Es el Bilbao industrial, financiero y rural. En aquellos años la Villa que pasó de los apenas 11.000 habitantes comenzó a convertirse en la gran ciudad que cruzó al otro lado de la Ría, del Nervión. La sucesión de pinturas refleja la vida cotidiana, el ocio y el negocio de burgueses y aldeanos. Lo hace en grandes murales que dibujan un retazo de su historia con colores intensos, con escenas del Bilbao de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Aquella ciudad poblada por personajes variopintos conformaba una sociedad viva tejida de referentes culturales de la época, de organismos exclusivos de la élite floreciente y de personajes que escribirían páginas ilustres en los libros de Historia.

Los episodios los pintaron hijos de comerciantes de la villa formados en París, cuyas obras más destacadas ha reunido ahora el Museo Guggenheim de Bilbao. Lo ha hecho en una muestra que inaugura este viernes y que será la primera de sus exposiciones en 2021: ‘Bilbao y la pintura’.

Se trata de una muestra compuesta por 28 cuadros y grandes murales que incluye fotografías de la vida en la capital vizcaína de hace más de un siglo. En ellas se vislumbra el arte de los jóvenes autores que residían en aquella aún pequeña Villa de las ‘siete calles’ que palpitaba con la ebullición de la industria, los astilleros y la siderurgia y crecía impulsada por el comercio y el retorno de ilustres funcionarios de la Corte, prometedores artistas e ‘indianos’ de vuelta tras hacer las Américas.

Agrupar las obras de Ignacio Zuloaga, Francisco Durrio, Anselmo Guinea, Aurelio Arteta o Adolfo Guiard, entre otros, no ha sido sencillo. Los préstamos proceden de algunas de las instituciones constituidas en aquella época y para las que sus responsables encargaron muchos de los murales exhibidos: la Sociedad Bilbaína, la Sociedad Filarmónica, el ‘Kurding Club’ o incluso el Athletic Club.

Paisaje económico y social

La exposición, que permanecerá abierta hasta el 29 de agosto, introduce al visitante en el Bilbao de la época a través de una selección de grandes fotografías de la vida en la ciudad y con imágenes de algunos de los hombres ilustres. En esta sala se incluye una reproducción de la Villa en el siglo XIX frente a la cual se ha dispuesto una imagen del Bilbao actual.

En la primera sala con obras de los pintores seleccionados se reúnen obras de Adolfo Guiard, Ignacio Zuloaga, Anselmo Guinea, Manuel Losada y José Arrúe. En ellas se ven distintas escenas del paisaje económico, social y urbano de la ciudad a finales del siglo XIX. Las obras de esta galería se centran en retratar a la burguesía del momento.

En la sala posterior los protagonistas son las escenas de mar y montaña, una muestra de los distintos códigos del mundo marino y el rural y que se plasma en el color, la linealidad y la proporción de barcos y caseríos. En el cambio de siglo el mar fue un tema recurrente. Un elemento cuyo color y energía como motor económico los artistas trabajaron con insistencia. Muestra de ello son las obras ‘El marino vasco Shanti Andia’, el ‘Temerario’, de Ramón Zubiaurre, o ‘Lírica y religión’, de Gustavo de Maeztu.

El campo tiene su espacio en ‘Bilbao y la pintura’ con obras de Iturrino como ‘Los garrochistas’, ‘Escena campera’ o ‘Fiesta en el campo’, ejemplo del postimpresionismo y de la pintura fauve que aprendió en su etapa parisina. En la sala también se exhiben ‘Tríptico de la Guerra’, de Aurelio Arteta, y ‘Tótem’, de Agustín Ibarrola.

‘Experimentar’ Bilbao

La tercera y última sala está dedicada a la visión etnográfica del folklore. Se trata de obras en las que sus autores se dedican a documentar la simbología del baile. Obras costumbristas como ‘Don Terencio y Chango’, de Manuel Losada, o ‘El Txistulari’. La recolecta de la manzana y la ‘Sagardantza’ –el baile de la manzana- también quedan reflejada en la obra de Jesús Olasagasti.

«Esta exposición no quiere documentar, sino experimentar ese Bilbao que pasa de Villa a gran ciudad a través de la pintura. Es una visión de la historia personal de esos artistas, que van a París a estudiar con 18 años y cuando regresan, aún jóvenes con 25, están haciendo esos grandes murales», ha explicado el comisario de la muestra, Kosme de Barañano. El visitante puede conocer, en palabras del comisario, «un Bilbao personal, pero existente, y que nos da una lección de solidaridad y de unidad, de remar juntos y de ensanchar la ciudad».

Para el director general del Museo Guggenheim Bilbao, Juan Ignacio Vidarte, la exposición «refleja muy bien el Bilbao heterogéneo del momento»: «Bilbao era un crisol, donde se aglutinaban partes de su ser más tradicional, incorporando los nuevos elementos en los que se estaba transformando, reinventándose y generando una imagen nueva».