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La guerra de Madrid desgasta al PP y pasa factura a Casado

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, saluda al presidente del PP, Pablo Casado.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, saluda al presidente del PP, Pablo Casado. ALBERTO ORTEGA | EUROPA PRESS

A finales del pasado mes de septiembre, cuando los efectos de la guerra fratricida del PP de Madrid ya se dejaban sentir, las encuestas comenzaron a reflejar una ralentización de la tendencia ascendente en la que se habían mantenido los populares desde el triunfo del 4-M. El ‘efecto Ayuso’ catapultó las siglas del partido en la esfera nacional desde abril, y algunas de las principales encuestadoras del país llegaron a situar al PP por encima del 30% de los votos durante el verano. Pero el estallido del conflicto madrileño que enfrenta a los dos mayores activos políticos del partido en las semanas previas a la Convención Nacional del PP tuvo un efecto visible en los sondeos públicos y tangible en los cálculos internos. «Si la pelea termina en enfrentamiento total, se hundirán. Si logran reconciliarse sin derramamiento de sangre, les catapultará», analizaba entonces el presidente de GAD3, Narciso Michavila.

El amago de paz entre Casado y Ayuso que se vislumbró en Valencia duró poco, y el mensaje de unidad en el que enfatizó el presidente del PP ante una plaza de toros abarrotada ha saltado irremediablemente por los aires. «Mi proyecto es el tuyo», pronunció entonces la presidenta de la Comunidad de Madrid. Pero en el fondo, la batalla acababa de comenzar.

La pugna por el control orgánico de Madrid está dejando heridas que tardarán en cicatrizar e infringiendo un profundo daño a un partido que hasta hace unas semanas vivía su particular luna de miel ante una izquierda debilitada y dividida. El entorno de Ayuso promete que llevará hasta el final su órdago por presidir el PP de Madrid «sin tutelas»; y Génova promete cortar de raíz las aspiraciones de la dirigente madrileña al entender que en la región existen dos núcleos de poder, Sol y Cibeles, de modo que el liderazgo debería ser compartido o, al menos, alternativo.

Egea, Almeida y Ayuso, en el balcón de Génova.
ARCHIVO | Egea, Almeida y Ayuso, en el balcón de Génova. EFE

En cualquier caso, en lo que sí coinciden dirigentes afines a uno y otro bando es que las consecuencias de una guerra de estas características en el mejor momento del PP desde hace años puede tener consecuencias nefastas para las siglas, pero sobre todo para Pablo Casado. «Sabe que el desgaste lo está cargando él a sus espaldas«, insisten dirigentes afines al líder. Incluso en la cúpula nacional hay quien cuestiona la estrategia que está siguiendo Génova en el conflicto, porque «Ayuso está quedando de víctima» y «no hay nada que venda más en España que una víctima», mientras se acentúa el déficit de liderazgo del jefe de las filas populares.

«La guerra entre Ayuso y Casado perjudica a los dos, pero sobre todo al que se visualiza como culpable de la guerra», desgrana María Martín, analista de la consultora GAD3. Precisamente, en la guerra del PP de Madrid prima el relato de que es «Ayuso contra ‘Goliat’, es decir Génova» que «ella ha logrado colocar y vender», según reconoce un colaborador del presidente del PP. «La realidad política nos dice que todo este ruido interno aburre a la ciudadanía, que termina votando por partidos coherentes, ordenados y con liderazgos claros», advierte el consultor político César Calderón, fundador de Redlines.

«Desafección» y desgaste

Que la crisis está pasando «ya» factura al Partido Popular es un diagnóstico en el que coinciden dirigentes procedentes de todas las capas del partido, desde senadores y diputados hasta presidentes autonómicos y cargos nacionales. El clamor es ya ensordecedor, y las filas populares rugen de puertas para adentro y piden poner fin a una guerra que, sin solución, podría alargarse meses y hacer implosionar al partido.

«Nos lo jugamos todo», comenta un cargo autonómico. «Es un gran error. Nos estamos dando un tiro en el pie por una guerra que nadie entiende, ni siquiera nosotros mismos», coincide un diputado nacional, que traslada el estupor que se extiende también entre las bases del partido. Las consecuencias electorales son aún intangibles, pero nadie en el partido duda que serán especialmente duras si no se remedia la situación más pronto que tarde. El congreso madrileño, que podría enfrentar a Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida -y por extensión a Pablo Casado-, se celebrará previsiblemente el próximo mes de mayo, tan sólo un par de meses antes al gran Congreso Nacional del PP en que el actual presidente del partido debe ser ratificado por sus filas como próximo contrincante de Pedro Sánchez en las urnas de 2023. «Pablo no puede permitirse perder contra Ayuso», comenta una fuente del partido.

De acuerdo con el último sondeo de ‘Celeste-Tel’ para Onda Cero publicado el pasado 28 de octubre, el más reciente de las grandes encuestadoras, el PP obtendría el 28,9% de los votos que se traducirían en 123 escaños y en unos 6,6 millones de votos. Pero en el partido, dirigentes de alto rango con asiento en el Comité de Dirección reiteran que, si el partido sigue abierto en canal mucho más tiempo, la merma en le número de votos podría alcanzar un impacto del 20%. «Las crisis internas de los partidos desgastan, y en el electorado genera una gran desafección, lo que lleva a su desmovilización», suscriben desde GAD3, un diagnóstico en el que coincide el fundador de Redlines. «El ruido en el PP madrileño es uno de los factores que está contribuyendo a la desaceleración del PP a nivel nacional», reitera. «Las peleas internas, siempre incomprensibles para el ciudadano de infantería, despistan al elector y le llevan a la melancolía».

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