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Casado oficializa su candidatura a Moncloa y se crece ante Sánchez y ante Vox: "El PP ha vuelto"

El presidente del PP, Pablo Casado, saluda a los militantes a su llegada a la Plaza de Toros de Valencia.

El presidente del PP, Pablo Casado, saluda a los militantes a su llegada a la Plaza de Toros de Valencia. EFE

Pablo Casado está crecido. La plaza de toros de Valencia era la última parada de una convención nacional que comenzó el lunes en Santiago. El PP prometió llenar, y no sólo lo ha cumplido, sino que ha superado sus previsiones iniciales. Unas 12.000 personas -9.000 dentro de la plaza- han escuchado uno de los discursos más intransigentes que ha pronunciado el líder de la oposición contra Pedro Sánchez desde que se hizo con las riendas del partido hace tres años. «No he venido a hablar del aún inquilino de La Moncloa. Él ya es el pasado aunque aún no lo sepa. No le voy ni a nombrar», manifestaba nada más comenzar. En efecto, el nombre de Sánchez no ha aparecido ni una sola vez en un discurso de más de una hora de duración.

Música, cerveza, calor y el himno de España sonando a todo volumen. La coyuntura no podía ser más propicia para el presidente del PP, que ha conseguido llenar la plaza de Valencia, icono de las mayorías absolutas del partido, por primera vez en casi una década. El optimismo rebosa en el partido. Todos, incluida Isabel Díaz Ayuso, han cerrado filas con Pablo Casado esta semana. El presidente del PP ha subido al escenario del coso valenciano exultante, reivindicando el suyo como un partido «unido» y «fuerte como una roca». «El PP ha vuelto, hemos vuelto», manifestaba.

Pablo Casado no ha hecho referencia alguna a cuál debe ser la relación del PP con Vox en su discurso, pese a que el equilibrio con los de Santiago Abascal ha sido la principal incógnita a la que se enfrentaban los populares desde el inicio de la convención. No obstante, sí ha querido comenzar su intervención mandando un mensaje velado tanto a Vox como a Ciudadanos, que en el primer partido de la oposición dan ya por amortizado. «Los que vinieron a sustituirnos se han quedado por el camino. El PP es mucho PP», comenzaba, para abrir de nuevo la puerta del partido a «todos» los que se fueron, desde «liberales a conservadores», pasando por «socialdemócratas arrepentidos» que se preguntan «cómo se puede votar al PSOE de este señor», de nuevo sin nombrar al presidente del Gobierno.

Pablo Casado se ha presentado este domingo como hombre de Estado frente a «populismos» y «comunismos». En el PP dan por consolidada la «centralidad» del partido, y se lanzan ahora a por los millones de votantes que apostaron por Santiago Abascal en las urnas. La vía no es el pacto, sino el asalto de una bolsa de votantes que un día perteneció al PP. Para ello, el jefe de la oposición se ha adueñado este domingo de algunas de las banderas políticas que más fervientemente defiende Vox. Con el llenazo de la plaza de toros de Valencia el PP ha pretendido, además, desactivar uno de los principales músculos electorales de los de Abascal: su capacidad de movilización.

En su alegato, Casado ha defendido la unidad del país, ha reivindicado la hispanidad, ha lanzado duras críticas a los nacionalismos, a los dictados de la izquierda, a la inmigración, a la memoria histórica e, incluso, al feminismo. Y se ha metido en charcos polémicos, como en la cuestión del ‘perdón’ del Papa a México por la conquista española. «España no debe pedir perdón por nada ni por nadie», espetaba, parafraseando lo que dijo el ex presidente del Gobierno, José María Aznar, en el coloquio que el PP celebró el jueves en Sevilla. «Se acabaron las leyendas negras y la cultura de la cancelación suicida», continuaba.

Ante 9.000 militantes del partido, Pablo Casado ha trazado la línea estratégica que seguirá de aquí hasta que se abran las urnas: dejar sin espacio a Vox y comprometerse a derogar todas las reformas de la izquierda, también las ideológicas. En su discurso, el líder del PP se ha comprometido por ejemplo a derogar la ley de eutanasia aprobada por el Gobierno; a impulsar leyes en defensa de la «familia» y de la «maternidad»; poner coto a la inmigración ilegal; o «no aceptar lecciones de feminismo» de la izquierda.

El PP ha vuelto a llenar la plaza de toros de Valencia, como antes. Y también vuelve a empuñar el discurso sin complejos, como el PP de antes. La convención nacional ha servido para presentar a Casado como líder fuerte y consolidado en el partido que, tras haber apagado a Ciudadanos, ahora se lanza a por el más difícil todavía: desactivar a Vox colonizando su espacio político.

Equilibrio con el pasado

«El del PP es el único camino que empieza en Santiago y que termina en Valencia», ironizaba un dirigente de la cúpula del partido. Pablo Casado ha culminado en el coso valenciano una convención nacional que ha blindado su liderazgo al frente del PP para desbancar a Pedro Sánchez del Palacio de la Moncloa. Al margen de reivindicar la línea estratégica por la que discurrirá el partido de cara a las próximas generales, la convención también ha servido a Pablo Casado para reconciliarse con el pasado del que más de una vez renegó por el pasado corrupto del partido.

Ante 9.000 personas -sin contar a las miles que no pudieron entrar- Pablo Casado ha reivindicado el legado de Rita Barberá que confía en que continúe María José Catalá -próxima candidata del PP a la alcaldía de Valencia-, ha defendido la actuación de Mariano Rajoy en el 1-O -el «hicimos lo que tuvimos que hacer» de hoy contrasta con la crítica que manifestó Casado el pasado mes de febrero a la actuación policial en Cataluña-; y ha hecho suyo el discurso «sin complejos» de José María Aznar. Por si fuera poco, ese equilibrio entre el pasado y el presente ha culminado con la presencia en la plaza de toros de Valencia de una de las figuras más representativas del PP valenciano, que se distanció del partido por su calvario judicial: el ex presidente de la Generalitat, Francisco Camps, ha vuelto a arropar del partido tras 10 años separado de las siglas. «Mi partido de toda la vida, el PP, vuelve a casa», celebraba.

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