Durante cuatro años, Javier Fernández-Miranda (Madrid, 1979) y Javier Chicote (Logroño, 1979) compaginaron su labor como periodistas de Abc con el reto de escudriñar «en secreto» los 200 kilos de papel que pesa el archivo de Emilio Alonso Manglano (1936-2013), jefe del Centro Nacional de Inteligencia (CESID, hoy CNI) desde mayo de 1981 hasta junio de 1995. «No queríamos que se enterara según quién antes de tiempo», explica Chicote, que confiesa el temor que llegaron a tener a que les robaran los ya conocidos como Papeles de Manglano.

Ese trabajo ha tenido como resultado El jefe de los espías (Roca Editorial), un libro en el que se reproducen las relevantes anotaciones realizadas por Manglano con «puntería de fracontirador» -según la descripción de los autores, que conversan con El Independiente horas antes de la presentación- de sus citas y conversaciones con el rey Juan Carlos I y otras altas instancias del Estado no sólo durante los 14 años que estuvo al frente de los servicios secretos, sino también durante los tres siguientes a su salida por el escándalo de las escuchas del CESID. Es mucho más que decenas de apuntes contenidos en agendas y cuadernos, es la biografía de la persona mejor informada del país en un etapa clave -la que va desde el golpe de Estado del 23-F al final del felipismo- y una gran crónica política de las dos últimas décadas del siglo XX en España.


Pregunta.-«Más de un potentado pagaría cifras notables a cambio de que el jefe de los espías hubiera arrojado sus papeles al fuego», proclaman en el prólogo. ¿En quiénes pensaban cuando escribieron esta frase?
Javier Chicote.-(Risas). Pensábamos en lo más grande…

P.-¿Algún nombre en concreto?
J. C.-Desde la cúspide de la anterior Jefatura del Estado hacia abajo. Hay informaciones que son positivas para el rey Juan Carlos y otras que no lo son. Imaginamos que no le habrá gustado que salga este libro, como tampoco al señor José Luis Corcuera o a Margarita Robles. 

P.-Una de las principales críticas que han recibido es que el libro se ha publicado para blanquear al hoy rey emérito…
Juan Fernández-Miranda.-Hemos recibido un aplauso mayoritario de la crítica, pero ha habido dos casos -en extremos contrarios- que nos acusan bien de hacer un libro contra el rey o bien de blanquear al rey. En el punto intermedio está la virtud. Lo que hemos hecho es contar la verdad de las notas de Manglano y la verdad que sale es que el rey hizo cosas bien y mal. Cuando alguien se agarra sólo a una parte es porque tiene una intencionalidad.
J. C.-En las únicas críticas que ha habido, que no son para nada importantes porque han venido de medios con muy poca relevancia, se han dado la mano la ultraderecha con la ultraizquierda. Nos dicen que el libro es para blanquear al rey cuando contamos que el rey pagó 600 millones de pesetas a ETA con los que la banda mató a más gente. No sé cómo se puede interpretar que eso es para blanquear. O que se pagó a Bárbara Rey esa misma cantidad, que procedía también de los impuestos de todos los españoles, para que no salieran determinados vídeos. Decir que este libro es para blanquear al rey es absurdo. El libro bebe de una fuente documental; no nos hemos podido permitir nada más que contar lo que ahí se dice. Otra cosa es la intencionalidad de quienes quieren hacer una lectura interesada.

El origen de la fortuna de Juan Carlos I está en los créditos a interés cero de los saudíes. No hay duda»

P.-¿Conservó Manglano estos documentos como un ajuste de cuentas con alguien?
J. F-M.-No. Nosotros no tenemos una respuesta a la pregunta de por qué Manglano conservó los documentos, no tenemos ninguna prueba. Él no dejó nada dicho ni nada escrito. Nosotros consideramos que de alguna manera -y es frase de Chicote- éste es el último servicio a España. Él vivió acontecimientos extraordinarios para bien y para mal y dejó constancia para que después de su muerte pasaran a la Historia y se contaran, de forma que el Estado que él juró proteger se fortaleciera. La verdad es el camino para que el sistema se fortalezca.

P.-Manglano llega al CESID meses después del 23-F y tuvo que gestionar sus efectos. A la luz de las anotaciones, ¿Alfonso Armada fue para el jefe de los espías una figura clave en el golpe de Estado?
J. F-M.-Absolutamente sí. La figura clave, según se desvela de lo que el rey Juan Carlos le contó a Manglano el 27 de mayo de 1981 en la primera audiencia que ambos mantienen. Alfonso Armada llamó dos veces a Zarzuela y en ambas ocasiones trató de convencer al rey de manera que le implicara. Él le planteaba un problema y a la vez le daba la solución. Armada, a tenor de lo que se lee en los papeles del jefe de los espías, era máximo responsable.

P.-¿Qué relevancia tiene el encuentro que tuvo Armada con Juan Carlos I en Baqueira la Nochebuena de 1980?
J. F-M.-Ahí queda claro, en palabras del rey Juan Carlos, que Armada ya le planteó el problema de su acogida en las Fuerzas Armadas y que él podía resolverlo. Como digo, Armada le planteaba el problema y la solución, que pasaba por un gobierno de concentración presidido por él. El rey no entró al trapo en Baqueira y tampoco el 23-F, pero esas conversaciones han quedado para la historia.

P.-¿A qué conclusión llegó Manglano sobre el papel desempeñado por los servicios secretos en el golpe de Estado?
J. F-M.-Él sabe que el CESID no estuvo bien, entre otras cosas porque Alberto Oliart [entonces ministro de Defensa], cuando le llama, le dice que no puede ser que no se entere de un golpe de estado militar. Y encima hay gente del CESID implicada, aunque Cortina [José Luis, el comandante responsable de los servicios operativos] finalmente quedó absuelto. Él no concluye nada al respecto, pero se da por sobreentendido que el CESID no había funcionado y había personas que individualmente sí se implicaron. En resumen, el CESID como organización cometió el pecado de no enterarse y algunos miembros del CESID se involucraron y fueron parte del golpe.

P.-En el libro se atribuye a Manglano el mérito de haber detenido «asonadas golpistas». ¿Revelan los documentos algún episodio que no se conociera hasta ahora?
J. F-M.-Hay muchos detalles sobre varios. Hubo un intento en La Coruña de poner una bomba al rey el día de las Fuerzas Armadas, otro de los hermanos Crespo de organizar un golpe de estado más en clave institucional y el fallido del 27-O, víspera de las elecciones generales que gana Felipe González en 1982 y que sí se paró. Más allá de estos tres casos concretos, que avanzaron mucho, se hizo un enorme trabajo de seguimiento de los movimientos involucionistas. Eran de distinto tipo y él los clasificaba como H1, H2 y H3 según las motivaciones y fines. Muchos se pararon porque se detectaron desde el principio, pero esos tres casos llegaron a ser verdaderas amenazas.

P.-El libro pone de manifiesto una donación de 36 millones de dólares de parte del rey saudí a Juan Carlos I para financiar la Transición y un crédito de otros 50 millones. ¿Se conoce el destino de todo ese dinero?
J. C.-Del destino final hay muy poco, salvo que uno de esos 36 millones de dólares se da a Adolfo Suárez. Se lo dice el rey a Manglano y éste lo apunta. No hay motivos para creer que no sea cierto. Después, el sistema de partidos y la propia fortuna del rey.

P.-¿Pueden ser estos fondos el origen de la fortuna oculta del hoy rey emérito?
J. C.-Sí, ése es el inicio de la fortuna del rey Juan Carlos. Queda claro que por un lado está el dinero que sirve para financiar la Transición, pero también hay reflejo y el rey reconoce que él invierte esos 50 millones de dólares a interés cero y obtiene unas ganancias de 18 millones de dólares que son para él. Con el tiempo eso se va ampliando y aparecen alrededor de 50 millones de euros en Suiza que luego son 100. La conclusión que sacamos de estas anotaciones es que ésta es la caja que se hizo en Suiza el rey, que pertenecía a una dinastía ‘pobre’ en comparación con otras casas reales europeas y que no sabía si iba a tener que salir huyendo después de un golpe de estado como el del 23-F. Yo creo que la intención del rey fue hacerse un colchón fuera de España para otro posible exilio. Lo que ocurre es que se hace un colchón enorme y luego va pasando el tiempo y acaba generando un problema. Los 100 millones que hoy conocemos son cantidades similares a aquéllas. Sin ninguna duda, fue el inicio de la fortuna del rey.

¿Rectificación o querella de Margarita Robles? En absoluto. Le preguntamos antes de que se publicara el libro»

P.-«Hay preocupación por los temas económicos del rey. Los de falda no tienen importancia», confiesa el ministro Julián García Vargas (Defensa) el 2 de septiembre de 1992 a Manglano, según transcripción de éste. La inviolabilidad le blindaba durante su reino, pero ha tenido que ser un fiscal suizo y no ninguna institución del Estado la que levante las alfombras…
J. F-M.-Hay que diferenciar entre lo ético y lo delictivo. De lo que se estaba hablando en aquella época no era de una cuestión delictiva, sino ética. En el seno del Gobierno se habla de las actividades del rey en clave mujeres y en clave económica. Preocupa porque en esa época no había un contexto que explicara hasta dónde podía llegar un rey en la vida pública y privada. Y, segundo, porque había un pacto de silencio y nadie hablaba del rey, no se decía absolutamente nada. Pero ya empezaba un ruido sordo sobre todo esto. El juicio en aquel momento era más ético que delictivo.
J. C.-Yo creo que había mucha gente que veía que eso no estaba bien y no se hacía público por ese pacto de silencio, pero en privado se hablaba mucho. El propio Sabino Fernández Campo no estaba conforme con ese dinero y con el tema de las mujeres, y habla con periodistas. Estaba claro que un jefe del Estado no debía hacer eso, al margen de que fuera delito o no. Hubo una ultraprotección al rey. No olvidemos que es un señor que recibe el poder de un dictador y en unos años convierte una dictadura en una democracia. Es algo que quedará para la historia, es el rey más importante de los últimos siglos en España. Y una forma de pagarle ese servicio fue mirar para otro lado en algunas actividades de su ámbito privado; de ahí la sobreprotección que tuvo, difícil de juzgarla con los ojos de 2021.

P.-El rey también contó a Manglano que le pidió un crédito de 90 millones de pesetas a Mario Conde para invertir en Asturiana de Zinc. Manglano aconsejó que se informara al ministro de Economía y al gobernador del Banco de España. ¿Se atendió esa recomendación?
J. C.-Eso está en el contexto de lo que hemos denominado el ‘chantaje al Estado’. Mario Conde, cuando le intervienen Banesto, plantea la guerra al Gobierno y tensiona al Estado. Puede conseguir munición para los medios de comunicación que afecte tanto al felipismo como al rey. Ve que hay un posible punto flaco y es ese préstamo que le hace a Juan Carlos I para que compre acciones de Asturiana de Zinc. Ahí se moviliza todo lo que se puede, incluidos los gestores al más alto nivel del Banco Santander –la entidad que se había quedado con Banesto- para que se hiciera con esas pruebas. Pero luego no hay seguimiento. Sabemos lo que hemos contado en el libro.

Una de las anotaciones que se reproducen en el libro 'El jefe de los espías'.
Una de las anotaciones que se reproducen en el libro ‘El jefe de los espías’. E.I.

P.-Manglano dejó escrito que la hoy ministra Margarita Robles, en su etapa como secretaria de Estado de Interior y directora de la Seguridad del Estado, hacía entregas en metálico a la Casa del Rey. ¿Se sabe para qué era ese dinero?
J. C.-Nos ha llegado una versión de para qué era. En el libro no lo contamos porque no se entra a detallar. Antonio Asunción, ministro del Interior al que sucede Belloch como ministro y Margarita Robles como secretaria de Estado, le cuenta a Manglano que ha cambiado el sistema y que para no dejar rastro se decide que en vez de talones del Banco de España se dé ese dinero en metálico: cinco millones de pesetas al mes, 60 millones al año. Lo que están diciendo ahora periodistas afines es que ese dinero era para pagar horas extras del personal de seguridad. Yo creo que es peor el remedio que la enfermedad, porque eso sería decir que en los años 90 a policías nacionales y guardias civiles les pagaban las horas extras sin cotizar a Hacienda y sin pasar por una nómina. Por otro lado, hay un periodista muy conocedor de esa época que nos dice que los cinco millones era lo que habían pactado altos representantes de instituciones del Estado y del Gobierno como lo que le correspondía en concepto de fondos reservados por la dedicación a España. Yo me creo más esta segunda versión que lo de pagar las nóminas. Pagar horas extras en billetes en la Casa del Rey, no en un taller mecánico de mi pueblo, es un escándalo casi peor que lo otro.

P.-¿Les consta que Margarita Robles haya pedido rectificación o haya anunciado querella tras la publicación del libro?
J. F-M.-Nada de nada. Ha sido preguntada por nosotros antes de publicarse y después en distintas ocasiones a través de otros medios, uno de ellos Abc. Y en absoluto.

Nunca el gobierno intentó recuperar los 1.600 millones de pesetas de Paesa. Éste pensaría que si le tocaban las cosquillas…»

P.-El ex ministro José Barrionuevo reveló al espía que el informe para desnudar a Mario Conde se pagó desde el Ministerio del Interior. ¿Los papeles de Manglano avalan que quién dio la orden fue Narcís Serra, como dijo Luis Roldán ante el juez Garzón en 1995?
J. C.-El dinero no salió de Interior sino de la Vicepresidencia del Gobierno. Después de que se fugara Roldán, la Guardia Civil encarga un informe interno, van al despacho de Roldán y ahí aparecen muchos papeles, entre ellos el ‘Informe Crillón’. Se ordena una investigación interna para saber de dónde ha salido ese informe. Y es meridianamente claro. Ahí se dice que un guardia civil iba a la Vicepresidencia del Gobierno, recogía sobres de siete millones de pesetas en efectivo, los llevaba a la Dirección General de la Guardia Civil, los recibía Luis Roldán y éste se los hacía llegar a Julián Sancristóbal, que tenía una cuenta abierta en Suiza para pagar encargos turbios ordenados por Roldán y que era el que pagaba ese dinero a la agencia internacional de detectives Kroll. Se pagaron 70 y 100 millones de pesetas. Está perfectamente documentada cuál fue la ruta del dinero.

P.-Al episodio de la fuga de Luis Roldán le dedican un capítulo. Nunca se investigó los 1.600 millones que presuntamente Francisco Paesa se llevó. ¿Qué papel jugó el CESID?
J. C.-El CESID estuvo más de observador que de otra cosa. Asunción convoca a Manglano al Ministerio, le dice que va a dimitir y le cuenta la situación. Lo que sí hace el CESID es enviar un oficio a los servicios occidentales y del mundo árabe con los que más relación tenía para decirle que Roldán estaba fugado y que le ayudaran. Pero no hay ningún papel importante más allá de ser espectador. Respecto a esos 1.600 millones de pesetas, unos 10 millones de euros al cambio actual, nadie hace nada por recuperarlos como la historia nos ha demostrado. Sí nos dan una clave los papeles de Manglano: no sólo a Paesa quizá no le querían pedir este dinero por los servicios que había hecho al Estado sino que también aparece cómo un conseguidor logra comisiones para el Partido Socialista…

P.-Explíquese…
J. C.-
Paesa era intermediario con determinadas empresas, entre ellas una alemana importantísima con intereses en las obras del AVE. Según los papeles de Manglano, Paesa cogía esos presuntos sobornos de empresas y los hacía llegar al PSOE. No sólo era un fontanero, un chico para todo para temas turbios como encontrar Roldán y engañarlo para que se entregue, sino que también había participado de la financiación del Partido Socialista. Al gobierno socialista en absoluto le interesaba pillar a Paesa y pedirle que devolviera el dinero. Yo creo que vieron que era un mal menor. No sólo los 1.600 millones de pesetas que le birló a Roldán, que había que recuperarlos para el fisco español. También lo que Belloch le pagó por el trabajo de entregarle a Roldán. Nunca desde el gobierno se hizo nada, seguramente porque Paesa pensaría que si le buscaban las cosquillas tendría que contar cosas…  

P.-También narran el «chantaje» de Bárbara Rey al rey. ¿Juan Carlos I llegó a ofrecer su abdicación a Aznar por el vídeo que supuestamente tenía Bárbara Rey?
J. C.-Sí, sí. Tal cual. El rey era amigo de Manglano, éste era su consejero y la relación era íntima y fluida. Después de mantener una reunión en 1997 con Aznar, el rey se desnuda y le cuenta los problemas que hay. Cuando llega un presidente al gobierno hay que ponerlo al tanto de asuntos que afectan al Estado. El rey le dice a Manglano que le contó lo de la ‘Pariente’ [nombre con el que se refería a Bárbara Rey por el apellido de ésta] y ahora sentía que lo tenía cogido. Por ser leal al nuevo presidente del gobierno, Juan Carlos I le cuenta que hay vídeos, que ha habido un chantaje y que se está pagando. Aznar se escandaliza, se echa las manos a la cabeza y deben cruzar alguna palabra. Entonces el rey le dice: ‘Reconozco este error, me he equivocado y estoy dispuesto a marcharme’. Y le plantea la posibilidad de abdicar. De eso no queda duda en la agenda de Manglano.

P.-¿Por qué habría que creer todo lo que Manglano anotó en sus agendas y cuadernos como si fuera una verdad irrefutable?
J. F-M.-No hay que creerse lo que diga Emilio Alonso Manglano como una verdad irrefutable. Lo primero que hay que tener en cuenta es que Emilio Alonso Manglano era el director de los servicios de Inteligencia y anotaba lo que hacía, no tenía ningún interés más allá de proteger al Estado, por lo tanto sus anotaciones tienen carta de veracidad. No eran para ser publicadas, no tenían una intencionalidad. Entrando en su perfil personal, era un militar riguroso y con una importante sentido de la moral. Todo lo que él anota tiene la presunción de veracidad. Otra cuestión es que lo que él anota, que muchas veces es lo que le está contando alguien, sea cierto o no. Nosotros hemos tratado de poner en contexto a lo largo del libro cuáles eran esas anotaciones y qué significado tenían en un momento concreto, pero eso no quiere decir que todo fuera verdad. A lo mejor venía un confidente de Oriente Medio y le contaba algo que luego no se confirmaba… Ésa era su labor: obtener información, cruzar datos y ponerla al servicio del Estado.
J. C.-Como fuente documental que es, y siendo la persona más informada de España, es la fuente periodística más fiable que podemos tener. Si entrevistas a alguien de esa época va a ser mucho menos fiable. Manglano no se hacía trampas al solitario, no se mentía a sí mismo. Tenemos notas suyas de los años 60. ¿Esto es la verdad absoluta? No, pero es el documento que más se puede aproximar a la verdad. Son documentos históricos. Si aparece una carta de Cristóbal Colón a Isabel de Castilla, los historiadores la valorarán. No se van a preguntar si estaba mintiendo o no. En este caso, hablamos de un militar y del jefe de la Inteligencia en una fuente documental que trasciende al periodismo y que va a entrar en el campo de la historia. Seguro que habrá cosas que no sean exactamente así, pero algo más fiable que esto es difícil de encontrar.

Todas las anotaciones de Manglano tienen presunción de veracidad; otra cuestión es que sea cierto o no»

P.-¿Hay algún hecho de interés que hayan querido salvaguardar de forma intencionada?
J.C.-Todo lo relevante está contado. Lo único que nos hemos guardado son temas estrictamente personales sin trascendencia pública. Lo de Bárbara Rey deja de ser personal cuando se paga con dinero público.

P.-¿Han existido presiones, a ustedes como autores o a Roca como editorial, para que el libro no viera la luz?
J.F-M.-La verdad es que la editorial, en cuanto nos pusimos en contacto con ellos, no dudó ni un minuto. El apoyo fue absoluto. Es verdad que tuvimos contactos con otras editoriales y no se atrevieron.
J.C.-Hubo una que no se atrevió, pero no vamos a dar más detalles. Lo vio, le encantó pero no salió por el contenido del libro.

P.-La presentación del libro reúne a Pedro J. y a Juan Luis Cebrián. ¿Qué queda del ‘sindicato del crimen’?
J.F-M.-Y a Anson (risas)… En origen, él formaba parte del ‘sindicato del crimen’ y luego fue el que informaba a Manglano de que había un grupúsculo de personas influyentes que estaban montando una organización para desgastar al gobierno, llegando a la conclusión de que la forma de desactivarlo era que uno de ellos contara lo que estaban haciendo. Y ese uno es el señor Anson. El acto tiene enorme interés porque tenemos a los tres grandes directores de periódicos españoles de los años 80 y 90 y que jugaron roles distintos. En 2021, probablemente la mirada sea distinta y será interesante escuchar qué pasó en aquellos años tan intensos, sobre todo en los noventa.

P.- «La recompensa de una acción es haberla hecho», anotó en sus agendas Manglano parafraseando a Séneca. ¿El jefe de los espías trabajó guiado por el interés de los ciudadanos o por salvaguardar algunas instituciones del Estado?
J.F.-M.-Yo creo que él trabajaba para proteger al Estado desde el bien entendido por su parte que era una forma de proteger a la ciudadanía. Su función era la de un servidor del Estado que tenía al Estado como el bien máximo a proteger.