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El hundimiento de Gabilondo, con sorpasso de García, desgasta a Moncloa

La debacle electoral agudiza la crisis entre Ferraz y el director de Gabinete de Sánchez

Imagen de Mónica García en primer plano y Gabilondo detrás quitándose la mascarilla

Carmen Vivas

Moncloa y Ferraz se enfrentan a unos días duros en los que tendrán que digerir los adversos resultados y analizar las causas de la debacle. Un desastre sin paliativos, -hasta con sorpasso en votos de Más Madrid y empate en escaños-, del que pocos culpan al candidato, Ángel Gabilondo, sino que dirigen su dedo acusador a la estrategia marcada por el director de gabinete de Pedro Sánchez, Iván Redondo.

El hundimiento apunta pues a Moncloa. Génova afila los cuchillos. La dirección federal, encarnada en su secretario de Organización, José Luis Ábalos, no tuvo mucho que decir. La madrileña, tampoco. Fue sistemáticamente ignorada, cuando no maltratada. Les hicieron las listas y construyeron los mensajes de campaña, también los giros inexplicables de la estrategia. Gabilondo no encontró su lugar.

Pero en honor a la verdad, desde Joaquín Leguina, el socialismo madrileño no levanta cabeza. De hecho, lo de hace dos años, cuando ganaron las elecciones autonómicas, fue un espejismo. Pilló a los populares en el peor de los momentos posibles y aún así no consiguieron vencer al conjunto de la derecha. Dos años después les ha salido un adversario poderoso por la izquierda, y no es Unidas Podemos, -con unos resultados más que mediocres que han llevado a Iglesias a abandonar la política-, sino una prácticamente desconocida Mónica García, líder de la oposición, papel que, de hecho, ya ejerció durante estos dos años.

Gabilondo e Iglesias, con unos resultados mediocres, sucumben frente a García

Fiel a su estilo, Gabilondo hizo un alarde de elegancia en su intervención de anoche. «Siempre he intentado abordar los problemas de los ciudadanos, de ofrecer propuestas sosegadas, obviamente no lo he conseguido» En todo caso, anunció que «seguiremos trabajando, luchando, estemos donde estemos. Soy Gabilondo y este es el PSOE».

El protagonismo de Pedro Sánchez se fue eclipsando conforme los sondeos les eran adversos, a sabiendas, muy probablemente de que el CIS de Tezanos, que ha vuelto a hacer un ridículo histórico, estaban escorados para crear un estado de opinión pública a favor de la izquierda que ni sus propios trackings les daban. De hecho, se quedó en Moncloa, con Ábalos en Ferraz y Gabilondo poco menos que abandonado en un hotel de Madrid.

Los resultados enconan el enfrentamiento entre Moncloa y PSOE y gravitan sobre la celebración de las próximas citas congresuales, tanto la federal de octubre, cuyo objetivo es relanzar al partido, como la regional madrileña de finales de año. Sánchez ya tenía previsto acometer una profunda renovación que pasaba por sustituir a Gabilondo y a José Manuel Franco. La debacle afianza este propósito. De hecho, Ábalos apuntó ayer en este sentido al indicar que los socialistas «tienen una doble tarea, ejercer la oposición con responsabilidad y poner a punto nuestra organización de cara a las elecciones de dentro de dos años».

El PP «se ha abrazado a Vox hasta mimetizarse», dice Ábalos

Ábalos se rindió a la evidencia de unos malos resultados y ensayó el que será el mensaje autojustificatorio de los socialistas en las próximas semanas, esto es, que el PP «se ha abrazado a Vox hasta mimetizarse» y que esta es una consulta de ámbito regional que no debe extrapolarse al conjunto de España. Se marcan como objetivo los comicios de dentro de dos años para «construir la alternativa progresista que Madrid necesita».

Queda por dirimir si Sánchez acometerá cambios en Moncloa y en Ferraz. No cabe duda de que el objeto de todas las críticas es Redondo, aunque es aventurado pensar que vaya a prescindir de su «spin doctor» salvo limitar sus funciones e injerencia en cuestiones del partido. En Ferraz no se esperaba una gran conmoción en el congreso federal. La idea más extendida era la de la continuidad del núcleo de poder socialista, pero tras estos comicios hay más incógnitas que certezas.

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