Históricamente, el tablero geopolítico del estrecho de Gibraltar siempre exigió una diplomacia llevada al milímetro. La presencia de importantes figuras como militares o políticos de relevancia refuerzan la presencia de uno u otro bando en la región. Pero no hay figura política mas relevante que la de un rey. Ahora, la reciente crisis migratoria ha devuelto a la primera línea la relevancia de las visitas de los Reyes de España en Ceuta, ya que el actual monarca Felipe VI aún no ha visitado de forma oficial la ciudad autónoma.
Tras la masiva entrada de inmigrantes a finales de julio, el Gobierno sondeó a la Casa Real sobre la conveniencia de una llamada de Felipe VI a Mohamed VI. Pero de momento, Zarzuela prioriza la prudencia, manteniendo el compromiso de una visita real a la ciudad autónoma cuando resulte "útil y razonable" y así lo disponga el Ejecutivo.

Cinco horas que sacudieron la diplomacia
Para comprender el recelo de Marruecos ante la presencia del monarca español en Ceuta, es necesario mirar al pasado. El precedente más directo ocurrió el 5 de noviembre de 2007, cuando los reyes Juan Carlos I y Sofía aterrizaron en la ciudad. Aquella jornada rompió la ausencia de 74 años sin la visita de un Jefe del Estado español (el último había sido el presidente republicano Niceto Alcalá-Zamora en 1933) y de ocho décadas sin un monarca reinante.
Aunque la visita duró apenas cinco horas, provocó un hondo malestar diplomático en Rabat. Mohamed VI calificó el viaje de "iniciativa reprochable" y llamó a consultas a su embajador en Madrid, evidenciando que la proximidad personal que Juan Carlos I mantuvo con Hasan II no se trasladó automáticamente a su sucesor. Pese a las protestas al otro lado de la frontera, el monarca español pronunció un medido discurso en la asamblea ceutí reafirmando su compromiso con la población local.
La visita de Alfonso XIII
Previa a la visita de Juan Carlos I, hay que viajar al 5 de octubre de 1927. Tras concluir la sangrienta Guerra del Rif, Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia desembarcaron del acorazado Jaime I para celebrar la pacificación del Protectorado en medio de las festividades por la victoria.
La ciudad se volcó por completo con arcos de triunfo e iluminaciones especiales. Como anécdota de la época, la representación local de la Compañía Arrendataria de Tabacos repartió gratuitamente entre los asistentes cien mil cajetillas de puros y cinco mil cigarros habanos para festejar la llegada de los Reyes.
El momento más singular de la jornada fue captado por las cámaras del noticiario "Paramount News". Durante el desfile militar en el acuartelamiento de Dar Riffien, la Legión marchó ante la tribuna regia exhibiendo a su célebre mascota: un majestuoso carnero. Las crónicas periodísticas de la época destacaron con humor cómo el animal avanzaba impasible ante las autoridades, marcando el paso con sorprendente disciplina al ritmo de los cornetas y tambores.

Actualmente, un siglo después de aquel desfile, la posición de Ceuta sigue demandando un fino equilibrio diplomático. Con las dinámicas bilaterales con Marruecos, cada paso de la Monarquía española en el Estrecho continúa siendo un medidor de la política exterior española.
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