España

Haakon y Mette-Marit, las bodas de plata más tristes del matrimonio más arriesgado de la realeza europea

Con el rey sumido en un delicado estado de salud, el príncipe heredero asumiendo la regencia, su esposa reponiéndose de un trasplante de pulmón in extremis y el hijo de esta arrastrando una condena de cuatro años de cárcel, Haakon y Mette-Marit de Noruega alcanzan este 25 de agosto sus 25 años de casados. Lo que debió ser una brillante celebración institucional para recordar la gran boda real que abrió el siglo XXI se ha transformado en un amargo trance de pasillos de hospital, pulseras telemáticas y fantasmas del pasado.

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El presente de la Casa Real noruega roza la tragedia griega. A sus 89 años y coronado como el decano de la realeza europea, Harald V permanece desde hace más de una semana ingresado en el Rikshospitalet de Oslo. Lo que arrancó como una retención de líquidos derivada del tratamiento con cortisona para su anemia hemolítica desembocó en un serio empeoramiento tras sufrir una infección bacteriana en el torrente sanguíneo. Mientras el príncipe Haakon, de 53 años, acude a diario a las visitas médicas junto a la reina Sonia y sus hermanas, la jefatura del Estado recae nuevamente sobre sus hombros como regente.

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Pero el verdadero drama doméstico aguarda en casa. La princesa Mette-Marit todavía se recupera del trasplante pulmonar al que se sometió el pasado 17 de junio, medida extrema a la que se vio abocada por el agravamiento de la fibrosis pulmonar crónica que padece desde 2018. Aunque las imágenes tras la operación mostraron un alivio evidente y su desconexión de las máquinas de oxígeno que la acompañaban en todos sus desplazamientos, el equipo médico ha decretado un aislamiento casi total y un seguimiento riguroso durante seis meses para evitar rechazos o infecciones.

A este cuadro de fragilidad física se une el mayor escándalo mediático de la monarquía nórdica: Marius Borg Høiby, el primogénito que Mette-Marit aportó al matrimonio, fue condenado en junio a cuatro años de prisión por el Tribunal de Oslo tras ser hallado culpable de 34 delitos, entre ellos agresión sexual, violencia doméstica, amenazas y tráfico de drogas. El joven de 29 años ha evitado el calabozo gracias a un recurso de sus abogados que le permite cumplir arresto domiciliario provisional con pulsera telemática. ¿El lugar elegido? El mismísimo palacio de Skaugum, donde convive con su madre mientras esta se recupera.

De 'rebelde salvaje' a princesa

Para entender la dimensión de la crisis actual hay que viajar a agosto de 2001. El enlace celebrado en la catedral de Nuestro Salvador de Oslo puso patas arriba los manuales de la etiqueta cortesana europea. Haakon Magnus, heredero al trono, se había plantado ante su padre y ante el país para imponer su amor por Mette-Marit Tjessem Høiby, una joven plebeya, sin estudios superiores, camarera y madre soltera. Por si fuera poco, el padre biológico de su hijo Marius, Morten Borg, era un delincuente convicto por posesión de cocaína.

El rechazo inicial fue tajante. Los sectores más conservadores pusieron el grito en el cielo cuando la pareja decidió irse a vivir junta a un piso en Oslo 15 meses antes del enlace, provocando que la popularidad de la Corona cayera en picado hasta un histórico 58%. Consciente del abismo, a tres días de la ceremonia Mette-Marit ofreció una histórica rueda de prensa en la que rompió a llorar y pidió disculpas públicas por su pasado: "Mi rebelión juvenil fue mucho más fuerte que la de muchas otras jóvenes. Eso me llevó a vivir una vida bastante salvaje", confesó. La jugada, de una honestidad inédita en la realeza, le valió el apoyo incondicional del 70% de la población.

El 25 de agosto de 2001, ante más de 800 invitados –entre los que figuraban el príncipe Felipe, la reina Doña Sofía y una espectacular Eva Sannum que acompañó al heredero español en la cena de gala de la víspera–, la novia desfiló hacia el altar con un sobrio vestido en crepé de seda marfil diseñado por Ove Harder Finseth, inspirado en la reina Maud y acompañado por un atípico ramo que caía como una guirnalda de flores sobre su muñeca. Pero la imagen que dio la vuelta al mundo no fue el velo de seis metros ni la tiara de diamantes regalo de los reyes: fue la presencia del pequeño Marius, con tan solo cuatro años, ejerciendo de paje y compartiendo coche y balcón con los recién casados.

Dos mundos en una familia

A lo largo de este cuarto de siglo, el matrimonio no solo logró superar la tormenta inicial, sino que consolidó la dinastía dando la bienvenida a dos hijos en común: la princesa Ingrid Alexandra (nacida en 2004) y el príncipe Sverre Magnus (nacido en 2005). La llegada de Ingrid Alexandra supuso un hito histórico para la monarquía noruega, ya que la reforma constitucional que abolió la ley sálica la convirtió en la primera mujer con derecho de nacimiento a heredar el trono, estando destinada a ser la segunda reina regente en la historia del país.

Durante años, la familia proyectó una estampa de modernidad e integración impecables: Marius creció en Skaugum integrado como un hermano mayor por los príncipes, compartiendo vacaciones, posados oficiales y la vida cotidiana de Palacio sin distinción afectiva. Sin embargo, el contraste hoy no puede ser más desgarrador: mientras Ingrid Alexandra y Sverre Magnus representan el futuro institucional y preparado de la Corona, la deriva judicial de Marius empaña de golpe la imagen de unidad familiar por la que Haakon y Mette-Marit lucharon desde el primer día.

El 25º aniversario ha propiciado la apertura estival de las estancias del Palacio Real de Oslo, donde este verano se exhibe una gran recreación de aquel día: desde el icónico vestido ecru hasta la réplica exacta de la tarta nupcial y la vajilla del banquete de gala. Sin embargo, detrás de la puesta en escena para turistas, las luces del palacio revelan una realidad sombría. Veinticinco años después de que el obispo Gunnar Stålsett les recordara en el altar que "no habían elegido el camino más fácil", la pareja que desafió a la tradición europea afronta su tormenta más oscura. Con el trono vacilante por la enfermedad del monarca, la heredera en una frágil convalecencia y el niño que un día enamoró a Noruega convertido hoy en la mayor vergüenza de la Casa Real, Haakon y Mette-Marit posponen sine die la celebración de su 25 aniversario. Quizá el próximo acontecimiento sea su propia coronación.

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