A finales del siglo XIX, en torno a la estación de ferrocarril de Haro, los vinicultores riojanos iniciaron una revolución. Al calor de esta explosión vinícola surgieron una serie de bodegas que ahora son un enclave histórico, un reflejo vivo de la cultura del vino de nuestro país. Y como tal, buscan abrirse al mundo.

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Seis bodegas componen el Barrio de la Estación, la mayor concentración de bodegas centenarias de todo el planeta. Gracias a la visión de sus primeros productores y la proximidad de Burdeos, este lugar ha sabido situarse como un referente del vino. Este saber centenario se abre paso al exterior bajo el lema "Tu mundo es el Barrio", con el que pretenden atraer a nuevos visitantes que ansíen asomarse a la esencia del vino riojano.

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En palabras de Alex de Aranzábal, presidente de la Asociación del Barrio de la Estación, sus bodegueros están "muy orgullosos" de que este pequeño rincón de La Rioja se haya convertido en destino turístico. "Creemos que estamos en la responsabilidad de darlo a conocer con todo el mundo", añade en conversación con El Independiente.

La primera conquista: Madrid

Como parte de esta estrategia las seis bodegas que forman el Barrio de la Estación –CVNE, Bodegas Gómez Cruzado, La Rioja Alta, Bodegas Bilbaínas-Viña Pomal, Muga y Bodegas RODA– han desembarcado recientemente en Madrid para dar a conocer su producto en la capital. Durante el evento, Aranzábal destacó que se trataba de una oportunidad para presentar este enclave "como un destino turístico de lujo".

Uno de los encargados de acercar los vinos del Barrio al paladar madrileño fue Iván Sánchez, sumiller del prestigioso restaurante Venta Moncalvillo. Mientras servía copas de tintos, blancos y rosados, el experto vinícola explicaba cómo cada bodega había escogido dos vinos referentes para ella. "Han querido transmitir su identidad, apuntaba Sánchez sobre una selección que muestra la diversidad de la zona, desde "bodegas más clásicas" hasta aquellas que buscan "un poquito más de estructura" o una "selección de viñedo un poco más marcado".

Gastronomía y el arte de ser anfitriones

No muy lejos de Iván se encontraba Carlos Echapresto, copropietario de Venta Moncalvillo, un restaurante "muy conocido" en la cultura del vino antiguo de La Rioja, según sus propias palabras. Como sumiller, destaca que el Barrio de la Estación no solo traslada botellas, sino una forma de vida: "Se presenta el disfrute, el tiempo, el relajo, el ocio, el disfrutar de una copa de vino en una bodega".

Pero el vino en La Rioja no se entiende sin su gastronomía. Echapresto recita los elementos propios de la cocina riojana, con una identidad fuertemente marcada por su geografía. "Las verduras de valle, las carnes de la sierra de Cameros, los pescados del Cantábrico que históricamente venían comercializándose con los vinos de Haro", enumera.

Entrada de la uva en las Bodegas Bilbaínas en el siglo pasado
Entrada de la uva en las Bodegas Bilbaínas en el siglo pasado

Sin embargo, a pesar de su prestigio, admite que La Rioja se enfrenta a una "gran desventaja" respecto al resto de España. "Es posiblemente la comunidad peor comunicada", señala Echapresto. Sin embargo, lejos de verlo como un impedimento insalvable, el sumiller argumenta que esto fomenta un turismo más pausado y libre, donde el visitante puede "coger el coche y perderse por carreteras secundarias", disfrutar de sus viñedos y su patrimonio cultural.

Además, cree que esta particularidad ha moldeado el carácter de sus habitantes de la región, influenciada por ser un "cruce de caminos", como el de Santiago, el del valle del Ebro o las cañadas reales que la unen con la meseta. "El riojano es anfitrión cuando está en casa y es embajador de su tierra cuando está fuera", sentencia con orgullo.

El enoturismo triunfa también entre el público joven

El esfuerzo por promocionar la región está dando sus frutos históricos. El Barrio de la Estación recibió el año pasado a más de 130.000 visitantes, y en lo que va de año registra un incremento superior al 10%, según su presidente. Una de las sorpresas más gratas es el cambio demográfico de los visitantes. "La media de edad también está bajando, cada vez viene más grupos de gente joven", revela Aranzábal.

Para el presidente de la asociación, el secreto de este auge radica en la sencillez y la diversión de la propuesta: "Empezar en una bodega con un vino y una tapa, poder pasear a la siguiente, participar en catas guiadas... Es un mundo muy atractivo, accesible, al que todo el mundo se puede animar", explica. Y, para animar a que los visitantes sigan llegando, cada dos años celebran a comienzos de verano "La Cata del Barrio", un evento de enoturismo que en este 2026 ha cumplido su sexta edición.

Y es que, aunque el enoturismo no es el motor principal en términos cuantitativos de negocio, sí funciona como un escaparate inigualable. "Esa gente que viene y cata nuestras bodegas, será la que la siguiente vez que vaya a un restaurante y vea uno de nuestros vinos en la carta, se anime a tomarlo porque ya lo ha conocido en el lugar en el que nació", asegura Aranzábal.

Naves de las bodegas Gómez Curado
Naves de las bodegas Gómez Curado

El desafío del cambio climático

Sin embargo, no todo son buenas noticias en Haro. La campaña de este año ha estado marcada por una precocidad sin precedentes. Carlos Echapresto califica este ejercicio como "totalmente atípico" y "el año más complejo de la vendimia de La Rioja que se recuerda, porque es la más temprana que se ha hecho en la historia".

Año tras año, el cambio climático está teniendo un fuerte impacto en el ciclo vital de la uva. A mediados de septiembre, más del 60% de la fruta ya estaba en las bodegas, lo que supone un adelanto de entre 20 y 25 días respecto a un año normal, según el sumiller.

Calado del siglo XIX de las Bodegas RODA
Calado del siglo XIX de las Bodegas RODA

Aun así, la aceleración de los tiempos no tiene por qué ser una mala noticia para el consumidor. "Va a ser un año de una cosecha corta, pero de mucha calidad", confirma Echapresto. Esto se debe a que la uva ha madurado con gran concentración y casi sin enfermedades debido a un año climatológicamente benévolo que requirió mínimos tratamientos fitosanitarios.

Nuevas realidades para nuevos tiempos

Esta realidad climática está obligando a una redefinición del trabajo en el campo y en la bodega. "Creo que esto viene para quedarse y al final tendremos que aprender a vendimiar en principios de septiembre", comenta con resignación el copropietario de Venta Moncalvillo.

También su sumiller coincide en que la adaptación debe ser integral. "Desde el viñedo ya empezarán a trabajar con menos extracción en el vino, buscando un poquito más de frescura", apunta Iván Sánchez. Una transición que afectará a todos los productores: "Tanto las zonas que eran de por sí más cálidas hasta las zonas frías que realmente aún no se han adaptado al clima más cálido".

A su vez, toda esta situación generará un cambio en las tendencias de consumo. Así, Sánchez apunta a un incremento en la demanda de "blancos y vinos un poco menos estructurados, pero más frescos".