El hasta ahora diputado de Vox, Javier Ortega Smith, expulsado hace meses del partido, deja definitivamente el grupo parlamentario de los de Santiago Abascal y pasa a formar parte del Grupo Mixto del Congreso. Así lo anunció el propio parlamentario a través de un escrito difundido este viernes en sus redes sociales. Ortega da el paso después de perder el recurso judicial contra Vox para suspender cautelarmente su baja de militancia obligada que denunció como injustificada, y una vez el fallo ha conllevado también su paso a concejal no adscrito en el Ayuntamiento de Madrid la semana pasada. El fundador y exdirigente queda oficialmente desvinculado por completo de la organización.
Con ese movimiento, dilatado desde principios de año, Vox queda mermado a 32 diputados. Ortega seguirá los pasos de Podemos, en diciembre de 2023, o de Àgueda Micó, de Compromís el año pasado –también de José Luis Ábalos, ya desvinculado del Congreso–. Será el sexto representante electo en las filas de una lista electoral que sale. Junto a los cuatro diputados morados, los representantes de UPN, CC y BNG, así como Micó, el Mixto pasa a tener nueve representantes. Vox no ha hecho ninguna valoración al respecto.
Con una carta de despedida, precisa la "dolorosa determinación" de salir del grupo, una de "las más duras" decisiones que ha tenido que tomar. Y pese a estar "profundamente decepcionado" con sus excompañeros, admite que siempre estará "vinculado emocionalmente a las gentes de Vox" por su trabajo desde 2014 para edificar el partido y el actual grupo. Pero para Ortega, es su expartido quien ha cambiado. "Sigo donde siempre y no he sido yo quien se ha movido". Por eso, cree que sus pasos serán replicados tarde o temprano por otras figuras que ahora siguen integrados en la formación, "motivados a partes iguales" por "las decisiones e indecisiones" de Abascal.
Afirma el diputado que sale con "un sentimiento de desgarro interior" porque pese a los intentos es consciente de que "no hay ninguna posibilidad de cambiar las cosas desde dentro". Señala que hay "una cúpula dirigente que ha traicionado nuestros valores e ideas" y que no se merece ni a Vox, ni su estructura, ni "sus abnegados militantes y su generosa y patriota base social". A Abascal le traslada: "Hoy ya no me reconozco en tu dirección del Grupo Parlamentario de este partido; y no me reconozco, precisamente, porque yo sí sigo creyendo en los mismos principios que inspiraron nuestros mejores días", insiste. "Con la conciencia tranquila tras haber topado con el muro infranqueable de la realidad interna de un partido que habéis acartonado; los congresos extraordinarios que no habéis querido convocar, las asambleas siempre bien controladas, y la implacable maquinaria del partido convirtiéndonos en ‘disidentes’ cuando los verdaderos disidentes de Vox sois vosotros. Hasta aquí hemos llegado, Presidente", finaliza.
Ve Ortega en esta carta el mismo sentido que la misiva que Abascal dirigió a Mariano Rajoy para trasladarle su baja del PP por el giro percibido. Aquella, recuerda, fue uno de los primeros pasos que se dio para el germen de Vox. "Adiós y buena suerte para España", termina. Ortega, con ello, deja en el aire su futuro político, en un momento en el que el resto de críticos, guiados por Alejo Vidal-Quadras, guardan cautela por el buen periodo electoral de Vox y aplazan cualquier anuncio de un nuevo partido. Sí recalca en el escrito la necesidad de buscar "el modo más adecuado y eficaz para hacer oír su voz en favor de España".
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