Ceuta y Melilla | España

La historia de Aisha, una de las mujeres que cruzó la frontera de Ceuta con sus dos hijos: "Elegí España porque la ley defiende a los menores"

Bajo las lonas ajadas de los campamentos del Príncipe y Sidi Embarek hay historias que comenzaron mucho antes del 30 de julio. La de Aisha es una de ellas. Llegó a Ceuta con sus dos hijos tratando de dejar atrás una vida marcada por el maltrato y las amenazas de su marido en Marruecos. Se lanzó al mar buscando un futuro mejor para los tres y, sobre todo, la atención médica que necesita su hijo, que padece graves problemas de riñón. Durante más de una hora avanzó entre olas hasta alcanzar la orilla. Aisha nos ayuda a humanizar un debate que a menudo se reduce a cifras despojadas de rostro, nombre e historia.

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Ahora duerme junto a sus hijos en una tienda de campaña levantada por la ONG Luna Blanca para las mujeres que no consiguieron plaza en los campamentos. No pide demasiado: que no la separen de sus hijos, que su hija pueda estudiar y que su hijo pueda recibir el tratamiento que necesita. Después de cruzar el mar, ella sigue esperando encontrar tierra firme.

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P.- ¿Cómo era tu vida en Marruecos?

R.- Mi historia es difícil, mi vida allí era difícil. Sobre todo cuando me separé de mi marido. Tengo un niño y una niña pequeños. El niño tiene problemas de riñón muy graves que no he conseguido tratar en Marruecos. Por eso he venido y me he arriesgado: para buscar una vida mejor para mis hijos, pero sobre todo para que el niño pueda tener un diagnóstico y ser tratado por un médico en condiciones. Soy una buena persona y tengo miedo. El Estado (marroquí) no me ha dado ni una sola cosa.

Vine a España porque aquí hay leyes que protegen al menor y que no van a dejar a mi hijo a su suerte

P.- ¿A quién tenías en Marruecos?

R.- No tengo madre. Ella falleció. Mi padre no es muy mayor, pero no sé nada de él. Está haciendo su vida. Tengo dos hermanos; ellos también hacen su vida. Cuando me separé, me encontré sola y viviendo en la calle con mis hijos. Empecé a buscar trabajo, aunque mi mayor miedo fue siempre dejar solos a los niños. Cuando empecé a ver que había gente que estaba entrando en España, decidí intentarlo yo también. Quería buscar nuevas oportunidades en Ceuta. Cuando el padre de mis hijos dejó de mantenerlos y decidí no seguir con él en Marruecos, se lo comuniqué y lo hablé con él. Empezó a amenazarme, les decía a los niños: "No os vais a ir". Lo importante es que yo tenía que dejar el país con mis hijos sí o sí.

P.- ¿Viniste con ellos?

R.- Sí, vine con ellos. Antes de la entrada masiva, ya pensaba en cómo podía acceder a Ceuta o a cualquier sitio de la Península donde la vida fuese mejor. Estaba amenazada por mi exmarido. No me pasaba la manutención, me amenazaba y me pegaba. Tenía que salir de Marruecos como fuera.

P.- ¿Y por qué a España?

R.- En España se defiende al menor a través de sus leyes. Eso es lo que más me movió. En Marruecos, cuando vamos al médico nos dicen: "¿Tienes cobertura médica? ¿Tienes esto, tienes lo otro?... Solo con ello atenderemos a tu hijo". Estando mi hijo enfermo solo quería encontrar un lugar en el que él estuviese protegido. Sé que aquí nos van a ayudar: lo van a cuidar y lo van a tratar primero, sin mirar lo que tienes. Sé que aquí no le van a dejar a su suerte y por eso elegí España.

P.- ¿Has encontrado en Ceuta lo que esperabas?

R.- Ahora mismo mi situación aquí es difícil, pero no pierdo la fe y la esperanza de que esta situación vaya a cambiar, a pesar de que ahora me encuentro durmiendo aquí. Sé que la situación va a ser mejor para mis hijos y para mí. Sigo diciéndome que hay una solución. Sigo diciéndome que Dios no nos va a desamparar, y mantengo la fe en que esto es solo una etapa que pasará. Ya estamos aquí. Me están ayudando.

P.- ¿Cómo fue tu viaje?

R.- Fue una travesía muy dura. No apoyé los pies (no hacía pie). En varias ocasiones creí que perdería la vida. Yo sé nadar, así que metí a la niña en un flotador, mientras que el niño estaba sobre mi hombro. Llegó un momento en el que las fuerzas empezaron a fallar, pero entonces un joven que se había echado al mar junto a mí me ayudó. No recuerdo quien era ese joven. Lo hizo para que no me quedase atrás. Entramos todos en tropel.

Quiero que mi hija estudie y que a mi hijo lo pueda ver un médico

Recuerdo que tuve que adentrarme un poco más en el mar. Había tanta gente entrando a la vez que tenía miedo de no llegar y de acabar en el fondo del agua arrastrada por las personas que, como yo, intentaban cruzar. Por fin llegamos a la orilla. Si no hubiese sido por la ayuda de algunas personas que había en el mar conmigo, habría perdido la vida. Fue muy difícil. Llegamos de noche. Yo estaba por la zona de Castillejos. Estuve como tres cuartos de hora o una hora nadando.

P.- ¿Dónde estás ahora?

R.- Ahora estoy en Sidi Embarek, pero no en el campamento. La ONG ha habilitado unas tiendas de campaña para las personas que no hemos conseguido plaza en el que levantaron los vecinos del Principe o en Sidi Embarek. Pero me han dicho que pronto me podré desplazar a uno de los campamentos con mis hijos.

P.- Si mañana pudieses empezar la vida que quieres tener, ¿cómo sería?

R.- Yo solo quiero un lugar para mí y mis hijos, estar con ellos... Necesito estar con ellos, eso es fundamental, que no me separen de mis hijos. Que vivamos en paz y ver a mi hijo curarse. Y a mi hija estudiando. Este es mi deseo, vivir en paz.

Halima Hamed, educadora social y portavoz de Luna Blanca, sirvió de interprete para esta entrevista, que decidimos dejar en ese punto cuando la emoción de Aisha no permitió continuar.

Cuando le dijimos que era valiente, ella no contestó. Aisha no quiere reconocimiento, quiere vivir sin miedo y encontrar un tratamiento para su hijo. Quizá sea responsabilidad de todos conseguir que Aisha sepa lo que es vivir, por fin, sin miedo.

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