Cataluña | España

La negociación del nuevo Govern pone a prueba el poder de los huidos tras el 1-O

El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y los exdiputados Toni Comín y Clara Punsatí en Perpiñán.

Hace tres años, el «exilio» definió el reparto de poder en Cataluña. Carles Puigdemont (JxCat) y Marta Rovira (ERC) pusieron las bases desde Bélgica del nuevo Govern. Un ejecutivo que daba continuidad a la estructura de carteras del anterior y se repartía cargos y presupuesto al 50% entre los dos partidos independentistas. Este marzo de 2021, Carles Puigdemont ha sido uno de los escollos de la negociación, mientras Marta Rovira se enzarza en batallas dialécticas en twitter con la musa del puigdemontismo, Pilar Rahola.

El núcleo de poder que durante los tres últimos años han formado los fugados tras la declaración unilateral de independencia se enfrenta con la formación del nuevo gobierno catalán a una auténtica prueba de fuego. Pere Aragonés no será un «presidente vicario» como se autodefinió Quim Torra. No cuestionará el liderazgo moral de Oriol Junqueras desde Lledoners, pero no está dispuesto a someterse a los designios de Waterloo.

Serret vuelve de Bélgica

La batalla por el Consejo por la República que comandan Puigdemont y el ex republicano Toni Comin es la muestra más evidente de ese conflicto. Pero no la única. El inesperado regreso de la ex consejera de Agricultura, la republicana Meritxell Serret, fue un torpedo en la línea de flotación del relato construido entorno a un supuesto «exilio catalán» que los de Junts todavía no han digerido.

Serret regresó a España y se puso a disposición del Supremo sin avisar a sus compañeros el Bélgica, Puigdemont, Comin y Lluís Puig, todos ellos encuadrados en JxCat. Una operación meticulosamente ocultada a sus socios, y pactada con la Justicia por el abogado Iñigo Iruín, habitual del entorno abertzale. Tampoco el abogado Gonzalo Boye y el resto del equipo jurídico habitual de Puigdemont conocían la operación.

Bronca de Rovira y Rahola

Las consecuencias de esa decisión no han dejado de destilarse desde entonces en las redes del entorno independentista. Primero, con duras acusaciones del entorno de JxCat, que afeaban la decisión de Serret sin tener en cuenta a sus «compañeros». Unas críticas puntualmente respuestas por ERC, reclamando respeto para Serret.

El último capitulo, lo han protagonizado este fin de semana Marta Rovira y Pilar Rahola, aunque el detonante no fue otro que Puigdemont. El ex presidente fugado conmemoró los tres años de su detención en Alemania con un hilo en twitter en el que recriminaba a sectores del independentismo que despreciaran «la labor del exilio» por contraste con la situación de los condenados a penas de prisión por el Supremo, con Junqueras al frente.

Rovira acusa a Rahola de «banalizar la represión» después de que la opinadora cuestionara a Esquerra por no estar dispuesta a secundar la «confrontación» que reclama JxCat, insinuando un pacto para indultar a los presos. «Ahora mismo soy la única que sigo imputada por un delito de rebelión» se lamentaba la secretaria general de Esquerra.

«No insinúo nada, pero es un hecho que Llarena no te ha perseguido desde julio de 2018»

«Marta sabes que la rebelión ha caído tras la sentencia. A ti no te han modificado el cargo porque no han dictado ninguna orden de detención, a diferencia de a otros» le respondía Rahola, en referencia a Puigdemont, Comin y Ponsatí. «No insinúo nada, pero es un hecho que Llarena no te ha perseguido desde julio de 2018». Un comentario impensable hace tres años en un entorno cuyo discurso se basa en «la represión» del Estado contra «mas de 3.000 independentistas» que van desde el rapero Valtonyc a los procesados por desórdenes.

El Consell, en cuestión

Si las batallas en las redes son sintomáticas, la batalla por el Consejo por la República -una entidad que aspiraba a registrar a los dos millones de independentistas catalanes y ha conseguido el apoyo de 100.000- es el resultado del enfrentamiento entre JxCat y ERC por decidir quien marca el discurso del independentismo en los próximos años.

Junts quiere que Puigdemont y su teoría de la «confrontación inteligente» sean el eje de la estrategia secesionista. Pero Esquerra se resiste al mandato de un grupo de políticos sin ningún interés por el día a día catalán. El «exilio» empieza a pesar como una losa.

En este contexto de bloqueo entre ambos partidos se explica la oferta realizada por el propio CxR este lunes, dispuesto a una «reformulación» para acercar a los republicanos. En una declaración política emitida a un día de celebrarse la segunda votación de la investidura de Aragonès, el Consejo se ha ofrecido a «reformularse» como pide ERC, pero integrando la nueva «dirección colegiada» del independentismo dentro de su propia estructura.

Gobierno parlalelo

El Consejo se presenta como «la institución republicana desde la cual hay que acordar las estrategias para hacer efectivo aquello a lo que nos comprometimos a partir del resultado del referéndum» unilateral del 1-O. Pero reconoce que «es necesario reformular su gobernanza, para definir de manera precisa y sin contradicciones las funciones específicas de sus diferentes órganos».

Invitan además a un «diálogo bilateral» para definir esa «dirección política colegiada» a Oriol Junqueras y Marta Rovira, así como al secretario general de JxCat, Jordi Sànchez, y a los máximos dirigentes de la CUP, Òmnium Cultural y la ANC. Una forma de recuperar el papel de eje central del independentismo, conservando el papel preponderante de Puigdemont, con Comin con representante.

El Consejo por la República planea además organizar en junio unas elecciones para escoger una «asamblea de representantes» independentistas que actúe como una institución paralela a las estructuras autonómicas. Otro contrapoder al Govern y a la estrategia negociadora de ERC con el PSOE, puesto que su objetivo debe ser agudizar la confrontación con el Estado y preparar un «desbordamiento democrático».

Comentar ()