España CONVERSACIONES CON EL INDEPENDIENTE

PSOE 1982, cuatro décadas de viraje desde la ilusión al pragmatismo

La charla retrospectiva mantenida por Juan Espadas y el periodista Jesús Maraña con motivo del 40 aniversario de la primera victoria de Felipe González en un acto organizado por este diario y celebrado esta semana en la Fundación Cajasol de Sevilla

Juan Espadas, Casimiro García-Abadillo y Jesús Maraña, en el acto de El Independiente en Sevilla con motivo del 40 aniversario del triunfo socialista en España.

Juan Espadas, Casimiro García-Abadillo y Jesús Maraña, en el acto organizado por 'El Independiente' en la Fundación Cajasol de Sevilla por el 40 aniversario de la primera victoria de Felipe González. ENRIQUE FALCÓN

¿Cuáles fueron las claves que explican que más de diez millones de españoles eligieran la papeleta del PSOE en las elecciones generales de octubre de 1982, las primeras que ganó Felipe González? ¿Qué factura tuvo que pagar el partido por la celebración del referéndum de permanencia en la OTAN y la huelga general de diciembre de 1988? ¿Y por los casos de corrupción de los 90? Con la perspectiva que da el tiempo, ¿cuáles son las sombras y luces de aquellos 14 años de gobierno? ¿Qué queda de aquel Partido Socialista?

A éstas y a otras muchas preguntas formuladas por el director de El Independiente, Casimiro García-Abadillo, se le dio respuesta en el acto organizado esta semana por este diario en la sede de la Fundación Cajasol de Sevilla con motivo del 40 aniversario de aquel triunfo electoral -ocurrido el 28 de octubre de 1982- y en el que participaron el secretario general del PSOE andaluz, Juan Espadas, y el director editorial de Infolibre, Jesús Maraña.

Casimiro García-Abadillo.-¿Cómo vivieron aquellos años en que, con la arrolladora victoria del PSOE de Felipe González, se abrió una nueva etapa en este país?
Juan Espadas.-Yo tenía 16 años y el recuerdo que tengo de esas elecciones viene marcado por el golpe de Estado, que fue lo que realmente incubó esa mayoría absoluta. Mi abuelo, republicano, había sido represaliado durante la Guerra Civil y en mi casa se hablaba poco sobre esta cuestión. Fue mi padre quien me transmitió esa atención por lo que se estaba generando desde el punto de vista político. Claramente se alumbraba ese ansia de libertad y de consolidación de la democracia. Lo que percibía eran las ganas de que lo que era un proyecto de la sociedad española pasara a convertirse en una realidad. La victoria del PSOE en las elecciones de 1982 significó consolidar ese anhelo en un gobierno socialista que venía a consolidar la Constitución y la gran apuesta de los españoles.
Jesús Maraña.-Fueron las primeras elecciones en las que yo voté. Estudiaba Periodismo en la Universidad y trabajaba en el viejo diario Informaciones. Esa campaña y esa noche me tocó cubrir al CDS de Adolfo Suárez, pero luego salimos escopeteados al Palace a vivir la euforia electoral. Todo el mundo pronosticaba un triunfo del PSOE pero no con esa contundencia tan clara. Es inevitable no combinar esa imagen con la del 23-F, cuando también nos acercamos de madrugada al mismo escenario. Felipe González estuvo esa noche transmitiendo serenidad y sosiego. He releído estos días la crónica de Martín Prieto sobre la tarde de la jornada electoral, que González y Carmen Romero la pasaron en la casa de Julio Feo. Unas horas antes le llamó el ministro [del Interior] Rosón y, dando por descontada la victoria, le pidió que la celebración fuera lo más moderada posible. Seguíamos viviendo en la incertidumbre, en el miedo… ¿Cómo iban a reaccionar los militares? Todo eso estaba presente y lo tuvo muy presente la dirección del PSOE.

C.G.-A.-¿Qué temores había? ¿Qué es lo que podía dar más pánico? ¿Cuáles eran las nubes que veíais vosotros?
J.E.-La incertidumbre era un conjunto de factores. ¿Íbamos a ser capaces de gestionar nuestra propia madurez democrática sin tutelas? Era un sistema que avanzaba tan tímidamente que había muchos sonidos que nos recordaban al pasado. La sociedad española era consciente y votó que hacía falta dar un paso adelante y definitivamente ganar la libertad de una manera más decidida. El PSOE era muy consciente de la inmadurez democrática a la que se enfrentaba y tenía que ir desmontando y construyendo a la vez una sociedad que fuera capaz de entrar en Europa y de hablar de tú a tú a otros estados con más tradición democrática.

El golpe de Estado es lo que realmente incubó la mayoría absoluta del PSOE en las elecciones de octubre de 1982″

JUAN ESPADAS

C.G.-A.-¿Qué pesó más para conseguir ese resultado? ¿La concentración del voto? ¿Había mucho voto prestado o la gente era consciente de que estaba votando al PSOE? ¿Cuánta gente pudo votar al PSOE como ‘voto refugio’?
J.M.-No hay dudas de que en octubre de 1982 hubo mucho voto ajeno a lo que era en ese momento la fuerza del PSOE. Pedro Sánchez lo ha definido ahora como «una explosión de autoestima colectiva». Y creo que está bien expresado. Había mucho voto que no venía de una militancia de izquierdas o antifranquista y tenía que ver con varios factores. De un lado, no olvidemos que unos meses antes se había deshecho la UCD y que la otra opción de la derecha era Fraga. No hay mucho más que decir. Con esa ilusión colectiva por llegar a la democracia de una vez por todas y aterrizar en una democracia europea, las opciones eran Fraga o Felipe González. Y González representaba exactamente eso. Es verdad que se desarrollaron entre la esperanza y el miedo. Lo supimos más tarde, pero la víspera estaba preparado un golpe sangriento. Y, además, estábamos viviendo momentos muy duros por parte de ETA. Fue un año y medio viviendo entre la esperanza y la incertidumbre y más de diez millones de personas apostaron por la esperanza e ilusión que representaba Felipe González, quien hizo perder el miedo tras llevar a cabo una campaña desde la moderación, el sentido común y la confianza. Eso tuvo que ver con ese resultado.

C.G.-A.-El lema del PSOE para esa campaña electoral fue un acierto: ‘Por el cambio’. ¿Qué cambió en España desde 1982 en adelante?
J.E.-Cambió el concepto de lo que debía ser un gobierno que gobernase por el interés general. Visto desde Andalucía, no podía ser otro que la lucha por la igualdad de oportunidades. No debemos olvidar que la victoria de octubre vino precedida del triunfo de Rafael Escuredo en mayo. Fue también un triunfo de la emoción, de la adhesión de la inmensa mayoría de la sociedad a un proyecto político que estaba por demostrar de lo que era capaz; la gente votó esperanza, ilusión y por el futuro. El PSOE apostó por intentar avanzar hacia una sociedad que fuera capaz de ir conquistando derechos que había perdido y por una sociedad capaz de modernizarse, de poner las decisiones políticas y económicas necesarias para empezar a jugar su papel en Europa. En un momento de crisis económica importante.

C.G.-A.-¿Quizá lo más importante fue ese paso adelante que se da en el sentido de poner a la sociedad en marcha y quitarle el complejo de inferioridad?
J.M.-A mí me parece que, como sociedad, los primeros años de la Transición caminábamos sobre el alambre. El cambio que se produjo en 1982 le dio una garantía de seguridad democrática a este país e inmediatamente vino estar en Europa, con dos momentos muy delicados para el gobierno socialista de la época: el referéndum de la OTAN y la huelga general con la fractura con UGT. En plena campaña del 28 de octubre alguien le preguntó a Felipe González que qué era aquello de ‘Por el cambio’. Él se quedó unos segundos callado y contestó: «Que España funcione». Estaba empezando a funcionar, aparte de los momentos que iba provocando el fenómeno terrorista y la extrema derecha. Porque una cosa que se asentó durante mucho tiempo en este país es que habíamos hecho una Transición totalmente pacífica y no es verdad si se analizan los ensayos que contabilizan la violencia en este país en esos años. Fue una Transición muy violenta. Yo resumiría diciendo que se consiguió poner a España en Europa y en la democracia con todas sus imperfecciones. Siempre digo que, a mi juicio, el problema no fue lo que se hizo durante la Transición sino lo que no hicimos durante cuatro décadas después de la Transición.

Juan Espadas, secretario general del PSOE-Andalucía.
Juan Espadas, durante el acto. ENRIQUE FALCÓN

C.G.-A.-Habéis citado la dureza de esos años. Hubo una crisis económica durísima que provocó movilizaciones en la calle por las decisiones adoptadas, el Gobierno se la jugó con el referéndum de la OTAN… Y el PSOE vuelve a ganar en 1986 cuando perfectamente podría haber habido una desilusión al no ser el cambio que se esperaba. ¿Cómo se vivió aquello?
J.E.-Si sorprendente fue el éxito de 1982, más lo fue el del 86. El caudal de confianza del año 82 tenía tal tamaño que con las decisiones que se iban tomando… Para hacer cambios, había que tomar decisiones en algunos casos drásticas y dolorosas para modernizar el país y para que en cuatro años estuviéramos en condiciones de entrar en la Comunidad Económica Europea, que exigía un examen bastante riguroso. Pero también significó, en positivo, empezar a vislumbrar en otros territorios un escenario de cohesión social y de búsqueda de reequilibrios territoriales que históricamente no hubo. En Andalucía, esos cuatro años fueron muy duros pero también fueron aquellos en los que un gobierno miraba hacia el Sur y no sólo hacia el Norte. Y que pensaba que España tenía que crecer y modernizarse en el conjunto de sus territorios. Uno de los éxitos es que fue el gobierno capaz de coger la realidad territorial de España, con todas sus dificultades, con toda su riqueza y toda su complejidad. También creo que eso lo hizo bien el gobierno de Felipe González.

C.G.-A.-¿La cuestión de la OTAN produce una quiebra con la izquierda a la izquierda del PSOE y fue la primera piedra de la construcción de una izquierda que luego fue muy dura con el Partido Socialista?
J.M.-Felipe González ha dicho alguna vez que probablemente fue el mayor error que cometió, no el hecho de haber entrado en la OTAN sino la convocatoria del referéndum. Fue una fractura real en el espacio de la izquierda y ello dio origen a IU. Pero para mí tiene mucha importancia dentro de la familia socialista la ruptura con UGT y la huelga general. También fue una prueba de fuego. Que consiguiera la mayoría en el 86 tiene que ver con aquella base tan amplia. Recordemos que la participación en octubre del 82 fue del 80%.

Felipe González representaba la esperanza y la ilusión; hizo perder el miedo con una campaña electoral desde la moderación»

JESÚS MARAÑA

C.G.-A.-También ha dicho Felipe González en alguna ocasión que la noche del 14-D, el día que tiene lugar la mayor huelga general en España por la reforma laboral que abarataba el despido, estuvo a punto de dimitir. ¿Hay algo que cambia tras esa fractura y que luego ya no se vuelve a recuperar?
J.E.-Probablemente, sí. Pero está, a mi juicio, en la evolución que va de un partido político a un partido en el gobierno durante varias legislaturas. Un proceso de gestión de la realidad, de los problemas de la realidad, que van desde tu proyecto político e ideológico a las duras decisiones que tienes que tomar para conseguir los objetivos y que te obligan a renuncias. Ahora estamos viendo un gobierno de coalición en el que por parte de la fuerza política que gobierna con el PSOE ha habido dosis respecto a lo que fueron los inicios de Podemos. Aplacas tu política de máximos para intentar llegar a puntos de encuentro. El del gobierno socialista es un magnífico ejercicio de búsqueda de acuerdos y equilibrios dentro de la sociedad en posiciones políticas no enfrentadas pero que no estaban claramente alineadas con la izquierda. Y Felipe González consiguió dar seguridad a los mercados, a quienes venían a invertir en España o a generar oportunidades. También los ciudadanos lo interpretaban como la muestra de un gobernante que a veces era capaz de renunciar a elementos que podían estar muy dentro de sí en pro de la estabilidad del país o de la consecución de logros económicos.

Jesús Maraña, director editorial de InfoLibre.
Jesús Maraña, director editorial de InfoLibre. ENRIQUE FALCÓN

C.G.-A.-Sucede la huelga general de 1988 y no mucho tiempo después se produce la fractura con Alfonso Guerra y la dimisión del vicepresidente, lo que supone la ruptura de la foto del Palace. ¿Qué estaba pasando para que al final Felipe González se fuera quedando más solo? ¿Hubo manera de evitarlo?
J.M.-Eso tendrían que responderlo los protagonistas. Es verdad que el ejercicio del poder siempre va aislando y que una de las cosas más difíciles es permanecer en contacto con la realidad y escuchar al que te critica y te pone peros. El poder siempre lleva a perímetros de adulación y parabienes y a pocas críticas profundas. La ruptura entre Felipe González y Alfonso Guerra es un fenómeno que siendo en parte personal, ya en el ejercicio del poder y con unas raíces anteriores a lo que fue el estallido del caso Juan Guerra, tiene que ver con la evolución en el ejercicio del poder. Lo ha contado más de una vez Felipe González, que estaba convencido de que Guerra no quería estar en el Gobierno y hubiera preferido seguir en el partido. Hay que tener en cuenta que había otros nombres en el Gobierno de un perfil muy diferente al de Guerra, como Miguel Boyer y Carlos Solchaga, que iban provocando tensiones cada vez más profundas porque representaban políticas económicas desde el punto de vista socialdemócrata muy diferentes. La base de fondo de la ruptura tiene más que ver con esto que con el estallido del caso Juan Guerra. A mí no se me olvida el pleno del Congreso de los Diputados en el que Alfonso Guerra defendió que no había cometido ninguna irregularidad y cuando Felipe González salió al pasillo dijo aquello de ‘Si quieren, dos por uno’. Dejó muy clara la lealtad política que tenía con Alfonso Guerra desde 1969.
J.E.-No era simplemente una cuestión de una relación bilateral sino un cambio de circunstancias y de los distintos componentes que en ese equipo de gobierno iba tomando las decisiones políticas.
J.M.-Es verdad que Felipe González tuvo varios momentos a lo largo de los años en los que transmitía -en primer lugar a Alfonso Guerra- que quería dejarlo por distintos factores. Hubo algunas reacciones a alguna de esas fracturas, por ejemplo cuando González decidió llamar al Gobierno a Jorge Semprún. Simbólicamente, era un gesto que decía mucho de cómo quería equilibrar siendo consciente de lo que estaba pasando, de que lo que se estaba quedando instalado es aquello que se adjudica a Carlos Solchaga de que ‘España es el país más fácil para hacerse rico rápidamente’ y que hirió mucho en la familia socialista.

González es una figura decisiva en la historia de este país; ningún gobernante ha tenido tanta capacidad de transmitir confianza»

JUAN ESPADAS

C.G.-A.-Es curioso que, en esos años, no había alternativa. Para los periodistas que hacíamos información política, el debate político estaba dentro del PSOE. Se ve ahora con perspectiva y parece algo increíble. En Alianza Popular estaba Fraga y no había alternativa. Nos enteramos mucho después, pero a principios de los 80 se monta una estructura parapolicial que son los GAL. Cuando aparece en los periódicos en los 90 ya avanzados, para el PSOE supone un golpe letal. ¿Lo valoráis como origen de la posterior derrota?
J.E.-Eso fue debilitando el crédito o la confianza de lo que era esa amplia base electoral del PSOE. Junto con otras cuestiones, ahí comienza una pérdida de confianza.
J.M.-En términos de calidad democrática, es uno de los asuntos más graves que han ocurrido en España. Pero si la pregunta se refiere a la pérdida de apoyo electoral, no creo que la causa fundamental sean los GAL. En las encuestas que se hacían entonces, la gente no contestaba que lo más grave de lo que se acusaba al Gobierno fuera permitir o apoyar los GAL. Yo creo que hizo más daño la corrupción de algunos personajes. Recordemos que en esos años estalló el caso Roldán, el caso Mariano Rubio, el caso Filesa… En 1993, algunos dirigentes del PP ya daban por hecha la victoria. Se resistió cuando ya se estaba pagando una parte de esa factura y se terminó de pagar en 1996. Sigue habiendo sombras en este asunto y no hay democracia que pueda mantener zonas oscuras con el mantenimiento de un terrorismo de estado. Pero, insisto, lo que es el apoyo electoral en las urnas, creo que Roldán, Mariano Rubio y otros hicieron más daño que Amedo y Domínguez.

C.G.-A.-En 1993, cuando ya habían salido el caso Filesa y los primeros apuntes de lo que luego fue el caso Mariano Rubio, gana el PSOE. Fue una amarga victoria porque del 93 al 96 fueron años durísimos. ¿Le sobraron a Felipe González? ¿Tendría que haber dado un paso al lado o es que no había dentro del PSOE quien pudiera asumir el liderazgo en ese momento?
J.E.-Como decía antes Jesús, se dijo en algunos momentos que Felipe González había pensado en tirar la toalla o lo tuvo en mente. Yo creo que fue él y su liderazgo lo que permitió ganar las elecciones de 1993. En cualquier caso, lo cierto es que estábamos ya en el atardecer de gobiernos socialistas con una presión brutal del PP de Aznar, que se cebaba con una atmósfera enormemente contaminada de casos [de corrupción] concretos. Era ya una situación muy complicada, trufada de mucha frustración porque, si finales de los 80 fueron duros en términos económicos, el 93 y el 94 no fueron mucho mejor.

Casimiro García-Abadillo, director de El Independiente.
Casimiro García-Abadillo, director de ‘El Independiente’. ENRIQUE FALCÓN

C.G.-A.-¿Hay ahí una responsabilidad de Felipe González en no haber sabido, o podido, preparar una alternativa dentro del PSOE?
J.M.-Esperanza Aguirre repetía siempre la frase ‘a cojón visto, macho seguro’, que era lo que decían los sexadores de pollo. Es muy fácil 20 años después decir que si se hubiera apartado en el 93… ¿Y quién estaba? Es verdad que, previamente a esa fecha, hubo una reunión en la que Felipe González trasladó a Narcís Serra que se preparara para ser el sucesor porque, si había conseguido reformar los ejércitos y ponerlos en el lugar que les correspondía, consideraba que era el idóneo. Pero eso pasó. Y luego está el contexto. No olvidemos que un año antes de las elecciones de 1993 fueron la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona… Venía una crisis pero España estaba en el mapa como nunca. Desde ese ámbito del ejercicio del poder, probablemente la conclusión fue que había que tirar y que se podía superar. No soy nada partidario de las sucesiones desde arriba, de los dedazos.

C.G.-A.-No había mecanismos, no había primarias aunque también éstas tienen sus problemas…
J.E.-No veo yo a Felipe haciendo primarias…

Roldán, Mariano Rubio y otros personajes hicieron más daño electoral al PSOE que los GAL»

JESÚS MARAÑA

C.G.-A.-No, no. Felipe González decidió tirar él del carro. Imagino que pensaría que si había podido gobernar durante diez años no podía dar un paso atrás cuando venían las duras. Y asumió esa responsabilidad. Tampoco tenía otras muchas opciones…
J.E.-En cualquier caso, el liderazgo de Felipe González a nivel europeo en esa época era muy alto aunque faltara a nivel interno. Tiró él porque objetivamente tenía elementos suficientes para decir que quedaba una marcha más. Pero todo se complicó, se fue oscureciendo porque no había opciones de poder desarrollar políticas que consiguieran logros. Todo estaba mezclado ya en negro con una oposición muy dura, muy de desgaste como la que hizo el PP y que luego aprovechó con Zapatero en 2011 y que es la que ahora también lleva a cabo con Pedro Sánchez. La fórmula de ver a tu adversario en una situación o de debilidad o de no rotundidad e ir ya a saco.
J.M.-Respecto a la debilidad, lo cuenta muy bien Sergio del Molino en su libro Un tal González. Hay una frase que en su día le dice Omar Torrijos a Felipe González, uno de esos consejos que los autócratas tienen costumbre de dar: ‘Si te afliges, te aflojan’. Si te muestras débil, estás acabado. Tú y los tuyos.  En 1993, si se mostraba débil y dejaba abierta la sucesión… Eso no quiere decir que el PSOE se hubiera mantenido en el poder.

C.G.-A.-Estamos viendo en retrospectiva un PSOE súper motivado, muy cohesionado, muy pegado a la realidad social. ¿Qué queda hoy de ese PSOE de 1982?
J.E.-Yo creo que los principios y valores que han sustentado muchos años de gobiernos socialistas en tres etapas distintas. Aquella, la posterior de Rodríguez Zapatero y la actual. En las tres circunstancias, el PSOE se ha caracterizado por la determinación y el compromiso para hacer frente a realidades complejas y en las que hay que demostrar que se está con la gente. Y yo haría muchos paralelismos entre decisiones difíciles y complejas que se tomaron entonces y algunas de las que se han tomado en los últimos años, que a veces generan desgaste y en otras ocasiones se valora por la ciudadanía a la hora de votar. Hay una forma de entender la política que no es conservadora sino valiente, audaz y que significa pensar siempre en avances de la sociedad. Los derechos sociales son una marca, una identidad propia que tienen los gobiernos socialistas y no tienen los de la derecha en este país. Basta con ver las leyes que han sacado adelante unos y otros. Y ese ADN permanece inalterable: no conformarse sino adaptarse permanentemente a los cambios de la sociedad. Y curiosamente siempre el factor de balance es el PSOE, unas veces más débil y otras más fuerte, unas con más decisión y acierto y otras con errores. Es el partido sin el que no se entiende la democracia en España.
J.M.-Es tan diferente la realidad en la que estamos desde todos los puntos de vista que lo que yo creo que debe quedar son los principios socialdemócratas, la defensa del estado del bienestar. Ha habido periodos, incluidos algunos de la fase de Felipe González, en los que hubo una mayor inclinación hacia el llamado ‘socioliberalismo’ que puso en marcha la Tercera Vía de Tony Blair. Curiosamente asistimos ahora a unos tiempos en los que se reivindican de manera neta los principios y políticas socialdemócratas. Esto es así. Hay un viento de cola que favorece la permanencia y la adaptación a la realidad actual como en los principios de la izquierda y del PSOE. Ahora se añade el feminismo, ecologismo… políticas y valores que son indispensables desde un punto de vista de progreso. Pero, claro, el escenario es absolutamente diferente. El fraccionamiento parlamentario y político es el que es. Es difícil imaginar ya mayorías como las del 28 de octubre de 1982. No considero que sean posibles y por lo tanto los actores políticos tienen que acostumbrarse a una concepción del ejercicio del poder muy diferente, con sus pros y sus contras. Es lo que dicen los urnas. La realidad de la pandemia, la guerra de Ucrania, la crisis energética y la climática obligan a reivindicar algunos de esos principios.

Quedan los principios y valores que han sustentado muchos años de gobiernos socialistas en tres etapas distintas»

JUAN ESPADAS

C.G.-A.-He oído a varios dirigentes del PP alabar a González y a Guerra por diversas razones. Alguien podría decir que es postureo, que puede ser. Pero en algunos casos yo creo que es sincero. ¿Pensáis que se ha llegado a reconocer que lo que hicieron esos políticos en esos años tiene un valor más allá de su ideología o consideráis que todavía en este país no tenemos la madurez para reconocerlo?
J.E.-Más que de reconocimiento, que de alguna manera implícito lo es, también de utilización política de personas que ahora mismo son indiscutibles a nivel nacional para el común de los mortales. La sociedad ya tiene una idea de lo que han significado para la historia de este país, no de lo que opinen ahora en cuestiones políticas. Y, por tanto, el agradecimiento colectivo y el reconocimiento que hay que tenerles. Querer valorar eso se hace ahora mismo fundamentalmente por contraposición para desgastar al PSOE actual o a quienes lo lideran. Eso es una trampa en la que algunos no vamos a caer. Eso es querer contraponer a unos socialistas frente a otros. Todos pertenecemos a la misma organización y compartimos los mismos valores, con independencia de los matices que se puedan hacer en cuestiones concretas. La derecha hace bien en reconocerle a Felipe González y a Alfonso Guerra lo que han aportado a la democracia de este país. El PSOE ha sido un partido clave para la historia de España.

Casimiro García-Abadillo, Antonio Pulido, Juan Espadas y Jesús Maraña, en el Teatro Cajasol de Sevilla.
Casimiro García-Abadillo, Antonio Pulido (presidente de la Fundación Cajasol), Juan Espadas y Jesús Maraña, en el Teatro Cajasol. ENRIQUE FALCÓN

C.G.-A.-Cuando Felipe González o Alfonso Guerra cuestionan decisiones del Gobierno de Pedro Sánchez, como la concesión de los indultos a los independentistas catalanes, eso tiene un eco social y en el votante del Partido Socialista…
J.M.-…y también un eco mediático impresionante. Igual que no se puede mirar lo que ocurrió hace 40 años con los ojos de hoy, quien gobernó hace 20 años debe tener en cuenta qué coyuntura y situación atraviesan los compañeros a los que les toca gobernar ahora. Probablemente hubo decisiones de González y Guerra en determinados momentos que con la perspectiva de otra época se pueden discutir fácilmente dentro incluso del partido. Ese fraccionamiento, salvo que se quiera entregar el poder a la derecha, obliga a tomar determinadas decisiones. Es verdad que se utiliza mucho desde la derecha aquello de los tiempos de Felipe González y Alfonso Guerra y su sentido de estado. Recuerdo una conversación entre González y Aznar un poco antes de la pandemia y era impresionante ver los esfuerzos de Aznar para trasladar lo bien que se entendían Felipe González y él, hasta el punto de que González tuvo que decir que tampoco había que emocionarse ni exagerar. Como decía Machado, no se puede ser ni un viejo cascarrabias que cree que lo ha vivido todo y tiene razón en todo ni pueden llegar los jóvenes arrasando y diciendo que acaban de descubrir algo de lo que el otro no se había enterado. Es comprensible ese tipo de mentalidades, sobre todo cuando ya no se está en el poder y hay mucha más libertad para pensar, opinar y diferenciarse. Me parece que al final, en los momentos en que hay que exigir que todo el mundo se sitúe, no tengo dudas de que se situará cada uno donde corresponde.

El problema no fue lo que se hizo durante la Transición sino lo que no hicimos durante cuatro décadas después de la Transición»

JESÚS MARAÑA

C.G.-A.-Me gustaría terminar viendo las luces y sombras que hay en todo gobierno. ¿Felipe González ha sido el mejor presidente de la democracia?
J.E.-Sin duda, la consolidación de la democracia se debe a los gobiernos socialistas de Felipe González. Quizá el salto cualitativo que representó la apuesta por la conquista de derechos que nos permitieran dar un salto desde el punto de vista de un concepto de estado avanzado como lo significó el gobierno de Zapatero o la audacia política y el compromiso por la justicia social que el de Pedro Sánchez está llevando a cabo no tienen una importancia menor. Cada gobierno tiene que analizarse en función de las circunstancias que vive y cómo las encara. Y éste ha afrontado una pandemia que ha obligado a mantener a la población encerrada en sus casas, con la incertidumbre de no saber cómo íbamos a salir. Yo tengo claro que Felipe González es, sin duda, un hombre de estado, una figura decisiva en la historia de este país. No ha habido otro gobernante en este país como él con mayor capacidad de transmitir confianza y de que la población entendiera que las decisiones eran las más correctas. Lo que hemos vivido en estos cuatro años se valorará dentro de unos pocos y se pondrá en el lugar en donde que hay que ponerlo.
J.M.-No me atrevo a hacer esas comparaciones porque todo obedece al contexto en el que uno tiene que actuar y con las piezas en el tablero que puede manejar. Lo que es indudable en términos de país es aquello que dijo que Guerra, que a este país ‘no lo iba a reconocer ni la madre que lo parió’. ¿Sombras? Muchas. De hecho, algunas de las banderas que cogió Rodríguez Zapatero eran asignaturas pendientes que no se abordaron durante la etapa de Felipe González, como la memoria democrática o el matrimonio homosexual. Cada gobierno está en su época. Yo creo que seguimos siendo en este país muy tacaños a la hora de, independientemente de la posición ideológica o partidista, reconocer los méritos. Y a menudo somos demasiado estrechos a la hora de admitir la crítica. Claro que todo gobernante se equivoca. Y tiene sombras y responsabilidades que no han terminado de asumir en todas las etapas. Quizá la asignatura más pendiente en este pendiente es que acabemos con los sectarismos, con la falta de respeto al otro. Queda mucho por aprender y recorrer.

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