El mensaje del presidente del Gobierno se hizo de rogar, pero llegó. Anoche, Pedro Sánchez condenó rotundamente los actos de violencia «desbocada», en palabras del propio conseller de Interior de la Generalitat, que se vivieron la noche del sábado en las calles del centro de Barcelona. Barricadas ardiendo, escaparates saqueados, o cajeros destrozados son algunas de las imágenes que dejó una noche especialmente tensa, en la que incluso los radicales prendieron fuego a un furgón de la Guardia Urbana cuando aún había agentes dentro. «Hijo de puta. Va, sal corriendo», gritaban los exaltados, según informó Europa Press.

«Inaceptables los actos de vandalismo y violencia que está sufriendo esta noche Barcelona», escribía en Twitter el jefe del Ejecutivo. Tras nueve noches de altercados, Sánchez sólo había roto su silencio una vez, durante un acto en Mérida hace más de una semana, cuando se desmarcó abiertamente de Podemos en un momento en que la relación entre los socios gubernamentales hace aguas por no pocos frentes. «En una democracia plena como es España, la violencia es inadmisible (…). La violencia es la negación de la democracia», aseveró.

Las palabras del máximo mandatario socialista llegaban justo después de que el portavoz parlamentario de Podemos, Pablo Echenique, alentara a través de Twitter las protestas callejeras, mientras otros de los portavoces de la formación morada, Rafa Mayoral, evitase condenar los destrozos callejeros. Y Pablo Iglesias calló entonces y lo sigue haciendo ahora. El silencio del vicepresidente segundo resulta ensordecedor en los pasillos de Moncloa y aviva una vez más las diferencias en el seno del Gobierno de coalición que sirven de gasolina a los partidos de la oposición.

Además del presidente del Gobierno, diferentes cargos socialistas han querido condenar este sábado «con contundencia y sin paliativos» los disturbios en Barcelona. «Nunca la libertad se puede defender con violencia», afirmaba el secretario de Relaciones Institucionales del PSOE, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. También el actual líder del PSC, Salvador Illa, se ha expresado este domingo en ese sentido y ha reafirmado el «apoyo sin fisuras» del Gobierno a los cuerpos policiales, al tiempo que ha condenado la «violencia sin matices» e «injustificada» en la ciudad condal.

Del lado de Podemos, sólo la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se ha pronunciado abiertamente para condenar los actos violentos que, incluso, pusieron «en peligro la vida de un agente», reafirmando además su apoyo a los miembros de la Guardia Urbana y los Mossos ante la escalada de violencia. En el resto de la formación morada, no obstante, ha primado el mutismo. La filial de Podemos en Cataluña impulsó incluso una de las manifestaciones pacíficas que confluyeron en Barcelona a las 18.00 horas de la tarde, antes de que estallasen los altercados. Los morados decidieron hacer la guerra a la otra parte del Gobierno con una convocatoria en las calles en la que, entre otras cuestiones, se reivindicaba la regulación de alquileres o la derogación de la reforma laboral.

Con las diferencias por los altercados violentos en Barcelona concluye otra semana repleta de disputas entre los socios gubernamentales. En liza aún quedan los reproches mutuos en torno a la ‘ley Trans’, la regulación de los alquileres, la ‘guerra fría’ en que se está desarrollando la negociación para la renovación del CGPJ o el debate sobre la calidad democrática de España, que también ha dejado sonoros enfrentamientos entre los socios de coalición.