España

El 'caso Vidal-Quadras' reflota las fricciones en los servicios de Información de la Policía

Entre los servicios de información de un país, así como en el de inteligencia a nivel internacional, siempre han tenido peleas por llevar adelante sus tesis investigadoras. Lo insólito es que las riñas partan de un mismo Cuerpo policial

El político Alejo Vidal-Quadras en una imagen de archivo.

El político Alejo Vidal-Quadras en una imagen de archivo. EP

"La Brigada y la Central se llevan matando desde que entre en la Policía". Quien habla es un mando con dilatada experiencia en el Cuerpo, y se refiere a la Brigada Provincial de Información (BPI) de Madrid y a la Comisaría General de Información (CGI), de la que depende la primera. Son las unidades de élite de la Policía Nacional para perseguir los delitos que conllevan una especial investigación. El tiroteo y las detenciones del 'caso Vidal-Quadras' han destapado el último episodio de pelas internas a costa de los informantes y las pesquisas de cada grupo.

El martes de madrugada, la Policía detenía a tres personas relacionadas con el ataque terrorista al político Alejo Vidal-Quadras, antiguo miembro del Partido Popular en Cataluña y fundador de Vox. El 9 de noviembre, un hombre se bajó de una moto en la calle Núñez de Balboa, en el acaudlado barrio de Salamanca de Madrid, se acercó al español sin quitarse el casco y le descerrajó un disparo en la cara. Vidal-Quadras salvó la vida "de milagro", pero el proyectil le dejó la mandíbula destrozada. Este jueves recibió el alta hospitalaria.

En un primer momento, el Grupo de Homicidios se hizo cargo del ataque, pero el caso adquirió una gran dimensión. Vidal-Quadras señaló al régimen de Irán como posible autor intelectual del disparo, debido a su cercanía durante años a la oposición de aquel país, considerada una organización terrorista por los ayatolás. Primero entró en juego la BPI de Madrid, pero la huida de los atacantes hacia Andalucía obligó a participar a la CGI. Incluso el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) formó parte de la investigación por su alcance internacional, aunque sus agentes se han ido retirando poco a poco del caso.

De Fuenlabrada a Málaga

La huida del pistolero en moto llevó a los investigadores hasta Fuenlabrada, un municipio del sur de Madrid. Allí apareció calcinada una motocicleta, una BMW, que fue la primera pista de la que tirar. Cuando recuperaron el número de bastidos, apareció que estaba a nombre de un joven de Málaga, concretamente de Fuengirola. Un chico de 22 años normal, no radicalizado y que se dedica a la construcción. El análisis de las cámaras de la zona del disparo llevó a los agentes a fijarse en un coche que se repetía en varias ocasiones en los días antes del ataque. La fortuna hizo que ese vehículo de alquiler estuviese mal aparcado en un pueblo de Granada. La Policía dio parte del coche, ya que en esa calle se tenía que poner un mercadillo, y saltó la alarma en los servicios de Información. Los agentes tenían a su segundo hombre.

Los policías se pusieron encima de los dos sospechosos, con una vigilancia estrecha durante días, pero les faltaba la figura principal: la persona que apretó el gatillo contra Vidal-Quadras. No era ninguno de los dos. El primero un chico español con poca participación en el asunto, más allás de ser el propietario de la moto. El segundo, un converso al islam en su rama chií, la mayoritaria en Irán, pero que dificilmente disparó al político. El juez Francisco de Jorge, que lleva el caso en la Audiencia Nacional, mandó al converso a prisión este viernes, mientras que a la pareja de este y al derenido en Málaga los dejó en libertad con obligación de comparecer en el juzgado cada 15 días.

Los distintos cables de información que han recibido los servicios de investigación apuntan como autor material a un francés de origen tunecino con asuntos pendientes en Francia, entre ellos un asesinato, este sí consumado y que responde al nombre de Mehrez Ayari. Es en este punto donde las fricciones empiezan en la Policía.

Riesgo de fuga

El paso de los días pone nervioso a los agentes. Encontrar a dos sospechosos en el sur de la península, a más de 500 kilómetros del lugar de los hechos les tiene preocupados para encontrar al autor material. La cercanía con Marruecos y el origen tunecino del sospechoso agrava esta situación. La CGI, la central, quiere actuar ya ante el riesgo de perder al pistolero. La BPI, la hermana pequeña de Madrid, es partidaria de esperar un poco más, seguir vigilando a los objetivos a la espera de que se pongan en contacto con el delincuente. El resultado fue el de las tres detenciones.

Entre los servicios de información de un país, así como en el de inteligencia a nivel internacional, siempre han tenido peleas por llevar adelante sus tesis investigadoras. Cada uno tiene a sus fuentes, a sus informantes y a sus hombres, y confían ciegamente en ellos. También está el hecho de que todos los equipos quieren ponerse la medalla por una operación frente a sus competidores. Más insólito es que las riñas partan de un mismo Cuerpo policial.

"Se llevan a matar de siempre. Al menos yo siempre lo he vivido desde que entré en la Policía. Cada uno tiene sus fuentes de información y defiende su trabajo, es normal. Pero la situación es muy diferente a la de hace unos pocos de años. No veo a Susin enfrentándose con el gallego, como hizo Castiñeira con Barón", explica otra fuente consultada.

Los falsos yihadistas de Madrid

Ese "Susin" y ese "Gallego" al que menciona el mando policial son dos comisarios de la Policía Nacional: Javier Antonio Susin Bercero y Eugenio Pereiro Blanco. El primero es el jefe de la BPI y el segundo el de la CGI. O lo que es lo mismo, Pereiro es el jefe de Susin. Hombre fuerte de Fernando Grande-Marlaska en Información de la Policía desde 2018, primera legilsatura del Gobierno del PSOE, llegó hasta la Central en Canillas (Madrid) a sustituir a Germán Rodríguez Castiñeria. Y es con este nombre donde salta el anterior round entre los servicios de investigación de élite de la Policía Nacional que saltó a los medios de comunicación.

28 de diciembre de 2016. Madrid. La Brigada Provincial de Información detiene en Madrid a dos hombres por su radicalización yihadista. En plena Navidad, se difunde que tenían intención de atacar inminentemente en la capital. Tenían armas, un rifle de asalto modelo Kalashnikov, fotos en la Puerta del Sol y vídeos en los que se veía soltando soflamas terroristas. Un mes después, en enero del 2017, la Audiencia Nacional archivaba el caso y dejaba a los detenidos en libertad porque la operación no estaba justificada.

Los hechos fueron los siguientes: un confidente de la Policía, alias Lolo, informó a la BPI de la existencia de la supuesta célula yihadista. Al frente de esa unidad estaba Rodríguez Castiñeira. Meses antes, el verano de 2016, se llenó de entusiasmo y contactó con el CNI. Los espías, para dar el paso de darle verosimilitud, contactaron con la Comisaría General de Información, donde mandaba el comisario Enrique Barón. Las tres patas investigadoras se pusieron a trabajar cada una por su lado.

"Fenómeno delincuencial"

Los servicios de inteligencia desecharon rápidamente que se tratase de una célula yihadista y rebajaron el tono hasta un "fenómeno delincuencial" común. En los vídeos los hombres bailaban, no hablaban árabe y era el propio Lolo quien los había grabado. Lo que no sabían es que había un policía de BPI infiltrado. Este agente se hizo pasar por un vendedor de armas y consiguió colocarles un cargador a los supuestos yihadistas. Al final la operación quedó en nada y el Ministerio del Interior abrió una investigación para aclarar lo ocurrido.

La pelea comenzó entre los comisarios Castiñeira y Barón. El primero defendió el trabajo de sus agentes, aunque no llegase a nada más que la reprimenda del juez y del Ministerio. Sus agentes defendían que no habían sido engañados porque sabían que Lolo era un confidente, aunque engañase a los detenidos para llevar a cabo la operación, y a pesar de que el infiltrado fue el que les incitó a comprar parte del material armamentístico.

Un año después, en enero de 2018, el Gobierno del PP ascendió a Castiñeira al lugar de Barón, y mandó a este como jefe en Málaga. Al nuevo jefe de la CGI le duró poco la alegría, ya que al llegar el nuevo Gobierno del PSOE tras la moción de censura decidió cesarlo de su flamante cargo, a pesar de que fuentes conocedoras lo sitúan en un ala progresista de la Policía. Ahora está jubilado y se dedica a estudiar Criminología. "Susin, el jefe de ahora de BPI, no llegará al punto al que llegó Castiñeira", avanzan mandos policiales.

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