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El libro que desvela las claves de la ascensión y caída de Iván Redondo

"Nunca quiso hacer carrera política. Quería ser director de gabinete. Ha llegado a lo que quería llegar", dice el periodista Toni Bolaño, autor de la obra

Toni Bolaño

Escribir un libro siempre es una tarea titánica. Además, cuando lo es de no ficción exige el esfuerzo de ser fiel a los hechos, pero si encima es sobre un personaje controvertido, entre medias hay dos consultas electorales, una, la madrileña, inopinada, y se produce en mitad de una remodelación ministerial que hace saltar todo por los aires, la empresa se antoja casi imposible. A todo eso se ha enfrentado el periodista Toni Bolaño en el libro que verá la luz el próximo 13 de octubre. Moncloa. Iván Redondo. La política o el arte de lo que no se ve (editorial Península) es el titular elegido para hablar de la trayectoria y dar claves desconocidas del que fuera todopoderoso director de gabinete de Pedro Sánchez.

Cuando se le pregunta a Bolaño cómo definiría a Redondo tras haber escudriñado al personaje y hablado de él con más de cien personas, a las que identifica con nombres y apellidos, empezando por sus clientes, amigos de infancia, todos los partidos -desde Podemos a Vox pasando por los nacionalistas-, empresarios, profesionales del sector de la consultoría política, periodistas y hasta el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, elige tres calificativos: “Honesto, consecuente y muy pragmático”.

Bolaño le califica de «honesto, consecuente y muy pragmático»

Asume que no es necesariamente una obra crítica con Redondo, “pero tampoco un libro en primera persona” y sea por propia deformación profesional -a fin de cuentas él también es consultor político- se ha fijado mucho en su ejecutoria para concluir que “ha roto los esquemas” y marca un antes y un después a la hora de hacer coincidir “comunicación y estrategia”. Es es algo que, a lo sumo, sólo han llegado otros personajes igual de controvertidos como Miguel Ángel Rodríguez, a quien «acabó costándole la cabeza” antes de volver a primera línea con Isabel Díaz Ayuso, y Miguel Barroso.

«Todo el mundo es consciente que algo ha cambiado. No significa que Iván sea infalible, eso sólo se lo dejo al Papa, de momento, porque la ciencia política es inexacta», explica el autor en conversación con El Independiente.

El mundo periodístico, dice, advirtió que Redondo «era una figura nueva y de ahí sale la leyenda negra, la de los validos en este país. El conde duque de Olivares era el malo, malo, y Manuel Godoy también», pone como ejemplo. A su juicio, la leyenda negra que arrastra Redondo «es de patanes o de gañanes porque tú puedes estar a favor o en contra» del personaje, «pero el que toma las decisiones es el presidente del Gobierno», Pedro Sánchez.

Fue Sánchez y no Redondo, el que apostó por la repetición de las elecciones generales en 2019

Asevera Bolaño en este sentido que, contra lo que se ha dicho, fue Sánchez y no Redondo, el que apostó por la repetición de las elecciones generales en 2019. El director de Gabinete «no estaba por esa feria porque sabía que se podía perder». Tampoco torpedeó la primera negociación con Podemos. También le exonera de la fallida moción de censura en Murcia y del catastrófico resultado electoral en Madrid. «Él ayuda en lo que puede y no llevó la campaña», por ende, no le le puede atribuir ser el ideólogo del desafortunado slogan «fascismo o democracia».

Del mismo modo, asevera Bolaño, fue él el que puso fecha de caducidad a su permanencia en Moncloa, aprovechando la amplísima remodelación gubernamental que abordó Sánchez el pasado 10 de julio.

Otra cosa son lo que el autor califica de «resistencias». Hasta ese momento, todos los «spin doctor» «habían venido del partido, como es mi caso. Redondo no, es un cuerpo extraño. Y desde el PP y el PSOE, «le hicieron la vida imposible muchos». Bolaño no quiere destripar algunas de las revelaciones más llamativas que hace en su libro, aunque no resulta complicado aventurar nombres como el de Jorge Moragas, Carmen Calvo o José Luis Ábalos entre esas «resistencias». De hecho, el ex secretario de Organización del PSOE se limitó a «hablar un minuto en la calle Ferraz para celebrar la victoria del PSC», campaña en la que intervino Redondo y así se lo reconoció Salvador Illa la noche electoral.

En el PP primero, y luego en el PSOE, «le hicieron la vida imposible muchos»

Entre las conversaciones, presenciales y telemáticas, fueron especialmente enriquecedoras las que el autor mantuvo con José Antonio Monago y Guillermo Fernández Vara, o Paco Salazar, que hasta el tsunami gubernamental era director adjunto del gabinete, mano derecha de Redondo y ahora inopinado presidente del Hipódromo de Madrid. También Quico Toscano, el alcalde de Dos Hermanas (Sevilla), el primer dirigente socialista andaluz en apostar por Sánchez. Para lo más personal, la esposa de Redondo, Sandra Rudy, ha sido una colaboradora inestimable, además de las charlas con el propio Redondo

Hay quien se ha negado a colaborar, lo que el autor respeta, pero «le suelto una patada de banco a un par de personas que me dieron una respuesta fuera de tono», sin revelar su identidad,

Tras destacar del consultor político que es «un maestro total en la gestión de los tiempos» además de «saber predecir los escenarios», asegura que «nunca quiso hacer carrera política. Quería ser director de gabinete. Ha llegado a lo que quería llegar». Pero acaso la principal clave de su éxito «es que pone por delante a las personas. Ve cosas que no ve nadie.». No trabajó tanto para el PP como para Xavier García Albiol, José Antonio Monago o Antonio Basagoiti. Tampoco para el PSOE sino, para Pedro Sánchez. En definitiva, se trata de personas «de las que el común de los mortales no daba un duro por ellas» al principio.

La primera vez que a Bolaño se le pasó por la cabeza hacer un libro sobre el que fuera asesor áulico de Sánchez fue incluso antes de la moción de censura de 2018. Pero no fue hasta octubre del año pasado que se puso manos a obra tras fallecer el padre del periodista. «Lo he hecho en su honor. Le gustaba mucho la política», explica. Quizá llevó a cabo una de las máximas de Redondo, esto es, «no tienes que ver como las cosas pasan, sino hacer que pasen cosas».

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