El ruido de figuras críticas de Vox y de los principales exdirigentes y fundadores, Iván Espinosa de los Monteros y Javier Ortega Smith, ha pasado del estruendo a principios de año, con una ofensiva directa a la cúpula de Santiago Abascal, a quedar completamente silenciado tras este verano. Algo que en las filas de Vox ven como una clara "desactivación" y celebran como algo positivo. No porque esa presión creyesen que les afectaba electoralmente, sino porque creen que el tiempo les da la razón y ha colocado a cada uno en su lugar después de una constante denuncia pública de malas prácticas que, con todo, centraba el foco informativo en cuestiones de la vida interna más que en las propuestas del partido y en su insistencia, por ejemplo, en el eje migratorio.

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Entre febrero y mayo transcurrió un periodo de cruce de acusaciones entre Espinosa y Ortega contra su exformación. Cuestionamiento del tirón electoral tras las aragonesas y especialmente las de Castilla y León, renuncia de los "principios fundacionales" del partido, o "falta de democracia interna" abrieron dos frentes que al mismo tiempo convergían.

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Por un lado, Espinosa, ya alineado como presidente del think tank Atenea, liberal y entre PP y Vox, se convirtió en el principal referente de una capa de críticos purgados, con diversidad ideológica, desde el ultraliberalismo hasta el estatismo. Coqueteó con la idea electoral, según cuentan fuentes de su entorno, pero aplazó esa senda en vista de las dificultades económicas o los rápidos cambios del contexto político, como el incremento de ese debate sobre inmigraciónque ahora con Ceuta agita a Vox. A principios de año, impulsó la recogida de firmas para obligar a Vox -si conseguían un 20% del apoyo de la militancia- a forzar la celebración de una asamblea extraordinaria que abordase un debate ideológico -sin mencionar el de liderazgo- y a la que Bambú se oponía tajantemente. Ese intento generó hasta choques directos en redes sociales con acusaciones personales e insultos.

Desde Vox se le tachó de ser un caballo de Troya del PP para acabar con un partido de dura presión, para contar con una especie de 'Sumar de derechas' con el que Feijóo podría vivir cómodamente. Pese a contar con el apoyo de otros críticos para ese objetivo refundacional, la recogida de firmas, aún activa, no cumplió las expectativas. La posibilidad de presentarse a las elecciones generales es una alternativa enfriada progresivamente. Durante este tiempo, fuentes próximas a Espinosa han llegado a trasladar a El Independiente que manejan encuestas que les dan 1,6 millones de votos. Recientemente, otras fuentes del entorno acotan a unos cinco escaños factibles de conseguir en las urnas, que creen que pueden ser decisivos para el centroderecha si el PP saca un buen resultado. Pero ese escenario por ahora no está sobre la mesa, con Vox superando los 60 escaños en los sondeos y un Feijóo que sigue dependiente de pactar con Abascal.

El presidente de la plataforma Atenea, Iván Espinosa de los Monteros.

En las últimas semanas, Espinosa viene reforzando los lazos de Atenea con el ámbito empresarial, con distintas reuniones y también queriendo influir con informes políticos sobre, por ejemplo, la gestión del Gobierno en Ceuta y la posterior crisis generada. El 13 de octubre Espinosa tiene agendado un almuerzo con empresarios de la Asociación de la Empresa Familiar de Madrid en el Club Financiero Génova en calidad de presidente de su laboratorio de ideas. Y la posibilidad de elecciones generales, como ocurre con Democracia 21, otra propuesta política de centro que busca hueco, no habría posibilidad de presentar una candidatura solvente que queme al candidato como ocurrió con Macarena Olona en 2023. Esa constante mirada de reojo a Vox, además, ha generado encontronazos internos en Atenea que han provocado la salida de algunos colaboradores como el ex de Ciudadanos y el PP, Fran Hervías.

Hay que destacar que, como ha podido saber este periódico, el PP ha seguido sondeando en los últimos meses a Espinosa para incorporarlo como independiente en listas, algo que ya se intentó con varias reuniones los meses después de su salida de Vox al inicio de la legislatura actual. Él de momento no quiere dar ese paso, aunque la sintonía con Génova es clara. Se muestran receptivos a propuestas económicas, como la del informe económico publicado en julio y redactado por el también exdiputado de Vox, Rubén Manso, también sondeado por los populares, denominado Soluciones para España. Un programa económico.

Este escenario reconforta a fuentes de Vox, que creen que el exportavoz parlamentario tarde o temprano acabará en las listas de Feijóo y confirmará las advertencias que se vienen haciendo desde hace meses, de que los intereses son de hacer desaparecer a Vox y fortalecer al PP. De hecho, dirigentes como José María Figaredo expresaron en marzo, ante las presiones de Espinosa, que "cada vez es más evidente quién está con Vox y quién con el PP", reclamando a él y a otros críticos dejar de dar "sermones". Otros, como el portavoz nacional, José Antonio Fúster, le instaron a "ocuparse de sus negocios" y dejarles en paz. En el despliegue de su entidad está centrado el exdiputado.

A la vez que sus reproches cogieron fuerza en febrero, abriendo la puerta a una ofensiva sólida, transcurrieron dos expulsiones significativas. Primero, la de José Ángel Antelo, ya expresidente de Vox Murcia y ahora parlamentario no adscrito en la Asamblea, quien agitó a los críticos de Murcia, generando otras salidas secundarias que caldearon el ambiente en las filas del partido. Desde el primer momento se adhirió a Espinosa y a la promoción de Atenea en la región. Pero, en segundo lugar, la expulsión de Ortega Smith del partido marcó la diferencia. Ambos abrieron una guerra judicial contra el partido para impugnar unas expulsiones motivadas, dijeron, por diferencias políticas o por temor a competencia de liderazgos emergentes, en el caso de Antelo, como había denunciado un año antes el exlíder castellano y leonés Juan García-Gallardo.

Ortega Smith, en el Grupo Mixto del Congreso

La expulsión de Ortega Smith, tras despojarle de cargos dentro del partido o de puestos de visibilidad en el Congreso, aconteció después de que este se negara a ceder la portavocía del grupo parlamentario en la asamblea municipal de Madrid. La grieta política le llevó a una demanda por vulneración de derechos fundamentales y solicitó medidas cautelares para paralizar su expulsión. No se aceptó. El recurso a la Agencia Española de Protección de Datos por la filtración a los medios de su expediente disciplinario fue archivado, y Vox desestimó el recurso interno a su expulsión. Finalmente, esta semana se ha hecho oficial la salida de Ortega Smith del grupo municipal junto a su mano derecha, Ignacio Ansaldo, y en julio el también diputado decidió pasar al Grupo Mixto del Congreso al quedar completamente relegado dentro de Vox.

El exconcejal de Vox en el Ayuntamiento de Madrid y diputado en el Congreso, Javier Ortega Smith

Al igual que el desplome de las expectativas políticas de Espinosa, en Vox ven que Ortega Smith apenas tendrá más recorrido que lo que reste de legislatura tanto en el Ayuntamiento de Madrid -hasta abril, siendo las elecciones a finales de mayo- como en el Congreso. Hay dos cuestiones que reconfortan dentro del partido. La primera es que, al quedarse el acta, "robarla" y no devolverla a Vox para que sigan contando con el escaño número 33, "como decidieron los españoles", Ortega refleja que tienen un interés personal de la política y no general, del bien común y por los españoles. Refuerzan esa idea en Vox considerando que los compañeros de viaje que ha elegido estos meses, pese a tomar distancia de ellos, deja a Ortega Smith en una posición complicada ante posibles votantes de querer dar un paso político autónomo. "No le pueden tomar en serio cuando ha acabado compartiendo la bancada con el BNG, Podemos o Compromís, con una extrema izquierda y nacionalista que quería combatir" al principio, le reprochan.

Pero si hay algo que le deja tocado, dicen, es la filtración de las conversaciones mantenidas con su exjefa de prensa, Alba Moreno, ahora nuevamente trabajadora de Bambú, en las que le reprochaba no estar interesada o pendiente del grupo municipal pese a que ella estaba disfrutando de su baja de maternidad. Un asunto ya conocido estos meses atrás, pero que con las conversaciones sobre la mesa agravan su imagen personal. Publicadas por El País el pasado lunes, recogen cómo el exdirigente le recriminaba que no hubiera hecho "ni una visita" a Cibeles. "¿Qué pasa, que cuando estás de baja no haces visitas?", le insistía. Por ese motivo, le anunció que no la renovaría en el cargo de responsable de comunicación, un puesto de libre designación. El asunto aconteció a finales de 2025, poco antes de esa expulsión definitiva, y ha trascendido íntegramente después de que el Supremo archivara la querella de la afectada al no ver delito contra la integridad moral, pese a unas palabras que sí califica de "desafortunadas e improcedentes" y una conducta "un tanto machista".

El alejamiento es tan amplio que este episodio y su publicitación ha hecho que la diputada Rocío de Meer escribiese en X, antes de una consecuente rectificación que: "Este señor es un hijo de puta y no está en Vox. Alba es una crack y una madraza y sí está en Vox".

Desorganización del resto de los críticos

A nivel general, los críticos se encuentran en una especie de 'vacío organizativo', sin objetivos claros después de apretar durante la primera mitad del año y querer repetir una nueva reunión como la de febrero de 2025 que acabó en la Declaración de Barajas, donde se pedía recuperar el partido. A principios de verano se planteó ese segundo encuentro en el Hotel Meliá Barajas, para el 20 de junio, como una cita donde incluso se podría hablar de construir una alternativa con figuras invitadas como Alejo Vidal-Quadras, primer presidente de Vox y ex del PP. Alentaban esa idea fuentes organizadoras en conversaciones con este periódico. El exmandatario, en todo caso, y tras una conversación con Espinosa, instó a los ex de Vox a aplazar el encuentro, aún sin fecha.

La ausencia de beligerancia se prolonga ya durante varios meses mientras que Vox sigue fuerte en los sondeos y los gobiernos de coalición tejidos en la primera mitad del año se mantienen estables. Solo un no cumplimiento de las expectativas podría movilizar nuevamente a una capa crítica de Vox a día de hoy muy dispersa que no ve margen de competencia contra Abascal. Y la comprobación puede estar más cerca que nunca con el posible adelanto de generales que medita Pedro Sánchez este fin de semana en Moncloa. Tanto Feijóo como Abascal afirman estar preparados para ir a las urnas.