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¿Improvisación o estrategia? Todas las incógnitas del 'jaque mate' a Ciudadanos en Castilla y León

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, y el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco.

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, y el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. EP

El PP se prepara para hacer ‘jaque mate’ a Ciudadanos. El adelanto electoral en Castilla y León, motivado por una operación «ficticia» según la versión de Inés Arrimadas para desbancar a Alfonso Fernández Mañueco de la presidencia regional, permitirá a Pablo Casado completar la operación que arrancó hace meses y que pasa por reabsorber todo el espacio político del centroderecha en torno a sus siglas dejando sin representación a Ciudadanos primero en parlamentos locales y autonómicos y después en el Congreso de los Diputados. Fuentes del partido naranja insisten en que el proceso que actualmente se abre en Castilla y León y el que le sigue en Andalucía se estiman cruciales para el futuro de un partido que hace menos de tres años a punto estuvo de superar al PP de Casado en las urnas. «Si no conseguimos representación, se acabó», claman los liberales.

La sorpresiva operación urdida por Alfonso Fernández Mañueco con el aval de Génova, cuenta con lagunas, incógnitas y una coartada un tanto difusa. El adelanto electoral llevaba meses en la mente del barón popular, aunque cada vez que tenía oportunidad aseguraba querer evitarlo. Hace semanas, en su equipo explicaban que la principal razón para no descartar el escenario de elecciones en 2022 era la dificultad de aprobar el nuevo presupuesto por la fractura entre los procuradores de Ciudadanos, el ‘no’ de Vox y la dificultad para llegar a un acuerdo con las fuerzas minoritarias, como el partido de Por Ávila. Poco después, las alarmas saltaron por el temor a una nueva moción del PSOE en Castilla y León aupada por los votos de representantes díscolos de Ciudadanos, un escenario que tanto Inés Arrimadas como Francisco Igea, entonces vicepresidente y socio de Fernández Mañueco, negaba con rotundidad.

Los tambores electorales comenzaron a sonar en Castilla y León casi al mismo tiempo que en Andalucía, donde la ruptura de Vox y PSOE con el gobierno de PP y Cs aceleró unos comicios que, según Moreno Bonilla, se celebrarán en junio u octubre de 2022. En el entorno de Alfonso Fernández Mañueco, sin embargo, apuntaban a que las urnas podrían abrirse en el mes de marzo, con la vista puesta en convocar justo después del congreso del PP de Castilla y León -previsto para mediados de enero- si no conseguía atar las cuentas regionales. Pero todo se aceleró. El lunes 20 de diciembre, a primera hora y tuit mediante, Mañueco anunciaba la disolución de las Cortes y el cese de todos los consejeros de Ciudadanos, incluido el vicepresidente, Francisco Igea. Él se enteraba de todo en la radio, en directo. «¿Qué cojones piensas de tu población? ¿Qué categoría humana tienes», estallaba. Pero ya estaba hecho. Los castellanos y leoneses irán a las urnas el próximo 13 de febrero.

Las escuetas explicaciones de Alfonso Fernández Mañueco y de la cúpula de Génova no resolvían todas las incógnitas derivadas de una decisión «electoralista» y «partidista», según los de Inés Arrimadas. ¿Por qué tenía el barón popular tanta prisa por abrir las urnas? ¿Había realmente una moción de censura preparada contra Mañueco en Castilla y León? ¿Por qué ‘mintió’ en una llamada telefónica el presidente regional del PP a la líder de Ciudadanos tan sólo 24 horas antes de adelantar elecciones? ¿Repetirá Francisco Igea como candidato de Ciudadanos a la Junta con el beneplácito de Inés Arrimadas?

El acuerdo de presupuestos, prácticamente cerrado

Alfonso Fernández Mañueco hizo uso del argumento que empleó Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid para apretar el ‘botón’ de adelanto electoral: los recelos de un pacto oculto entre Ciudadanos y PSOE para presentar una moción de censura contra ella. Entonces, el ambiente entre populares y naranjas estaba más que enrarecido tras la operación entre Arrimadas y Ferraz para expulsar a Fernando López Miras del ejecutivo murciano. Ayuso dio el paso, pero tanto Mañueco como Moreno aguantaron el pulso y confiaron en sus socios de coalición. Sin embargo y a diferencia del caso andaluz, la relación entre Mañueco e Igea se fue deteriorando con el paso de los meses y, a pesar de los intentos de Inés Arrimadas por reconducir la situación mediante diversas reuniones con el barón popular, el trato entre los dos socios saltó por los aires y fue el PP quien activó la dinamita. «Era moción de censura o elecciones», declaró Mañueco en rueda de prensa.

Según el presidente de Castilla y León, el equipo de Francisco Igea estaba negociando los presupuestos regionales con el único procurador de Por Ávila a espaldas de la Junta y del PP, un movimiento que los populares tildaron de «sospechoso» y que vincularon con una supuesta confluencia oculta conjunta con el PSOE, un extremo que en el partido naranja niegan con rotundidad. Tanto, que Francisco Igea publicó esta semana unos mensajes en Twitter que desmontarían la coartada de Fernández Mañueco. El vicepresidente cesado reconoció conversaciones con Por Ávila para pactar los presupuestos, pero no a espaldas del PP y sin el PSOE en la ecuación. De hecho, reveló los whatsapps que se intercambió con Javier Fernández Carriedo -el consejero de Hacienda de Castilla y León, del PP- informándole de que las conversaciones con el procurador de Por Ávila, Jesús Manuel Sánchez Cabrera iban por buen camino tan sólo unos días antes de que Mañueco disolviese las Cortes. El presidente del PP necesitaba únicamente el apoyo de Cabrera para sacar adelante sus presupuestos, que deberían haberse aprobado el 23 de diciembre.

«El PP miente: nunca ha habido negociaciones secretas», confirmaba el alcalde de Ávila en redes sociales. La teoría de Mañueco se caía como un castillo de naipes, pero los populares se reafirman en la premisa de que existían desde hacía semanas «conversaciones» ocultas en las que también estaba el PSOE, que ya presentó una moción de censura en Castilla y León en marzo de este año, pero que terminó en fracaso.

Altos cargos de Ciudadanos recelan de que la proximidad de un acuerdo para aprobar los presupuestos regionales fue precisamente uno de los motivos que aceleró la decisión de Mañueco ya que, con unas cuentas públicas aprobadas, le hubiese sido difícil justificar el adelanto electoral que llevaba planeando desde hacía meses. Observan las fuentes consultadas un plan «perfectamente trazado» en connivencia con Génova con tres ventajas para Casado y Mañueco: aprovechar un nuevo triunfo regional para ‘impulsar’ la marca del PP, desgastada por la crisis con Ayuso; ‘matar’ a Ciudadanos antes de tiempo; esquivar el nuevo calendario judicial que se abre para Alfonso Fernández Mañueco en la región; y coger con el pie cambiado a la España Vaciada, que amenazaba con calar en la bolsa de votos del PP.

Una misteriosa llamada antes de la traca final

Es otra de las grandes incógnitas del choque de trenes que se ha vivido la última semana en Castilla y León y que, sin duda, tendrá consecuencias en la política nacional. Alfonso Fernández Mañueco e Inés Arrimadas conversaron vía telefónica el pasado domingo, menos de 24 horas antes de que el primero hiciese pública una decisión que ya había tomado. Los dos reconocen que esa llamada se produjo, pero con versiones totalmente diferentes.

La presidenta de Ciudadanos asegura que el presidente de Castilla y León le «mintió» sin más, y que la conversación únicamente sirvió para contrastar que el acuerdo presupuestario entre PP, Ciudadanos y Por Ávila iba por buen camino. «Los castellanos y leoneses van a votar a un tipo sin palabra, que depende de otro [Pablo Casado] también sin palabra», se reafirman fuentes solventes de la dirección nacional, que sostienen que Mañueco «prometió» no adelantar comicios y mucho menos sin consultarlo antes con Paco Igea. Tras la última «traición» del PP, Arrimadas ha declarado la guerra a Casado y los reproches han ido subiendo de tono, aunque no romperá los gobiernos de coalición que le quedan con los populares. «No sé que se ha creído», pronunció Arrimadas esta semana en TVE, en alusión a Casado. «Él sólo no va a poder derrotar al ‘sanchismo’. Eso es una patraña absoluta», cargaba.

La versión de Mañueco, sin embargo, contrasta con la de Arrimadas. Aunque no ha dado demasiados detalles sobre los asuntos que trataron en la conversación telefónica previa a su convocatoria electoral, sí ha negado que le prometiese una prórroga de los presupuestos y que, en todo caso, lo que le trasladó a la presidenta de Ciudadanos fueron sus recelos respecto a Francisco Igea, que «estaba llevando la situación al límite» en el gobierno de Castilla y León. «Ella también lo sufre dentro de su partido», incidió en una entrevista para esRadio. Aunque veladamente, se refirió el barón popular a la pugna histórica entre Francisco Igea e Inés Arrimadas, dos rivales que incluso llegaron a confrontar en unas primarias por el control del partido. La división del grupo parlamentario de Ciudadanos en Castilla y León -dividido, en parte, entre los ‘fieles’ a la nacional y los seguidores de Igea- despertaba recelos en el PP. Era también el motivo por el que en muchas ocasiones Mañueco siempre ha buscado la interlocución directa con Arrimadas y no con Igea, considerado por la dirección nacional de Ciudadanos como un ‘verso libre’ dentro del partido.

Pero, ¿cuál es la versión correcta? Ante las incógnitas y las explicaciones aparentemente confusas, hay quien en el partido naranja abre la puerta a que el único motivo que explicaría una llamada de Mañueco a Arrimadas 24 horas antes de activar la ‘traca final’ de Ciudadanos en Castilla y León sería el de presentar a la presidenta de Ciudadanos una oferta: listas conjuntas en la región a cambio de defenestrar a su ‘enemigo’ Igea. Al menos de momento, ninguna de las dos partes confirma esta teoría, si bien Génova no se ha movido de la premisa que mantiene en Andalucía: no habrá ‘fusión’ con Ciudadanos. Sólo se contempla la absorción.

Francisco Igea, candidato sin primarias

La dirección nacional de Ciudadanos ha confirmado finalmente a Francisco Igea como candidato del partido para volver a batirse en duelo con Alfonso Fernández Mañueco. Era la opción predilecta de Inés Arrimadas a pesar de que Igea anunciase que no volvería a pactar en la región con un «hombre sin palabra», lo que dinamitaría el discurso de la dirección nacional del partido sobre listas conjuntas y mermaría sus posibilidades de mantener una cuota de representación en la cámara autonómica.

Él, como pudo saber El Independiente, ya comunicó que daría el paso si contaba con el beneplácito de Inés Arrimadas, aunque descartaba llevar al partido a una nueva guerra interna con primarias de por medio. El otro nombre que podría haber suplido al ex vicepresidente de Castilla y León es el de Gemma Villarroel, a la que Arrimadas confió el control de Ciudadanos en la región tras la contienda que mantuvo con Francisco Igea y la escalada de tensión entre ambos.

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