España

Ciudadanos maniobra para evitar que la crisis de Granada abra otra guerra entre Arrimadas y Casado

El partido 'naranja' no quiere "dar excusas" a Génova para activar el botón de adelanto electoral en Andalucía, como ya sucedió en Madrid

Inés Arrimadas observa a Pablo Casado en el Congreso.

Fotografía de archivo. Inés Arrimadas observa a Pablo Casado en el Congreso. EFE

Ciudadanos podría estar a punto de pagar un alto precio político por la negativa de Luis Salvador a abandonar la alcaldía de Granada en favor del PP. Ambos partidos han confrontado en los últimos días por un asunto con demasiada letra pequeña y con no pocas implicaciones en la arena regional y nacional. Los populares granadinos, respaldados por Génova, defienden que el regidor se comprometió al principio de la legislatura a ceder el bastón de mando al PP en el ecuador del mandato, una fórmula conocida como ‘2+2’ que también se aplicó en otros ayuntamientos de España tras las municipales de 2019. Y en Ciudadanos niegan la mayor y alegan que jamás se acordó tal cosa. El órdago del Partido Popular, que contraatacó con la dimisión en bloque de sus concejales para forzar la salida del alcalde, no surtió efecto. 48 horas después, Luis Salvador resiste con 25 de los 27 miembros del consistorio en contra. «No creo que sea mucho pedir que el PP respete Granada y mantenga el acuerdo», expresaba ayer en La Sexta.

El choque de trenes es evidente, y el desenlace un misterio. En Génova no disimulan su malestar. «Ciudadanos ha roto otro pacto con el PP», enfatizan, sin cerrar la puerta a que la última «traición» de sus ex socios en Granada pueda tener consecuencias en el Gobierno de la Junta de Andalucía, donde PP y Cs gobiernan en coalición. Mientras tanto, en el entorno de la presidenta de Ciudadanos aseguran que aguantarán el pulso, aunque se empeñan en ubicar tanto el problema como la solución en el ámbito local, sin dejar que trascienda a la política nacional. El objetivo, según fuentes de la formación, es evitar abrir una nueva guerra entre Inés Arrimadas y Pablo Casado por las secuelas que puede tener para Ciudadanos implicar directamente a Génova en la contienda.

Por eso, tal y como avanzó este miércoles el portavoz parlamentario del partido, Edmundo Bal, no se ha contactado aún con la dirección nacional del PP para tratar de resolver la guerra política que ha dejado un ayuntamiento completamente paralizado. No obstante, en el partido naranja se muestran convencidos de que la ‘operación Granada’ se ha urdido en los despachos del número 13 de Génova y que su ejecutor trabaja en la quinta planta como miembro del equipo de Teodoro García Egea: creen que el ex secretario de Organización de Cs, Fran Hervías ha instigado la dimisión en bloque de los concejales del PP para forzar la salida de Salvador, con quien mantiene además una histórica rivalidad.

Pese a tener claro que quien ha metido la mano en la ciudad nazarí trabaja en Madrid y no en Granada, Ciudadanos maniobra para evitar meter el dedo en el ojo a Casado y «darle excusas» para llevar a Juanma Moreno, aunque sea a regañadientes, a pulsar el botón de adelanto electoral también en Andalucía. En el partido liberal tienen bastante reciente la experiencia murciana, en que intentaron, sin éxito, una moción de censura para desbancar a Fernando López Miras del Gobierno de la Región gracias a un pacto con las altas esferas de Ferraz. Génova vio justificación suficiente como para autorizar el adelanto electoral en Madrid tras la «traición» de Arrimadas, y lo que tratan de evitar ahora los naranjas es que Casado autorice también la apertura de urnas en Andalucía por la crisis granadina. Y no es baladí el hecho de que fuentes del PP califiquen ya lo sucedido en Granada como un «Murcia 2.0».

En el partido liberal recelan además de que el PP pueda tomarse la revancha en Badajoz, donde sí pactaron con Ciudadanos la alternancia de la alcaldía a los dos años y que correspondería ahora a los de Inés Arrimadas. Por todo ello, aunque no darán su brazo a torcer, la formación mantendrá un perfil bajo en la crisis a nivel nacional, confiados en lograr meter a los concejales «fugados» de nuevo al redil y amortizar la crisis sin más consecuencias. El de Granada es el ayuntamiento más importante que le queda a Ciudadanos, que pasará ahora a gobernar también en Ciudad Real por un pacto de 2+2 en este caso con el PSOE. Del mismo modo, deberán ceder a los socialistas la alcaldía de Albacete, donde el poder recaía hasta ahora en Vicente Casañ. Los liberales esperan el bastón de mando también en la ciudad pacense, aunque en este caso deberán ser los populares quienes lo cedan. «No puede ser de otra manera. En Badajoz sí había 2+2, en Granada no», sentencian en Cs.

El vicepresidente andaluz, Juan Marín, siguiendo la hoja de ruta del partido a nivel nacional, ha defendido en los últimas días que el alcalde de Granada lo será «para cuatro años», aunque ha insistido en que la ruptura local con el PP no tendrá repercusiones en el Gobierno de la Junta, a pesar de que la dirección regional del PP ha discurrido por la senda dibujada por Génova y ha respaldado a los ediles ‘fugados’ en Granada. Niegan la mayor en Ciudadanos sobre las acusaciones vertidas por algunos dirigentes del PP que ven en el «atrincheramiento» de Luis Salvador un pacto oculto con el PSOE y con Podemos, que haría efectivo una vez superadas las primarias andaluzas. «Es absurdo», sentencian.

Ciudadanos inició hace meses un camino por el desierto. En el partido naranja son conscientes de que tanto el Gobierno de Andalucía como la alcaldía de Granada son casi los últimos pilares territoriales que mantienen en pie el proyecto. Y las encuestas andaluzas confirman la tendencia descendente de los de Arrimadas: de celebrarse allí elecciones en estos momentos, desaparecerían o, en el escenario más optimista, resistirían con dos o tres escaños, mientras que Juanma Moreno rozaría la mayoría absoluta, aunque tendría que gobernar con Vox.

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