Era la primera dación de cuentas del terrible accidente de Adamuz en sede parlamentaria. Y quizá porque la tragedia sigue quedando demasiado cercana —sucedió hace 11 días, el 18 de enero—, porque sigue doliendo mucho —45 muertos, 123 heridos—, el debate de este jueves en el Senado discurrió en un tono menos crispado de lo que podía esperarse. Ni cruzó la raya el protagonista, el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ni la atravesaron los grupos de la oposición, ni siquiera el que había reclamado su comparecencia, e PP.

PUBLICIDAD

Desfilaron, eso sí, los argumentos de las últimas dos semanas, a falta de novedades en la investigación. PP, Vox y Unión del Pueblo Navarro exigieron la dimisión de Puente, y también lo hicieron, pero por el caos en Rodalies, los dos partidos independentistas catalanes, ERC y Junts. Y él defendió la gestión de su departamento desde el siniestro de Córdoba, porque ha hecho "todo lo que ha estado" en su mano para "atender a las víctimas, para "proporcionar información en tiempo real", para "coordinarse" con otras administraciones —y ha sido una cooperación "extraordinaria" con el Ayuntamiento de Adamuz (PSOE) y con la Junta de Andalucía (PP)—, se ha hecho "lo que se podía y debía hacer". El ministro insistió en que las cifras de inversión y de mantenimiento del sistema ferroviario, en la red convencional y en alta velocidad, ha crecido exponencialmente en los últimos años, pero no pueden cubrir los "30.000 millones" que no se gastaron durante los gobiernos de Mariano Rajoy: "¿De quién es la culpa, de quien invierte 5.000 millones al año [en 2025] o quien dejó las inversiones en 1.700 millones [en 2017] y ni un proyecto encima de la mesa?".

PUBLICIDAD

Puente había dedicado toda su primera intervención a contar la cronología completa del accidente de Adamuz, a relatar la llegada de los servicios de emergencia, a detallar las ayudas a las víctimas y las obras realizadas en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla y las que aún se están ejecutando. Y también se afanó en combatir los "bulos" difundidos en los últimos días, una "avalancha de desinformación" en la que han caído, a su juicio, Vox pero también el PP.

"El bulo es usted. O no sabía cuál era el estado real de las vías y mintió o, si lo sabía, mintió para proteger al Gobierno, y en los dos casos debe dimitir, su comparecencia de hoy debe terminar con tres palabras: presento mi dimisión", le reprochó en la réplica el primer portavoz del PP, Antonio Silván. Para los conservadores, Puente no puede seguir en el cargo porque el siniestro de Adamuz "no fue un suceso extraño o inesperado, sino la crónica de una tragedia anunciada", ya que enviaron alertas sobre los problemas de la vía los maquinistas, los viajeros y hasta los senadores del PP, y lo que hizo el ministro fue "mentir, ocultar, desacreditar las advertencias y no estar a la altura del dolor de España". Mintió el titular de Transportes, siguió Silván, cuando dijo que la línea estaba "completamente renovada" y luego admitió que había elementos que no habían sido sustituidos, y desde entonces "ha cambiado de versión como quien cambia de chaqueta". El senador popular advirtió a Puente de que no puede "representar al Gobierno en funerales y homenajes a las víctimas", porque no podrá "mirar a las familias a la cara".

No estaba previsto que el titular de Transportes se desplazara este jueves a la misa funeral de este jueves en Huelva, porque su doble comparecencia —la primera, por Adamuz, la segunda, por las jornadas de caos y las inversiones en Rodalies— le impide llegar. Pero no se había adelantado si estaría en el homenaje de Estado, ahora sin fecha después de que el Gobierno y la Junta decidieran posponer el acto programado para el 31 de enero a petición de las víctimas. Puente irá. Lo dijo él mismo en su réplica final a los grupos, precisamente en respuesta al PP, pero también a los portavoces de UPN (María Caballero), Vox (Paloma Gómez) y Junts (Eduard Pujol), que exigieron su salida, e incluso a la representante de ERC (Sara Bailac), que lo consideró "dimitido de facto de su responsabilidad" en Cataluña.

"No están justificadas las peticiones de dimisión", porque "honestamente" cree haber cumplido con sus obligaciones, dijo. El ministro subrayó que él nunca haría lo que está haciendo el PP, exigir responsabilidades cuando no ha dado tiempo aún a que "se esclarezcan los hechos". "Yo no soy como ustedes, no me he escondido en el reservado de un restaurante". Ahí ya estaba la comparación con el ya expresident Carlos Mazón, con su gestión de la dana, con las horas que estuvo en El Ventorro mientras decenas de valencianos se ahogaban, con su desatención a las víctimas. Con los gritos que recibió en el funeral del pasado 29 de octubre, celebrado un año después de la riada.

"No soy como ustedes, no tengo nada que ocultar, tengo la conciencia muy clara —espetó—. Cuando se produzca el homenaje de Estado, estaré allí y miraré a la cara a las víctimas. Estaré con la cabeza muy alta. Porque yo sí puedo hacerlo y ustedes no son nadie para erigirse en sus representantes, ni decirme a mí si puedo o no puedo asistir a un funeral. Ustedes no representan a las víctimas, ni muchísimo menos. Y yo cumpliré con mi obligación cuando llegue el momento de estar con ellos, con la cabeza bien alta. Porque he cumplido con mis obligaciones. He estado en el puente de mando desde el primer momento y he hecho el trabajo que me corresponde".

En el largo debate de este jueves estuvo muy presente otro accidente ferroviario, el de Angrois, ocurrido en julio de 2013 y en el que murieron 80 personas. A Alberto Núñez Feijóo, sostuvo Puente, le "traiciona el subconsciente", porque cuando sucedió aquel siniestro "las víctimas le dijeron que no querían que estuviera en la misa funeral y él se presentó rodeado de policía y empujando a las víctimas que intentaron acercarse". "No me verán así, porque no soy como ustedes, ni por acción ni omisión. Ni en mil vidas van a encontrar en mí algún parecido con ese que estaba escondido en El Ventorro mientras informaba en tiempo real a su líder", remachó, de nuevo aludiendo al expresident Mazón.

Los grupos se dividieron entre quienes consideraban que Puente debe marcharse y quienes creen —los socios del Ejecutivo: Más Madrid, Bildu, PNV— que hay que esperar a que la investigación concluya. Entre los primeros, el PP, sí, pero también fue duro el portavoz de los posconvergentes, Eduard Pujol, sobre todo por lo ocurrido con la red catalana de cercanías, un mal estado más evidente aún tras el accidente de Gelida (Barcelona) del 20 de enero: "Usted debe dimitir. Esto se ha acabado. En Rodalies estaba avisado por Junts y por el catalanismo político. Muertos en España y un muerto en una Cataluña desplomada, en una Cataluña secuestrada por una movilidad insufrible. Y es verdad, el AVE y Rodalies son dos situaciones diferentes, pero las dos son el resultado de una incapacidad extrema y de unos Gobiernos del PP y del PSOE que son los responsables de estos dos fiascos". Pujol le dijo que ya le había hablado en abril pasado del teorema de Puente, que consiste en "afirmar que se invierte como nunca, pero se cuida y se ejecuta tan poco como siempre". "¿A qué hora dimite?", acabó.

"No sea tan miserable como para querer comprar el silencio de las víctimas. Tiene que dimitir, porque su corrupción mata. La responsabilidad política no se congela ni queda aplazada hasta que les dé la gana", le lanzó Paloma Gómez, de Vox. Puede ser "muy ocurrente" en redes sociales, pero "muy mal gestor", le reprochó por su parte María Caballero, de UPN: "46 víctimas mortales [las 45 de Adamuz y el maquinista fallecido en Gelida] le increpan. Si todo está tan bien, ¿por qué ha ocurrido el accidente? A las víctimas les urge saber más esta respuesta que la cuantía de su indemnización".

Sara Bailac (ERC) no reclamó exactamente la marcha de Puente porque le considera ya "dimitido de facto" con Cataluña. "Nada de lo que ha pasado la última semana, del caos descomunal de Rodalies, ha sido motivo suficiente para que se desplace a Cataluña, para que se ponga a liderar esta crisis caótica", le recriminó, una acusación a la que el ministro respondió que él había mandado a la comunidad a su número dos, José Antonio Santano, y a los presidentes de Adif y Renfe, así que era su obligación quedarse en Madrid, al mando de la gestión del accidente de Adamuz. Bailac afeó a Transportes las "excusas", la "absoluta falta de empatía" hacia los 400.000 usuarios de la red catalana, y por eso su grupo pide "dimisiones" y unas "soluciones creíbles que no han llegado". Y ella incidió en otra crítica recurrente de los grupos de la izquierda: cómo los gobiernos sucesivos han priorizado la alta velocidad frente a la red convencional.

Sí cabe reflexionar sobre el modelo ferroviario, convino Josu Estarrona, de EH Bildu, pero ahora lo que toca es "esclarecer" lo que pasó, y no "instrumentalizar una tragecia" como a su juicio está haciendo la derecha, comportándose como "carroñeros del dolor". Hay que "aprender de lo ocurrido", dirimir responsabilidades y huir de los "profesionales de la desinformación que alimentan bulos". "Usted estaba donde tenía que estar", le elogió el senador de la izquierda abertzale.

"Hay quien se limita a pedir dimisiones en lugar de medidas de reforzamiento", valoró Uxue Barkos, de Geroa Bai. Y en la misma línea, Igotz López, el portavoz del PNV: los sucesivos gobiernos llevan "muchos años jugando a la ruleta rusa con el servicio ferroviario". El senador, no obstante, pidió esperar, porque "conocer las causas lleva tiempo" y no conduce a nada "conjeturar". "Coja el toro por los cuernos y no en el barro. Más importante que responder a bulos y a tuits son las medidas correctivas necesarias para que en el futuro se minimicen los riesgos", le aconsejó. La portavoz del BNG, Carmen da Silva, tejió la comparación con Angrois, el siniestro que fue "pésimamente gestionado" por Mariano Rajoy y su ministra Ana Pastor, porque se "ocultó" información y se echó toda la culpa al maquinista. "Exigimos para Angrois y para Adamuz justicia, verdad y reparación, caiga quien caiga", resumió.

No fue la única representante que miró hacia el pasado. También lo hizo Carla Antonelli, de Más Madrid. Ella apuntó hacia la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, por los 7.291 ancianos que murieron en las residencias en lo peor de la pandemia por un "protocolo salvaje y criminal". Pero el PP carga asimismo, siguió, con las víctimas del metro de Valencia, o las de la dana. "Son los menos indicados para pedir transparencia".

Antonelli formuló una de las preguntas claves de la sesión: ¿pudo "hacer más" el ministerio para evitar Adamuz? Puente mantuvo que, desde el accidente, su departamento ha hecho todo lo que "se podía" y "debía" hacer. ¿Había medidas para evitar la tragedia? El ministro insistió en que no hay "riesgo cero, seguridad total", pero España sí está "cerca del cero", porque dispone de "un sistema ferroviario muy seguro, con muchos sistemas de control y de aviso".

A partir de ahí, Puente defendió las inversiones de los gobiernos de Pedro Sánchez desde 2018. Así, se ha "triplicado" la inversión en la infraestructura de tren, desde los 1.747 millones de 2017 a los 4.696 de 2025 (hasta el 30 de noviembre). Pero "es verdad" que durante años se produjo "un déficit de inversión", justo, señaló, con los gobiernos del PP: si se hubiera mantenido el ritmo inversor de 2010 (5.117 millones), se habrían gastado "30.000 millones más" de los que se ha invertido en estos años. "Las carencias, ¿de dónde vienen? Seamos justos en los análisis", apuntó, culpando al PP, "uno invierte si tiene recursos y decisión política. Si no había dinero, al menos que hubiera proyectos". Es decir, que con Rajoy hubo algo más que falta de inversión: también escasearon las ideas, los "proyectos", vino a decir, y como prueba, las declaraciones de impacto ambiental "caducadas", como las que afectaban al AVE a Extremadura. Y al estar vencidas, "vuelta a empezar", tiempo perdido.

Puente espolvoreó su réplica de cifras, del volumen de inversión en la red convencional y en la de alta velocidad, en mantenimiento, en la comparación con otros países de la UE en la que España no sale mal parada. También negó que la red esté saturada —en la línea Milán-Roma circularon el año pasado 400 trenes al día, por los poco más de 90 de la Madrid-Barcelona— o que no funcionen los trenes auscultadores (hay en servicio nueve solo para alta velocidad y cuando Sánchez llegó a la Moncloa "había tres").