El Gobierno y el PSOE rabiaban de indignación este miércoles. Quizá como pocas veces en los últimos tiempos. Por un doble motivo. Por la gravedad de las acusaciones que pesan sobre el dimitido director adjunto operativo (DAO) de la Policía, una salvaje agresión sexual a una subordinada objeto de una querella ya admitida a trámite. Y también por el "barro" en el que el PP quiere meter al titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, del que ha pedido su dimisión inmediata por "encubrir" al presunto delincuente. Pero en el Ejecutivo y en la dirección del partido defienden a muerte al ministro y su actuación, "contundente" y rápida y "empática" con la víctima, confiriéndole toda "credibilidad". Y aunque el caso es "devastador", creen que el impacto interno es menor, porque a fin de cuentas José Ángel González, el ya ex DAO, "no es un cargo orgánico del partido". Es decir, que la conmoción en las filas socialistas será contenida. No se prevé que se reabran las profundas heridas que dejó el caso de presunto acoso sexual cometido por Paco Salazar, este sí exdirigente, y muy prominente, de la completa confianza de Pedro Sánchez hasta su defenestración del pasado julio.
Los colaboradores más cercanos al presidente esgrimen que no hay similitud posible. "No tiene el mismo impacto que gente del partido sea objeto de denuncias a que lo sea un funcionario, alto cargo del Gobierno, sin vinculación con el PSOE —analiza una de las personas con más poder en el Ejecutivo—. El DAO era un cargo de confianza de Marlaska, sí, es cierto, pero desde un punto de vista profesional. Es que hay mucha gente que puede ser brillante en su trabajo y luego resulta que son presuntos maltratadores o acosadores sexuales, como pasó, salvando todas las distancias, con Plácido Domingo o Julio Iglesias".
No tiene el mismo impacto que gente del partido sea objeto de denuncias a que lo sea un funcionario, alto cargo del Gobierno, sin vinculación con el PSOE", señalan en el círculo de Sánchez
Salazar abrió una sima dentro del PSOE. La publicación, en elDiario.es y apenas unas horas antes de que arrancara el comité federal del pasado 5 de julio, de que se agolpaban acusaciones de comportamientos machistas sirvió para que se frustrara su ascenso al aparato del partido, como segundo secretario adjunto de la nueva responsable de Organización, la valenciana Rebeca Torró, a quién Sánchez había elegido para relevar a Santos Cerdán. Aquel golpe hundió unos ánimos ya muy bajos, pero la sensación de desolación y de abatimiento se multiplicó unos meses después, cuando se supo que las denuncias de dos mujeres contra Salazar se habían metido en el congelador, sin que nada se hiciera con ellas, un "error" cuyo origen nunca se llegó a explicar del todo. Aquellos dos primeros escritos desencadenaron una especie de #MeToo socialista, pues se sucedieron las denuncias por acoso en el canal interno habilitado por el PSOE. La principal señalada fue Torró, pero el presidente dio la cara por ella y asumió el fallo "en primera persona". La convulsión fue total, también por la importancia del voto femenino para el PSOE, y los escándalos anteriores, como el recurso a la prostitución del exministro José Luis Ábalos y de su exasesor Koldo García, o los fallos de las pulseras antimaltrato, minaron la reputación de un partido que lleva en su ADN el gen feminista.
Ahora, un escándalo mayúsculo y relacionado con la libertad de las mujeres volvía a percutir a los socialistas. Sin embargo, la crisis generada por la inesperada querella contra el número dos de la Policía, a quien Marlaska había nombrado en octubre de 2018, es de distinta naturaleza. Los hechos tienen todavía mayor entidad —la víctima, cuya identidad no se ha hecho pública, acusa a González de los delitos de agresión sexual con penetración, coacciones, lesiones psíquicas y malversación, con el agravante de abuso de autoridad en todos ellos— y han sido relatados con detalle ante la Justicia, no en el canal interno del PSOE. El ex DAO deberá declarar ante el juzgado de violencia sobre la mujer número 8 de Madrid el próximo 17 de marzo, el mismo día en que ha sido citada la denunciante, una agente subordinada suya.
Los casos anteriores eran militantes socialistas con mucho poder interno y con relación relación con el presidente. Dudo mucho de que el DAO tuviera confianza política", apuntan en la cúpula del PSOE
Pero González no forma parte de la familia socialista, y ese detalle es capital para entender por qué el shock, puertas adentro, no tiene la misma magnitud. "Los casos anteriores [Salazar, pero antes que él el exministro Ábalos o su sucesor en Organización, Santos Cerdán, imputados por presunta corrupción] eran militantes socialistas con mucho poder interno y con relación personal con el presidente. El DAO dudo mucho que fuera de su confianza política", resume una integrante de la ejecutiva federal. "El DAO no es partido y se ha actuado con inmediatez", tercia un alto cargo institucional del Gobierno en Madrid. El exmando policial no tenía ningún tipo de relación orgánica con el PSOE. El ministro sí apreciaba su valía como jefe operativo de la Policía Nacional y de hecho el Ejecutivo introdujo en uno de los primeros decretos de ayudas por la dana, el publicado el 12 de noviembre de 2024, una modificación para que González pudiera seguir en su cargo aunque hubiera sobrepasado ya los 65 años. El DAO solo tiene por encima en el cuerpo al director de la Policía, Francisco Pardo, nombrado también en 2018.
El Gobierno reivindica que la salida del número dos de la Policía se produjo apenas una hora y media después de que trascendiese la noticia. Marlaska, a su llegada al Congreso este miércoles, insistió en que "de haber tenido el mínimo conocimiento de una circunstancia de esta gravedad", él mismo le habría pedido "su renuncia". Es decir, negó que supiera nada, una versión que no se creen PP ni Vox. El ministro informó de que, una vez conocida la querella completa, se suspendió también a la mano derecha de González, el comisario Óscar San Juan, quien según la querella coaccionó a la mujer. "Evidentemente", analizado el escrito, señaló el titular de Interior, no cabía otra alternativa que requerir al DAO su renuncia o bien cesarle en caso de que él no dimitiera. El exjefe policial señaló ya por la tarde, en el programa Y ahora Sonsoles (Antena 3) que renunció "automáticamente" cuando conoció la denuncia, y lo hizo para proteger el "buen nombre" del cuerpo.
La defensa de Montero, la vehemencia de Puente
La sesión de control al Gobierno en el Congreso se convirtió, como podía ser previsible, en una auténtica tangana. El PP bramó a gritos "¡dimisión!" a Marlaska, expresó sus "náuseas" al verle sentado en el banco azul, tachó a los socialistas de "encubridores" de "delincuentes". La defensa del ministro corrió a cargo, primero, de la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, que reivindicó su rápida respuesta y cargó contra la "doble moral" de los populares, que no han hecho "nada" contra el alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, acusado de acoso sexual y laboral por una exconcejala, o el jefe de la Policía Local de Alcalá de Henares —investigado por violencia de género, lesiones y maltrato en el ámbito familiar—.
Puente: "Son unos inmorales. Nosotros sí podemos decir que ustedes sabían del acoso del alcalde de Móstoles a una concejala del PP. ¡Y lo puedo decir aquí y lo puedo decir fuera!"
La ministra de Hacienda no fue la única: el resto de miembros del Gabinete visibilizaron su apoyo a Marlaska, le arroparon durante sus preguntas, le aplaudieron sostenidamente mientras la bancada popular chillaba "¡dimisión!". "Ustedes no están en condiciones de venir aquí y exigirle a este Gobierno absolutamente nada —clamó vehemente el responsable de Transportes, Óscar Puente—. Son ustedes unos inmorales. Les voy a decir una cosa: nosotros sí podemos decir que ustedes sabían del acoso del alcalde de Móstoles a una concejala del PP. ¡Y lo puedo decir aquí y lo puedo decir fuera, sin ningún problema, porque esa es la verdad! ¡Salgan ustedes y digan lo que han dicho del ministro Marlaska y nos vemos en los tribunales!".
Sánchez no estaba en el Congreso, sino de viaje oficial en India. Y desde Nueva Delhi expresó su respaldo inequívoco a Marlaska. "Si el Ministerio del Interior no hubiera actuado con contundencia, evidentemente se podría decir que no se asumen responsabilidades", sancionó. Pero no es así: el Gobierno ha respondido a las acusaciones "muy graves" que existen contra el ex DAO, reiteró en varias ocasiones, con "empatía" hacia la víctima, dándole toda la "credibilidad" a su testimonio y mostrándole su apoyo, con "coherencia" con sus principios y con "contundencia".
El presidente remarca que no aceptará "lecciones" del PP, cuando "encubre al agresor y estigmatiza a la víctima" como ha hecho en Móstoles. "Que se apliquen a sí mismos" lo que piden, dice
"No le vamos a aceptar lecciones a aquellos que cuando tienen estos casos no hacen absolutamente nada", porque "al contrario, lo que hacen es encubrir al agresor y estigmatizar a la víctima", como a su juicio hace el PP con el caso de Móstoles. No va a aceptar su "ley del embudo", ni su "doble vara de medir", y lo que pide tanto a Alberto Núñez Feijóo como a la líder de los populares madrileños, Isabel Díaz Ayuso, es que actúen. Que "aquellos que hoy están exigiendo eso que ha hecho el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se lo apliquen a sí mismos".
En el Gobierno no existe ni media duda respecto al comportamiento de Marlaska. La confianza del presidente es absoluta, total. Lo ha sido siempre. El ministro del Interior, que asumió el cargo en junio de 2018, cuando el líder socialista llegó a la Moncloa, es uno de los responsables a los que él más aprecia personalmente. Más aún, como subrayan en el entorno de Sánchez, es amigo suyo. También lo es de Montero, como ella misma admitió en Lo de Évole (La Sexta). Marlaska, así, ha superado todas las crisis estalladas en su departamento y, pese a ser señalado por la oposición y considerársele achicharrado, goza de la aprobación inequívoca del presidente y de su núcleo duro.
Sánchez respalda por completo a su ministro del Interior, le aprecia personalmente, es amigo suyo, como lo es de Montero, y le ha salvado de todas las crisis con las que ha tenido que bregar
El titular de Interior sí abrió la puerta a una hipotética dimisión. Con una condición: "Si la propia víctima no se ha sentido protegida o ha entendido que este ministro le ha fallado en algún sentido, evidentemente, yo sí que renunciaré y sí que dimitiré", respondió al PP en el pleno del Congreso. "Él lo ha dicho con sentimiento. Claro que se puede volver en contra de él, pero está bien que lo haya dicho —valoran desde la Moncloa—. Es que Marlaska está impresionado y dolido con lo ocurrido, pero está muy seguro. Lo que no va a hacer él es mentir. Él es juez. No se va a pillar los dedos en la vida".
"Sin pruebas ni indicios"
Es decir, Sánchez y su núcleo de confianza cree sin pestañear la versión de Marlaska de que no sabía nada. No solo por lo afirmado por él mismo, sino porque el propio abogado de la víctima, Jorge Piedrafita, aseguró el mismo martes en La noche en 24 horas de Televisión Española, entrevistado por el conductor del programa, Xabier Fortes: "La denuncia se ha llevado con la máxima discreción y por la vía judicial, precisamente por la persona a la que denunciábamos, que es la máxima persona uniformada del cuerpo, y las consecuencias que tenía para la víctima. En el día de hoy [por este martes] cuando se admitió a trámite esta querella, sí que mi cliente habló con su superior directa, con la jefa de personal, que se ha quedado absolutamente de piedra ante los hechos y le ha dicho que ha hecho lo correcto".
En el Ejecutivo creen sin pestañear que Marlaska no supo antes nada de la agresión: "No solo porque lo digan el abogado de la víctima y el ex DAO, es que no ganaba nada ocultándolo, nada"
"Lo admitió el propio ex DAO al afirmar que renunció en cuanto supo de la querella —justifica un ministro—. Pero hay algo aún más evidente. Y es que Marlaska no ganaba nada ocultándolo. Nada". Otro alto cargo de la Moncloa coincide: "No tiene ningún sentido que él, si lo supiera, lo tapara. Él hubiese quedado mejor si lo cesa antes de que trascienda. Sería un héroe. Lo detecta y pone coto. Pero el abogado de la víctima lo ha diseñado muy bien. Y no interpone una denuncia a través de la Fiscalía, sino que la mujer se querella directamente contra él".
La sala de máquinas del Gobierno echaba humo. Los mandos del Ejecutivo no daban crédito a la acusación del PP, "sin pruebas ni indicios", de que Marlaska era conocedor de los hechos. No concebían la "hipocresía" de los de Feijóo. "Que lo demuestren. Que digan fuera del Congreso, donde no están protegidos por la inmunidad parlamentaria, que el ministro lo sabía. Le acusan de eso porque están en la mierda y en el barro, usan este tipo de hechos para involucrar al conjunto del Gobierno. El clima es irrespirable. Pero así estamos, no van a cambiar", protestaba un miembro del círculo más cercano a Sánchez.
Por ahora, no se contemplan dimisiones. Desde luego, no la de Marlaska. "Si lo hubiéramos sabido, claro que habríamos tomado medida", recalcan en el complejo presidencial
Por el momento, no se contemplan dimisiones. Desde luego, no la de Marlaska. ¿Y la del director de la Policía, Paco Pardo? En Interior hay quien cree que podría ser el fusible a sacrificar llegado el caso, pero por ahora no ven motivo ninguno. La reflexión que arrojan muchos cargos es la misma que sintetiza la Moncloa: "Si lo hubiéramos sabido claro, que habríamos tomado medidas".
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