vicepresidentes para quedar finalmente sólo Teresa Ribera. En el Ejecutivo no se cansaron de asegurar que era una decisión determinada por el Covid y las exigencias de Marruecos de que dicha delegación fuera lo más reducida posible, tanto en miembros del Gobierno como en número de asesores. Tampoco estaba cerrada una entrevista con el Rey, Mohamed VI, «que muchas veces no se terminan de cerrar hasta estar ya en el país», según fuentes monclovitas.

En fin, si todo fue por el coronavirus habrá ocasión de comprobarlo en febrero. Ya se sabe de la escasa tolerancia de las autoridades marroquíes a todo lo que tenga que ver con la antigua colonia española y más ahora cuando un Donald Trump en los estertores de su mandato ha decidido reconocer la soberanía del país alauita sobre el Sáhara occidental.

Entre medias, Iglesias abrió otro debate que pilló a los aliados socialistas con el pie cambiado, el de la jornada laboral de cuatro días a la semana. En una entrevista en «La hora de la 1″ de TVE destacó cómo los morados «siempre hemos sido partidarios de la reducción de la jornada laboral. La propuesta es interesante y me consta que el Ministerio de Trabajo de Yolanda Díaz la está estudiando, y en el marco del diálogo social se va explorar porque favorecería sin duda la generación de empleo».

La estupefacción fue máxima en el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, y en la ministra de Hacienda y portavoz, María Jesús Montero, que trasladaron el sentir del sector socialista, siempre puesto en el dilema de tener que desmentir «las ocurrencias de Unidas Podemos, que juegan a lo que juegan», esto es, a apuntarse siempre las medidas más sociales.

Escrivá, casi siempre prudente, replico que «no me parece que España sea un país que con los niveles de productividad y competitividad que tiene deba dar prioridad a ese asunto. No creo que tengamos margen para eso».

Que los morados llevan las cuestiones al terreno del enfrentamiento para luego apuntarse el tanto es una sensación que crece a cada día que pasa. Un ejemplo es la prohibición de los desahucios sin alternativa habitacional hasta el fin del estado de alarma, el próximo 9 de mayo.

Amenazaron con una enmienda a los Presupuestos de la mano de ERC y EH-Bildu mientras que desde el departamento de José Luis Ábalos insistían en que había tiempo hasta finales de año. Planteado casi como un ultimátum, lo cierto es que el decreto no pasó este miércoles por el Consejo de Ministros. Se va a cumplir, pues, el calendario marcado por el PSOE, pero parecerá que la partida la han ganado los morados.

La lista es demasiado prolija para condensarla en unos párrafos. Pero baste un ultimo ejemplo de los incendios que provoca la estrategia de Podemos. Es prácticamente imposible que se pueda indultar a los nueve presos del procés condenados por sedición y malversación de fondos antes del 14-F, fecha prevista para las elecciones catalanas, «y ellos lo saben», dicen en el entorno de la vicepresidenta primera, Carmen Calvo.

«El Gobierno no funciona así», dijo la vicepresidenta política, en declaraciones a RNE. Explicó que «la tramitación de los indultos lleva un proceso sobre el que no se puede influir» y muchos menos pensar «con qué coincide o deja de coincidir. El Gobierno no está mirando eso». Pero el día que lleguen los indultos, a ojos del mundo independentista parecerá mérito de Iglesias.

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